
El Monstruo
Mauricio Silva Rodríguez es un asesino en serie estadounidense, hijo de una nicaragüense, Myrne Rodríguez, y un mexicano, David Silva. Ha pasado en prisión 44 de sus 64 años de vida. Conocido como el Monstruo, se halla en la cárcel de San Quintín, California, Estados Unidos, siempre a la espera de la ejecución de la pena de muerte.
Sus padres se conocieron en Estados Unidos y se casaron en 1956. Tuvieron dos hijos: David y Mauricio, el menor, nacido el 25 de octubre de 1959, con paladar hendido y el gigantismo que heredó de su madre.
La vida de los niños no fue fácil, pero solo Mauricio se convirtió en asesino serial. Cuando sus padres se divorciaron en 1961, los hermanos fueron enviados a casa de la abuela paterna, en México, donde sufrieron abandono y hambre. Mauricio se metió a una pandilla infantil, inhaló pegamento, comió basura y fue víctima de abuso sexual. Vivió en más de cinco hogares de acogida en México y Estados Unidos.
A su padre lo asesinaron en Alaska en 1968 y su madre murió en un accidente de tránsito en 1972, cuando Mauricio tenía 13 años. Seis años después cometería su primer crimen.
En 1978 mató a Troy Allison Crovella, de 16 años, propinándole más de nueve balazos. Pero Mauricio alegó que su víctima le había disparado primero y lo condenaron por homicidio involuntario. Salió con libertad condicional el 7 de mayo de 1984.
11 días después mató a Walter Sanders, de 16 años y fugitivo de la ley. Pretendían ser socios en un crimen, pero cuando Sanders pidió probar el disparo de escopeta de Mauricio, este le dio cinco tiros en cara, cabeza, pecho, espalda y recto.
Su siguiente víctima fue Monique Michelle Hilton, también de 16 años, asesinada el 25 de ese mayo. Mauricio la acogió cuando la adolescente pasaba hambre, pero luego se convenció de que ella le estaba ocultando dinero y le disparó cuatro veces en un camino de tierra, en el norte del condado de Los Ángeles.
Tres días después asesinó a su media hermana, Martha Kitzler, de 17 años, de quien abusó sexualmente. La estranguló con sus propias manos, para luego apuñalarla y cortarle la garganta. Martha era el fruto de la segunda relación de la madre de Mauricio, quien supuestamente la mató porque ella lo corrió de la casa y le dijo que “había desperdiciado” su vida.

El Psicópata
De 1986 a 1996 un asesino en serie conocido como el Psicópata sembró el terror en Costa Rica, haciendo de las suyas en un radio de 15 kilómetros. Los cadáveres de parejas baleadas y mujeres horriblemente mutiladas se multiplicaban mientras la Policía perseguía rastros equivocados y la Fiscalía acusaba a delincuentes comunes.
Nunca se capturó al autor de los crímenes, pero según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) el principal sospechoso fue un nicaragüense asesinado en 1998, de quien apenas se tiene un retrato hablado: Juan José Urbina Urbina.
El arma utilizada por el Psicópata era una subametralladora M-3, calibre 45. Su sello: un tiro en la nuca de sus víctimas. Su blanco preferido: las mujeres y las parejas que se escondían en la soledad de los cafetales.
Entre los 19 asesinatos que se le atribuyen, destaca la masacre de Alajuelita, el único caso donde habrían participado más de dos personas y el primero adjudicado al Psicópata. El domingo 6 de abril de 1986, durante una peregrinación religiosa a La Cruz de Alajuelita, siete mujeres fueron asesinadas. Seis de ellas eran menores de edad. En los siguientes casos siguieron apareciendo casquillos WRA 54 y WRA 42, como los utilizados en estos crímenes.
Entre diciembre de 1986, ocho meses después de la masacre de Alajuelita, y octubre de 1996, el asesino cobró la vida de cinco parejas. Pero se ensañaba especialmente con las mujeres, contra quienes descargaba “toda su furia”, en palabras del periodista Ronald Moya, quien realizó para el diario La Nación la mayor cobertura del Psicópata.
En 1998, dos años después del último crimen del Psicópata, el OIJ encontró una verdadera pista. Entre las víctimas sepultadas por otro asesino en serie, el costarricense conocido como Matanicas, se encontraron los restos de Urbina Urbina, quien cumplía “a cabalidad” con el perfil creado a lo largo de una década.
“Un exguerrillero de la Contra nicaragüense, que trabajó en la Policía Metropolitana de San José y fue asesinado hace cuatro años, tiene altas probabilidades de haber sido el Psicópata que mató a 19 personas entre 1986 y 1996”, informó Moya en 2002. “Su infancia transcurrió en Nicaragua y a los 12 años fue sacado de su casa por el ejército somocista para participar en diversas actividades, lo que le dejó una gran experiencia de tipo militar. Se le conocía como un francotirador preciso”.
Según la Policía tica, el odio de Urbina Urbina hacia las mujeres provenía de los maltratos de su madre en su niñez y de las decepciones amorosas que le dieron dos mujeres con las que convivió a inicios de los ochenta. A Costa Rica, dijeron, ingresó por primera vez en 1979.
Según el informe, de 1983 a 1984, Urbina Urbina trabajó en la Policía Metropolitana de Costa Rica (ahora extinta) en el patrullaje nocturno de Curridabat, Patarrá y San Antonio de Desamparados, sitios donde años más tarde se cometieron la mayoría de los asesinatos.
Además, era propietario de dos taxis y guardaba uno en un garaje ubicado en Patarrá de Desamparados, a un centenar de metros del sitio donde fueron asesinados, en octubre de 1996, Mauricio Cordero López, de 24 años, e Ileana Álvarez Blandón, de 23. Las últimas víctimas del Psicópata.
Entre otras cosas, el OIJ encontró entre sus pertenencias balas calibre 45 y un cuchillo similar al que el asesino utilizaba para destrozar los órganos genitales de las mujeres. Por otro lado, al estudiar los movimientos migratorios de Urbina Urbina entre 1982 y 1997, se comprobó que casualmente salía de Costa Rica hacia Nicaragua horas después de cada crimen.
Debido a que el único sospechoso ya estaba muerto, nunca fue posible comprobar nada. Sin embargo, en 2015 Gerardo Láscarez, antiguo subdirector del OIJ, afirmó a la revista Magazine que había de 80 a 90 por ciento de posibilidades de que Urbina Urbina fuera “el sujeto que cometió los crímenes”.
A la fecha persisten rumores de que el verdadero asesino en serie no era un nicaragüense, sino un pariente del tres veces presidente de Costa Rica, José Figueres Ferrer, lo que según la gente explicaría por qué el criminal nunca fue atrapado. Lo cierto es que las víctimas del Psicópata jamás recibieron justicia y el caso naufragó entre mitos y medias verdades.

Cuatro muertes
Lo detuvieron por un crimen, pero terminó confesando tres asesinatos más. Los medios nacionales que informaron sobre el caso de Henry Javier Molina García, entonces de 31 años, lo calificaron como un asesino serial.
El crimen por el que fue capturado lo cometió el 13 de febrero de 2022 contra su cuñada, una adolescente de 16 años que estaba embarazada, de quien abusó sexualmente para luego estrangularla con un mecate y colgarla de una viga, simulando un suicidio. Cuando la Policía llegó a la comunidad de Umbila, a 45 kilómetros de Rosita, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, parientes de la adolescente informaron que tres miembros de esa misma familia habían desaparecido meses antes.
Las víctimas eran parientes de Eloísa Blandón, con quien Molina tenía una relación de 11 años. Los primeros en desaparecer, en septiembre de 2021, fueron Petrona Blandón (hermana de Eloísa) y su hijo de 12 años. Un mes después la hija de Eloísa también se esfumó.
“Él me dijo que mi hermana se había ido con el niño en un camión, tratamos de conectarla, pero nunca supimos de ella. Luego cuando se perdió mi hija, él dijo que ella se había ido con su novio. No sospechamos de él porque tenía cuatro años de estar en la religión”, relató Eloísa en marzo de 2022 a La Primerísima.
El 26 de febrero de 2022, tras dos semanas de interrogatorios, Molina regresó a la comunidad, escoltado por policías y médicos forenses. Ahí en Umbila señaló los lugares donde había escondido los cuerpos de sus víctimas. En una letrina estaban Petrona y su niño, y a pocos metros se hallaba enterrada la hija de Eloísa.
El 26 de abril de 2022 el criminal recibió cadena perpetua por el asesinato agravado cometido contra su cuñada.

El Oso
Aunque no cumple con el perfil de asesino serial, ha cometido una horrible serie de crímenes. Ronny Danilo López González, alias el Oso, es un nicaragüense líder de una organización criminal dedicada al narcotráfico que ejercía en Herradura, Pacífico central de Costa Rica.
En enero de 2024 fue detenido junto con su banda y hoy está bajo investigación. Sobre él pesan varias sospechas de homicidio, incluido el asesinato del policía costarricense Bryan Rivera Oviedo, de 28 años, además de robo de propiedades, asaltos y muchos delitos más.
El Oso, de 37 años, deberá cumplir seis meses en prisión preventiva, mientras las autoridades investigan el crimen del policía Rivera Oviedo, asesinado a tiros cuando atendía al llamado de emergencia por una supuesta balacera. Pero también se le atribuye el asesinato de un hombre y su familia completa en una ciudad llamada Orotina.
La mano criminal del Oso ha seguido cobrando víctimas incluso con él en prisión. El pasado 27 de enero la Policía encontró dos cuerpos en el sector de Bijagual, en Garabito, provincia de Puntarenas. Se trataba de Francisco Alfonso Mejía Díaz, conocido como Chayanne, y su pareja Daniela Menéndez Monge.
Chayanne era la “mano derecha” del Oso en su grupo criminal y, según un reportaje de la revista Magazine, hay dos razones por las que pudo ser asesinado: pasaba información a las autoridades o estaba a punto de abandonar la banda.
Según medios costarricenses, la Policía presume que el día que mataron a Rivera Oviedo, el grupo del Oso se encontraba torturando a Chayanne para que confesara. Esto habría sucedido en presencia del hijo del Oso, que tiene 14 años y ya está iniciándose en el mundo del crimen.