Pese al dolor provocado por el exilio y la separación de sus familiares, la nicaragüense Melissa Guerrero, de 27 años, logró dar continuidad a un emprendimiento de cervezas artesanales a base de agua y miel fermentada, o mejor conocidas como “hidromiel”, que vio la luz en Nicaragua.
La hidromiel es una bebida a base de miel y agua potable, fermentada por medio de levaduras vínicas. Es, quizás, una de las más antiguas formas de fermentación.
“La idea se me ocurrió antes de la pandemia porque antes me había gustado el hidromiel leyendo libros de fantasía y mitología. Un día, decidí probarla con un tío y mi abuelo materno. Luego mi familia me dio la idea de venderla a otras personas”, contó Guerrero a LA PRENSA.
Guerrero añadió que la elaboración de las “cervezas” lleva un proceso de fermentación de alrededor de dos meses.
“Se puede dejar más tiempo, pero es más nivel de alcohol. Con los dos meses tiene más del 9% de alcohol”, refirió.
El producto está disponible para pedir a través de su cuenta en Instagram y en el establecimiento comercial Natural House Fusion Artesanal, en San Pedro de Montes de Oca, en San José, capital de Costa Rica.
De la comunicación al emprendimiento
Guerrero se graduó de la carrera de comunicación en la Universidad Centroamericana (UCA), confiscada por el régimen orteguista en agosto de 2023. Luego de buscar oportunidades en su profesión y no encontrarlas debido a la crisis sociopolítica, retomó la idea del emprendimiento a finales de 2019.

Poco tiempo después de iniciar su emprendimiento, fue contratada para laborar en la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), la última organización de esta materia que quedaba en Nicaragua y que fue descabezada por el régimen orteguista el 20 de abril de 2022.
“Comencé a ir a ferias de emprendedores en Nicaragua, pero no vendí tanto. Fue, más que todo, para darme a conocer, pero la gente no me compraba tanto. Cuando llegué a Costa Rica sí vendí bastante”, relató Guerrero.
El exilio por persecución
Guerrero expresó que mientras colaboró en la CPDH, sufrió acoso y vigilancia por parte de la Policía orteguista.
“Desde que estaba en la universidad, no compartía cosas que hace el Gobierno. Cuando estaba en la CPDH llegué a vivir acoso de un vigilante que cuidaba una propiedad al lado de la CPDH y de la Policía. Por eso tuve que salir del país”, relató.
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El exilio tocó sus puertas a finales de 2021 e inicios de 2022. Primeramente viajó a El Salvador, país en el que intentó retomar su emprendimiento, pero asegura que iniciar en el país cuscatleco es muy difícil “aun para los mismos salvadoreños”.
De esta forma, decidió viajar a Costa Rica, país en el que siguió colaborando para medios de comunicación nicaragüenses y decidió retomar su emprendimiento. Pero su llegada al país vecino del sur iba de la mano con una mala noticia.

“Cuando me fui a El Salvador fue porque la cultura es más parecida a la de Nicaragua. A Costa Rica ya había venido de vacaciones, por lo que el cambio no fue tan brusco. Pero en ese proceso de exilio, mi hermanito se murió en Nicaragua, por lo que prácticamente llegué de duelo a Costa Rica”, aseveró, añadiendo que lo que más extraña es su familia y la comida.
Renacer en el exilio
Guerrero se contactó con la Red de Mujeres Pinoleras, de la que forma parte.
“Cuando vine a Costa Rica, le escribí a la Red de Mujeres Pinoleras para entrar y fue hasta hace poco que una señora que se iba del país me recomendó y desde noviembre formo parte de la red. Aunque no es donde está mi nicho principal, vendo varias botellas en cada feria”, aseguró.
Además, cuando llegó a Costa Rica retomó el emprendimiento y asegura que ha conseguido más ventas que en Nicaragua.

Foto: Cortesía
“Ahora estoy produciendo cerca de 50 botellas al mes. Voy produciendo en diferentes fechas”, relató.
Pero el inicio no fue fácil, sobre todo por el temor a retomar el emprendimiento en un país del que desconocía su marco jurídico.
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“Al principio sí me daba mucho temor porque muchos me decían que vender cervezas artesanales no era legal. Luego me sentí más relajada porque sé que si hago los procedimientos poco a poco, puedo irme legalizando para venderlas”, aseveró.
Añadió que “tengo mucho que agradecerle a los ticos, porque ha sido mejor mercado que en Nicaragua e incluso dicen que el precio de mi cerveza es más barato que la cerveza artesanal local”.
Guerrero recomendó a los migrantes que deseen emprender en Costa Rica que estudien el mercado y descubran qué servicios o bienes se pueden ofrecer.
“Hay que buscar bien lo que se puede vender en Costa Rica, porque en un tiempo estuve vendiendo bisutería y de eso ya hay bastante competencia. Es necesario buscar un producto que se pueda vender”, recomendó.