El mundo expectante sobre Venezuela

Una vez más, el destino, cuyos designios son inevitables, según el poeta, nos pone a los nicaragüenses y venezolanos frente a una coyuntura histórica de proporciones inconmensurables. Porque, así como el 25 de febrero de 1990, nuestro pueblo se volcó a las urnas bajo el liderazgo de la UNO, llevando como candidata a la Presidencia de la República a doña Violeta Barrios de Chamorro, este próximo 28 de julio el pueblo venezolano concurrirá a las urnas bajo la dirección de la PUD, llevando como portaestandartes a los eximios ciudadanos Edmundo González Urrutia junto a María Corina Machado. Estamos seguros de que, si llegamos a ese día, si la UNO triunfó la PUD también triunfará.

Hay que ver que la economía de Venezuela es un verdadero desastre: de 3 millones 200 mil barriles de petróleo que producían diariamente antes que el chavismo asumiera el poder ahora apenas llega a 800 mil barriles diarios. Esto es insólito porque Venezuela es poseedora de uno de los más ricos yacimientos de petróleo a escala planetaria. La pensión de los jubilados ha bajado hasta la ridícula suma de 3 dólares mensuales, ¿podrá alguien comprar sus alimentos para sobrevivir con esa pensión? Han pisoteado todas las libertades públicas y violado sistemáticamente todos los derechos humanos. Durante la campaña electoral, muy al contrario de lo estipulado en los Acuerdos de Barbados, centenares de dirigentes opositores han sido encarcelados y torturados por orden del dictador Maduro.  Todo esto ha tenido como consecuencia que 7 millones de venezolanos hayan tenido que huir del país hacia el exterior, en busca de aires de libertad y mejores condiciones de vida.

Es realmente inconcebible que Venezuela, que a fines del siglo pasado ocupaba el segundo lugar en desarrollo humano en América Latina, hoy esté en los últimos lugares de acuerdo con las estadísticas de la ONU. Los apagones por falta de energía eléctrica cada día son más frecuentes en las principales ciudades del país, los hospitales carecen de lo más elemental como son las medicinas y ya no sorprende ver en los barrios de Caracas a ancianos revolviendo los recipientes de basura, para ver si encuentran algo que comer para sus hambrientos y cansados estómagos.

A como habrán notado mis lectores al principio de este artículo, refiriéndome a las elecciones del 28 de julio próximo, doy a conocer mis temores al decir “si llegamos a ese día” porque varios amigos venezolanos me han manifestado la incertidumbre que priva en muchos de ellos sobre la realización de dichos comicios. Aducen que las multitudinarias manifestaciones que han protagonizado los líderes de la oposición bajo el lema: “Con Edmundo y María Corina hasta el final” ha producido desconcierto en las filas del chavismo y frente a la inminencia de perderlo todo es factible que se decidan a última hora a suspender las elecciones. Advierten que dada la perversidad de los chavistas y de lo mucho que tienen que perder es posible que se atrevan a desafiar el repudio mundial al que estarían expuestos, antes que respetar la voluntad mayoritaria expresada en las urnas por el pueblo venezolano.

No nos olvidemos que tanto el dictador Maduro como el sátrapa de Diosdado Cabello han expresado públicamente que “ni por las buenas ni por las malas entregarán el poder”. Es entonces cuando uno se pregunta: ¿Si los chavistas optan por suspender las elecciones o por realizar un monstruoso fraude electoral, que harán la OEA, la ONU, la UE y demás organizaciones internacionales? Esperamos que a como acostumbran, no se limiten a dar simples declaraciones de condena, porque frente a la opinión pública mundial aparecerían como cómplices de semejante barbarie que afrentaría a la dignidad humana.

Lo que hay que hacer: para comenzar, todas las naciones democráticas, que son la mayoría, deberían romper relaciones diplomáticas con el régimen chavista, huérfanos de legitimidad, para que al quedar casi en completo aislamiento sirva como muestra de lo que le puede suceder en el futuro, a los que pretendan burlar la voluntad de los pueblos dignos de la más elevada consideración y de un mejor destino. Hechos y no solo palabras, es el clamor mundial que ya resuena en favor del noble pueblo venezolano.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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