El patriotismo de doña Coquito

Corría el martes 20 de febrero del 2024. Estaba escribiendo sobre el absurdo diferendo entre los dos bandos más conocidos del exilio opositor nicaragüense: Monteverde en Costa Rica y Sumemos en Miami (USA) cuando un compatriota, profundamente consternado me llamó para contarme que Doña Coquito, “la abuelita vandálica”, acababa de morir en el Hospital Fernando Vélez Paiz de Managua. ¡No lo puedo creer! Fue lo primero que se me ocurrió decir, porque el amigo con quien hablaba sabía que yo también era un gran admirador de esa humilde señora que, con un balde de agua helada, en las polvorientas y tórridas calles de Managua se ganaba la vida cotidianamente. Y realmente no lo podía creer, porque es propio de los seres humanos que cuando admiramos a una persona, no se nos ocurre pensar que esta pueda desaparecer en cualquier momento, que es inmortal, y que vamos a disfrutar de su presencia hasta saecula saeculorum.

Doña Coquito, como cariñosamente la llamaba nuestro pueblo, tenía 84 años cuando falleció y su verdadero nombre era Miriam del Socorro Matus. Su fama se extendió dentro y fuera de Nicaragua, cuando en las protestas de abril del 2018 con un balde lleno de agua helada en una mano y con un vaso plástico en la otra, se dedicó a repartir el vital líquido tanto a los jóvenes universitarios como a las señoras que posteriormente fueron conocidas como las Madres de Abril, que estaban participando activamente en las protestas del pueblo nicaragüense.

Esa agua era lo que le daba el sustento diario a doña Coquito, y el día que comenzó su acción patriótica, apenas había vendido 16 córdobas. Sin embargo, no le importó la perspectiva de pasar hambre y regaló el reconfortante líquido a todo aquel que tenía la avidez de consumirlo para calmar su sed. Al verla en un video repartiendo su agua me quedé pensando: bienaventurados serán los que dan lo que les sobra, pero más bienaventurados serán los que dan lo que les hace falta.

Era hipertensa, diabética y tenía problemas con su corazón. ¡Cómo no los habría de tener! No obstante, nunca faltó a las manifestaciones y protestas demostrando que su patriotismo era tan elevado, que estaba más allá de sus dolencias físicas y espirituales, características de las personas de su edad. Le encantaba marchar tras su bandera azul y blanco, y cuando le recordaban sus problemas de salud, decía: “A mí la marcha me da valor”. Es muy posible que se inspirara en las palabras del profeta Isaías que solía decir: “Los que esperan en el Señor renuevan las fuerzas, remontan el vuelo como las águilas, corren y no se fatigan, andan y no se cansan”.

El látigo cruel e inhumano de la dictadura de los Ortega-Murillo no respetó las canas ni el andar pausado de doña Coquito, por lo que en septiembre del 2018 fue a parar con sus huesos cansados a una de las tantas cárceles para mujeres que hoy proliferan en Nicaragua. Al lograr su libertad, por la presión popular, marchó por veredas en el 2019 hacia Costa Rica, donde permaneció 3 meses añorando siempre a su patria querida.

Hago esta semblanza de doña Coquito porque considero que cuando se escriba la historia, de este desgraciado momento que estamos pasando los nicaragüenses, bajo la férula oprobiosa de la dictadura de los Ortega-Murillo, ella debe de figurar en primer plano junto a los otros héroes y mártires que consagraron sus vidas por un futuro mejor para el conglomerado nacional. Ella sufrió pobreza, incomprensiones hasta dentro de su familia, cárcel, exilio y se nos fue de este mundo sin alcanzar a ver la tierra prometida que tantas veces vislumbró en sus sueños pletóricos de amor por Nicaragua.

Doña Coquito pasó a la inmortalidad después de una prolongada estadía en el hospital ya mencionado, nimbada de gloria en su humildad y rodeada por el cariño imperecedero de la gran mayoría de los nicaragüenses, que nunca la vamos a olvidar. Que descanse en paz doña Coquito, son mis mejores deseos y la promesa inquebrantable de seguir luchando hasta que los sueños de doña Coquito se vuelvan una tangible realidad en beneficio de todos los nicaragüenses.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    ¿Como no podías creer que esta señora había fallecido? Tenía 84 años. Ya era su hora. Despues de la edad de 65 años, cada día que vivís en este mundo es un hecho extraordinario porque ya estás más para allá que para acá.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí