Una cosa estaba clara: Juan Carlos Urbina podía batear. Desde muy joven lo había probado. Su defensa hacía cruzar los dedos tanto en la tercera base como en los jardines, pero el tipo sabía manejar el bate. Ahora, lo de los jonrones llegó después, tanto así que en ninguna de sus primeras cinco temporadas disparó siquiera a cinco cuadrangulares.
Sin embargo, este domingo Urbina celebró su aterrizaje en la pista de los 200 jonrones, un club reducido a cuatro artilleros antes de su ingreso. Juan Carlos, después de devolver una curva a Wilder Rayo del Matagalpa y mandarla de línea sobre la cerca del jardín izquierdo, aseguró su lugar en la historia y todavía quiere más, ha asegurado.
“Estoy feliz, agradecido con Dios por esta oportunidad de llegar a 200 jonrones, pero a la vez me gustaría llegar a 1,000 empujadas”, le dijo Urbina a Agustín Cedeño. Por ahora, el pequeño cañonero tiene 925 impulsadas, así que busca 75 más para unirse a otro grupo élite en la historia de los torneos del beisbol local, establecidos en 1970.
Por el momento, Urbina se ha unido a Ernesto López (319), Próspero González (260), Ariel Delgado (235) y Ramón Padilla (213), como los únicos artilleros pinoleros que han cruzado la barrera de los 200 estacazos. Jugadores como Justo Rivas (196), Nemesio Porras (183) y Norman Cardoze (183), quedaron cerca, pero no lo consiguieron.
“Aquí hay 21 años de trabajo”, señaló Urbina, quien utiliza un bate número 34 y jamás ha usado guanteletas. “Ni siquiera al gimnasio he ido. Lo mío ha sido natural, una bendición de Dios”, asegura el artillero de 44 años, quien confesó que se siente con mucha energía y un muy buen ánimo para continuar. “Mientras pueda batear, sigo”.
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Urbina debutó bateando .309 en 2004 con Granada y disparó cuatro jonrones. Luego dio tres, tres y cuatro en sus siguientes tres torneos respectivamente. Incluso, en 2008 bajó a uno con el Bóer y quedó fuera del equipo, pero se soltó en 2010 con 12 jugando para Las Segovias y cinco más con Jinotega, a donde llegó como refuerzo.
En 2016 dio un salto estelar al terminar con promedio de .366, 19 jonrones y 112 carreras empujadas. Ahí se unió a Ernesto López (116 y 117), Nemesio Porras (111) y Juan Cabrera (100), los únicos nicas con temporadas de 100 remolques. Así que verlo penetrar entre las élites del beisbol nacional, no es un asunto nuevo para Juan Carlos.
No obstante, su mejor temporada en términos de eficiencia ofensiva llegó en 2020 cuando ya tenía 40 años. Bateó .405, con 20 jonrones y 54 empujadas. Lo curioso, es que todo eso lo hizo en 35 juegos. ¿Qué le parece? Es decir, llevaba un ritmo para terminar con más de 60 en una temporada normal, pero se antepuso la pandemia del Covid19.
Su dificultad defensiva es una hendidura en su perfil. Limitó sus oportunidades para jugar en la Selección Nacional, pero cuando se haga el recuento de los grandes artilleros locales, con mayor o menor pompa, se tendrá que hablar de Urbina, un cañonero al natural que ha dejado su nombre bien establecido entre los más grandes del país.
En 2020 disparó un jonrón cada seis turnos, dejando atrás la marca de un tablazo cada ocho chances que había impuesto Ernesto López en 1978 con Granada como la mejor frecuencia jonronera en el beisbol nacional. Ha sido Jugador Más Valioso en dos ocasiones (2012 y 2020) y ahora ha llegado a 200 tablazos, pero amenaza con seguir tronando.