Me duele ver a María,
una paisana en la calle West Flagler
se dirige rumbo a La Pequeña Habana,
donde es su precaria morada,
aún no termina su jornada, lleva una carga muy pesada, el día aún no se ha acabado
el sol todavía le golpea fuerte en la cara
cansada y muchas tareas le esperan en su traila
su ropa desaliñada, su piel descuidada,
restos de la pintura en la que ella trabaja aún se notan en parte de su cara
me duele el alma al verla tan agotada,
su mirada es apagada, su piel está marchita por las largas jornadas, y los efectos de una evidente vida muy mal alimentada.
¿Qué tal te va, María?
«Me duele la espalda y los pies se me inflaman»
Su expresión me deja claro lo duro que es su jornada.
«Lo hago por mis hijos y mi casita allá en Nicaragua»,
me contesta con voz entrecortada.
El llanto lo esconde apartando su cara,
se mira las manos, ya no parecen las de una dama,
trabaja dieciséis horas al día,
hacer su comida, atender al marido, ir a dejar a su hijo, hacer el mercado,
para después ir al trabajo, que de verdad está muy mal pagado.
Una larga jornada para una mujer en una ciudad que es despiadada,
la desesperación se nota en su mirada,
«la paga no alcanza, la renta no aguanta», me replica, la Nica María.
¿Y tu marido?
“¡Ja! Mi marido, ese solo vive en las barras
de La Pequeña Habana,
malgasta el dinero de lo poco que gana,
ahogando las penas que acumuló en la semana”.
Sonríe y me cuenta: «El sábado enviaré trescientos dólares que he ganado con toda mi alma,
para alimentar a mis hijos que dejé en Nicaragua».
Le ofrezco una pastilla que le calme el dolor de su espalda,
la acepta con ansias, pues la carga no aguanta,
la toma en seguida con un trago de agua
entre su risa y el llanto, me cuenta lo difícil que es luchar cada día,
cuando lejos de tu tierra, no hay quien te regale siquiera una pastilla.
Pobrecita, la Nica María,
su sueño americano se ha vuelto una pesadilla
es una fantasía que vive a plena luz del día,
por una utopía que está en Nicaragua,
que no la verá,
si su vida sigue ese ritmo por muchos largos días.
Pobre la Nica María, de verdad que es muy difícil su vida
y es la realidad que viven cada día, miles de paisanos
tras un sueño americano que se nos lleva lentamente lo que nos queda de vida.
El autor es poeta nicaragüense residenciado en Miami