Los políticos en ocasiones actúan crticando lo que bien hicieron otros. Es así como criticaron acremente a Tünnermann y Lesther Alemán, quienes frontalmente acusaron a Daniel Ortega en la mesa del Diálogo Nacional el 16 de mayo 2018, a ellos incluso se les acusó de haber desaprovechado el momento.
Pero la realidad es que cada herramienta está capacitada para efectuar o resolver determinada operación. En vista de ello, no se le puede criticar a Voltaire y Rousseau por solo haber sido los filósofos que calificaron el problema y describieron los derechos del hombre, ideas que despertaron en la población francesa la comprensión de la calamidad en que la monarquía absoluta los tenía sometidos.
La siguiente herramienta, propia para actuar en esa oportunidad fue Robespierre, quien desafortunadamente maleó posteriormente la revolución al convertirse en dictador, estableciendo el régimen del terror y hacer ejecutar bajo la guillotina incluso a jacobinos, miembros de su facción.
La historia se repite, Daniel, actual Robespierre, ha destruido la independencia de los poderes que caracterizan la democracia de un gobierno, bajo su régimen se han incoado juicios espurios, asesinatos de jóvenes y reos en prisión, expulsó a las monjitas de Madre Teresa, desterró y retiró la nacionalidad a opositores y recientemente factualmete ha puesto en incomunicación y casa por cárcel a su mismo hermano.
Implosión fue el carácter como se efectuó la revolución francesa, donde fuerzas internas actuaron sin apoyo del exterior para derrocar al régimen antiguo que les oprimía. En Nicaragua las condiciones están dadas para que un movimiento restaurador permita el regreso a la democracia; pero hace falta la chispa que detone la pólvora, o sea la siguiente herramienta: el líder, quien disponiendo de los apropiados valores y suficiente valor, despierte a la población para reclamar sus derechos, que por ley constitucional le corresponden. Al respecto, habrá que disponer del mayor raciocinio para aceptar al líder idóneo, olvidándonos de patrimonios, compadrazgos y caras bonitas; dado que en el pasado, aquel que no había colaborado en la elaboración de la cena terminó devorando incluso el postre. Tirando al traste lo mejor que pudiera haber sido el gobierno de doña Violeta.
Para esperar resultados libertadores debemos concientizarnos del estado en que se encuentra la poblacion al interno de Nicaragua. Su fe y determinismo se encuentran coaptados en forma similar a la experimentada por la esposa vejada y ultrajada a manos de su marido machista violador. Ella no actúa porque le teme y considera inteligente, todopoderoso. Por tanto, es lógico considerar lo espantoso que sería residir en cualquiera de los centros reclusorios del dictador. Ante esta realidad debemos calzar las sandalias de los nicaragüenses residentes dentro de la jaula de hierro impuesta por el dictador. Y así comprender por qué continúan soportando los atropellos y confiscaciones del régimen opresor.
Tomando en consideración las circuntancias de opresión en que se encuentra el pueblo que vive en Nicaragua, es objetivo saber distinguir que una implosión en términos ortodoxos requeriría de mucho tiempo para ser posible. En vista de ello, hay que pensar más bien en términos de una implosión híbrida, para que el proceso pueda ser llevado a efecto satisfactoriamente.
Si se acepta válido el planteamiento anteriormente expuesto y se desea alcanzar resultados democráticos positivos, resulta trascendente evaluar la implementación de los siguientes estamentos: a) Máxima comunicación entre la diáspora y los residentes en Nicaragua; b) Evaluación y apreciación real de la situación económica en Nicaragua; c) Soporte económico-doctrinal que se debe y es posible suministrar a la población enjaulada decidida a colaborar; d) Disponibilidad de informantes que suministren los datos requeridos, para llevar a efecto el cambio; e) Apoyo de países amigos (Argentina, Canadá, Estados Unidos, Europa, Israel…) dispuestos a colaborar en el momento de efectuar el cambio; f) Formación de gobierno en el exilio, ello es indispensable al comparecer ante gobiernos amigos cuando se solicite ayuda, así como emitir decretos negando respaldo a compromisos contraídos por el gobierno de Ortega.
Si realmente deseamos la liberación de Nicaragua, debemos olvidarnos de intereses partidarios y personales. Este es el momento para unirnos en un solo bloque monolítico, la historia bien nos lo recuerda, así fue como se logró en 1990 liberarnos del grupo opresor arbitrariamente autollamado sandinista.
El autor es economista y abogado.