Hasta finales de 2023, los hombres nicaragüenses minimizábamos los certámenes de belleza porque los asociábamos con debilidad o con la feminidad. Dábamos prioridades al futbol, boxeo y beisbol por ser deportes «rudos». No obstante, en noviembre pasado vimos a hombres gritar, saltar, llorar… después de que María Menounos dijera: “The new Miss Universe is… ¡Nicaragua!” El país se volvió loco.
Teníamos años de no ver alegre a nuestro pueblo. En las calles celebraban con bombos y platillos la coronación de la primera Miss Universo de Centroamérica. En 200 años de historia como país, los únicos nicaragüenses que se habían dado el lujo de paralizar Nicaragua cuando volvían de resolver sus asuntos en el extranjero, eran Darío y Argüello.
Pero, ¿qué hace especial a Palacios? ¿Por qué se volvió un fenómeno social no solo en Nicaragua sino también en Latinoamérica? Más allá de ser la primera centroamericana en ganar Miss Universo, es interesante plantear cómo una joven desconocida hasta hace unos meses logró construir una empatía que conectara con todo mundo. Entramos a Facebook, Tik Tok e Instagram y ahí está. Es la persona más famosa que ha parido Nicaragua hasta el día de hoy… incluso, por encima del mismo Darío.
Su popularidad es tan inmensa que fue considerada por la revista Idol Royalty como “una de las diez personalidades públicas más influyentes del mundo”. Asimismo, fue catalogada como “una de las 50 mujeres más influyentes en América Latina” por Bloomberg Línea. Si Darío llevó la bandera de Nicaragua por toda América y Europa, Sheynnis la llevó más allá. Hemos visto nuestro azul y blanco en Cambodia, Laos, Tailandia, etc.
En nuestro país, Sheynnis ha sido la única que ha logrado romper las diferencias políticas, religiosas, culturales y hasta económicas existentes en la Nicaragua fragmentada de la actualidad. Pero, ¿cómo es posible que una sociedad que enraíza un machismo prominente y belicoso y cuyas glorias en su mayoría son hombres, se vanaglorie de tener una reina?
Bueno, esto se debe a la «similaridad» de patrones culturales y sociales compartidos entre Palacios y la gran mayoría de nicas. En palabras simples, la similaridad es la semejanza, parecido o analogía existente entre las personas. Estas similitudes pueden ser: lengua, etnia, cultura, historia, fenotipo, sexo, tipo de trabajo, edad… aspectos de suma importancia para mantener cohesionada a una sociedad. Por ejemplo:
1) Sheynnis es hija de madre soltera. En Nicaragua nacer o crecer con un padre al lado es una cuestión de suerte. Según una encuesta de la Fundación Internacional para el Desafío Económico (2017), el 75.75 % de las mujeres jefas de hogar se encuentran solas, ya sea por separación, divorcio, viudez o soltería. Sus hijos nacen y crecen en hogares monoparentales y —ante la ausencia de la figura paterna— son criados por tías, abuelas, hermanos mayores o vecinos. Tal es el caso de Sheynnis, quien nació en un hogar monoparental, bajo el amparo de su familia materna.
2) “La mamá luchona». Es un término empleado para «ridiculizar» a las madres solteras que sacan adelante a sus hijos ante la ausencia de un hombre. Muchas veces, estas mujeres trabajan hasta 16 horas al día para suplir las necesidades alimenticias de sus vástagos. La mamá de Sheynnis es una de esas tantas mujeres latinas que representan el empoderamiento y la reserva moral de nuestras sociedades.
3) La mamá migrante. No es un secreto que el salario mínimo de Nicaragua es el más bajo de América Latina. No alcanza ni para comprar la mitad de la canasta básica. Cuando ese salario no suple para comer, estas mamás solteras ven como válvula de escape el migrar a otros países en busca de una mejor vida. En Nicaragua el salario mínimo es de 150 dólares, 3 veces menos de lo que cuesta la canasta básica (500 dólares).
Según organismos internacionales, solamente en los últimos 5 años han migrado más de 200,000 nicaragüenses, sin embargo, la totalidad de migrantes nicaragüenses cuatriplica esa cantidad, tanto así que el documento digital “Las Remesas a Latinoamérica y el Caribe en 2023” afirma que Nicaragua cerró ese año con unos 5 billones de dólares en remesas. Incluso, hay periodistas que aducen que casi el 70 por ciento de los hogares nicaragüenses dependen de las remesas.
4) Su fe religiosa. Según un artículo publicado por el Diario LA PRENSA, en 2022, más del 85 por ciento de la población nicaragüense profesa la religión cristiana. Palacios en sus entrevistas siempre menciona a Dios, e incluso cuando ganó el Miss Universo susurró: «Es tuya (la gloria)». Ser ateo en Nicaragua puede crear cierto repudio, ya que el origen de nuestra sociedad es el cristianismo. Los cimientos morales de nuestra sociedad se basan en la religión.
5) Vendía buñuelos. El comercio es sin dudas una de las actividades primarias de los nicaragüenses. Una encuesta realizada en 2021 por la CID-Gallup reveló que con la pandemia, un 44 por ciento de los hogares nicaragüenses emprendieron algún negocio. Y es que, en algún momento de nuestras vidas todos los nicaragüenses hemos vendido algo para salir adelante: nacatamales, tajadas con queso, frutas, verduras, ropa, etc.
Según datos de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social en Nicaragua, 6 de cada 10 nicaragüenses trabajan de manera informal (datos del 2021). El sector informal representa el 70 por ciento de la economía del país, y gran parte de esa informalidad corresponde al comercio.
6) Apropiación de nuestra lengua. Pese a ser bilingüe, Palacios decide responder todas sus preguntas en español por 2 razones, salvo algunas excepciones:
a) Al ser su lengua materna, puede desenvolverse mejor.
b) Si nació en un país hispano y el evento se realizó en un país hispano, ¿por qué responder en inglés? La musicalidad, la armonía, el tono, el ritmo, la riqueza léxica e incluso, la manera de plantear situaciones y sentimientos, nunca será igual en inglés que en español. Hay una conexión cultural entre el emisor (Sheynnis) y el receptor (la audiencia) a través de su misma lengua, que se perdería al momento de la traducción.
7) La pobreza extrema. Nicaragua es desde hace más de 3 décadas el segundo país más pobre de América Latina. Más del 52 por ciento de la población vive en pobreza general. Según un estudio realizado por el Inide en este año, previo al Censo de Población y Vivienda anunciado para el 2024, el 62 por ciento de los jefes de familias que habitan en extrema pobreza son mujeres y un 37.7 son hombres. Es decir, la gran mayoría de los hogares más pobres de Nicaragua son liderados por mujeres. Sheynnis perteneció a ese alto porcentaje de familia pobre que “hacía de tripas corazón” para sobrevivir.
8) Nació en el seno popular. Estoy plenamente convencido de que si Sheynnis se apellidara Pellas, Coen, Zamora, Ortega, Alemán, Lacayo, Chamorro… no tendría la misma aceptación que tiene en la actualidad, ya que las masas comúnmente no conciben a los «ricachones» como parte de ellos —en Nicaragua a los ricos se les sataniza—. Además, se le restaría mérito a su corona, ya que una persona rica puede fácilmente pagarse un buen gym, un entrenador, un nutricionista, buenas universidades, escuela de modelajes, etc. En cambio, ella sin tener un apellido rimbombante y sin pertenecer a la aristocracia nicaragüense, logró demostrar que el talento, el carisma, la empatía, la humildad y la actitud no se compran con dinero.
Aunque no nació en la alta sociedad y careció del apoyo de un padre; fue hija de madre soltera y vendió buñuelos para ayudar a su mamá, aquella cipota flaca, morenita, de sonrisa tímida y de facciones pinoleras se graduó de Comunicación Social en una de las mejores universidades de Nicaragua. Aprendió un segundo idioma. Practicó sus pasarelas una y otra vez. Ganó Miss Teen. Luego siguió Miss Nicaragua y con osadía llegó solo a traer la primera corona de Miss Universo para Nicaragua. Es decir, es un símbolo de la perseverancia nicaragüense.
¡Qué ingenuos fuimos los nicas al no analizar que en todo “Palacios” hay una reina y su apellido lo auguraba. Ya teníamos al príncipe, solo nos faltaba la reina. Pero, esta reina no es de las élites, es la “Reina del pueblo”.
El autor es filólogo.