Por primera vez en diez años sale a la luz el supuesto nombre del cabecilla de una red de falsificadores de manuscritos de Rubén Darío. Ilustración: ABC Cultural.

Identifican red de supuestos falsificadores de manuscritos de Rubén Darío

El medio ABC Cultural, de España, publicó una investigación donde señala a un arquitecto que ganó más de 200 mil dólares a través de la venta de supuestos manuscritos de Darío a dos prestigiosas universidades de EE. UU.

Una investigación de la revista ABC Cultural, del diario ABC de España, reveló cómo una red de falsificadores en Nicaragua estafó a la Universidad de Arizona y a Harvard, en Estados Unidos, con la venta de 900 manuscritos falsificados del poeta nicaragüense Rubén Darío.

Aunque el caso empezó a sonar desde 2012, hasta ahora surgen los primeros nombres de esa red, dirigida supuestamente por Raúl Gerardo Bermúdez Balladares, un arquitecto nicaragüense de 45 años que «carga sobre sus hombros» uno de los engaños más grandes de la historia literaria hispanoamericana, según lo describen en el medio.

Bermúdez Balladares vendió a la Universidad de Arizona un lote de 900 manuscritos de Darío en 2012 que, supuestamente, incluía documentos de la etapa diplomática del poeta, cartas al expresidente José Santos Zelaya, trescientos folios de su obra poética con transcripciones de poemas supuestamente firmados y numerados, incluyendo una versión en inglés del poema Sonatina y unas polémicas cartas íntimas de Darío al poeta mexicano Amado Nervo.

Retrato de Rubén Darío del artista plástico Julio Martínez. Archivo

Según las investigaciones del medio español, Bermúdez Balladares vendió el lote de manuscritos por un monto mayor a los 200 mil dólares, puesto que un año antes de ser adquiridos por la universidad estuvieron en la casa de subastas «El Remate de Madrid» con un precio de 130 mil euros.

La investigación revela que Bermúdez Balladares se presentó como nieto del doctor Alejandro Bermúdez Núñez, quien fue secretario de Darío y le ofreció a la subasta sacar los documentos. Luego de lograrlo, llevó los documentos a la Universidad de Arizona. Sin embargo, era nieto del hermano del secretario del poeta.

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En los documentos a los que tuvo acceso ABC en Español destacan 842 folios en que hay una nota al final de Bermúdez en la que señala que hay compras de tres instituciones académicas de renombre. En efecto, Bermúdez también vendió manuscritos falsos a la Universidad de Harvard.

Plataforma de libros en EE. UU. posiblemente usada para fraudes

Según la investigación, José María Martínez, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad Rey Juan Carlos, reveló 12 años después de lo sucedido, que tuvo acercamientos con el estafador en el pasado.

Bermúdez le ofreció unos manuscritos de Darío en 275 mil dólares, pero la Universidad de Texas, donde trabajaba el profesor Martínez, solo contaba con 5 mil dólares. Para intentar la venta, el presunto estafador aseguró que tenía un legado familiar y que realizó otras ventas por medio de «un librero acreditado radicado en California» a instituciones académicas.

Esta plataforma es «Libros Latinos», de Alfonso Vijil, que pudo haber sido utilizada como puente para realizar otras ventas, señala el medio.

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Sin embargo, la venta se realizó a la Universidad de Arizona cuando entró en escena el catedrático José María Martínez, asesor en estas adquisiciones y quien en un principio defendió la autenticidad de los escritos a través de tres artículos. Años después se retractó.

Manuscritos tenían peritaje

El profesor Martínez aseguró a ABC Cultural que los falsificadores contaban con un peritaje profesional. No obstante, asegura que el dictamen puede estar justificado si solo se fijaron en papel y tinta, pero que el error recae en haber pasado por alto la caligrafía y la misma biografía de Darío.

Además, refirió que una de las razones principales por las que el peritaje está erróneo es porque los peritos desconocían la biografía de Darío y que todos tenían el mismo tipo de letra uniforme, sin variaciones, como si «se hubieran hecho con una misma plantilla».

Raúl Gerardo Balladares, falsificador de documentos de Rubén Darío. Foto: Tomada de ABC Cultural.

Es decir, había muchas incongruencias entre los manuscritos y la biografía de Darío. Una de las primeras alertas fue la versión en inglés de Sonatina. Luego de las investigaciones se logró constatar que se trataba de una versión de Colin Holcombe, un traductor profesional que no estuvo en contacto con los falsificadores y que realizó la traducción del poema en el año 2000. Darío nunca tradujo su propio poema.

Además, en las supuestas cartas de Darío a Amado Nervo —donde se pone en duda la heterosexualidad del poeta nicaragüense—, reproducen varias líneas del capítulo titulado Parsifal y Ganímides, de la biografía de Darío que publicó Blas Matamoros en 2002.

Y así, las investigaciones posteriores encontraron líneas copiadas de obras sobre Darío que fueron publicadas mucho tiempo después de su muerte.

Bermúdez «está tranquilo» en Nicaragua

La investigación de ABC Cultural cita a la profesora Rocío Pérez, de la Universidad Complutense de Madrid, quien asegura que Bermúdez Balladares «está tranquilo» en Nicaragua, disfrutando el dinero que logró recaudar con las estafas.

La revista conversó con una de las primas del falsificador y dio parte de la responsabilidad a los académicos que adquirieron el material.

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«Si usted compra un material que consta de mil páginas que se considera que son auténticas, como comprador debería contratar a un experto y mandar a analizar el material. Cuando una persona del mundo académico se encuentra ante semejante material, corre el riesgo de dejarse llevar por el descubrimiento», dijo una de las primas, nieta del que sí fue secretario de Darío.

Académicos en Nicaragua negaron autenticidad de escritos

En la publicación, el historiador, estudioso de la vida de Darío y ahora afín a la dictadura orteguista, Jorge Eduardo Arellano, respondió a una consulta por correo a ABC Cultural, asegurando que su versión no «puede enviarla completamente», pero que «quienes conocen la obra de Darío consideran un disparate dudar de su heterosexualidad erótica».

Arellano en el pasado había expresado que los manuscritos no eran originales, sino transcripciones o copias.

El escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, a través de un artículo de opinión publicado en LA PRENSA el 22 de noviembre de 2012, titulado El sencillo arte de dejarse engañar, cuestionó la autenticidad de las cartas de Darío a Amado Nervo.

Jorge Eduardo Arellano, estudioso de la vida de Darío. Foto: LA PRENSA

«Estas cartas no han sido encontradas en el archivo de Nervo, el destinatario, sino en el del remitente, lo que quiere decir que Darío, más descuidado aún, sacó copia de ellas, y temerario, las guardó, él, el más tímido de los mortales, para que la posteridad supiera de su condición de homosexual», cuestionó Ramírez.

Además, ya había adelantado a la Universidad de Arizona que necesitaban indagar más sobre la obra de Darío antes de comprar el lote de manuscritos falsos.

«Los expertos que seguramente contrató la Universidad de Arizona, antes de resolverse a la compra del tesoro apócrifo, solo necesitaban consultar las Poesías Completas de Darío, reunidas por Alfonso Méndez Plancarte y publicadas en sucesivas ediciones por Aguilar en Madrid, y donde Remember se haya incluido en Iniciación melódica: vaso de miel y mirra. Pero ni siquiera tenían que ir a bucear este poemita allí; aunque primerizo, es muy popular, y aparece transcrito literalmente, imitado, o plagiado, en colecciones de versos de amor y manuales escolares de escritura, y puesto en prosa y deformado en libros tipo ‘secretario de los amantes’. Y para mayor vergüenza de esos expertos, abundantemente reproducido ¡en internet!», refirió el escritor en ese momento.

Nacionales falsificadores Rubén Darío archivo

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