Patitas de pollo y cerdo empacadas al vacío listas solo para calentar y consumirlas, especias que regularmente no se observan en Nicaragua, una variedad de sopas ramen, dulces de frutos rojos y otros que solo se cultivan en Asia es una muestra de lo que los nicaragüenses se encuentran en los establecimientos que los empresarios chinos han empezado a abrir en el país.
El impacto al entrar a estos establecimientos es inmediato, ya sea por la inmensidad de sus edificaciones o por los exuberantes productos que ofrecen.
En Managua, un nuevo supermercado llamado “La Familia” se inauguró en la semana del amor y la amistad. Es un establecimiento de capital chino, ubicado en las cercanías de Funeraria Monte de los Olivos, que cuenta con más de mil productos importados desde Asia.
“Hay muchas empresas fuertes que están viniendo acá, que están haciendo proyectos. La relación que ha tenido Nicaragua con China es bastante buena, nosotros queremos venir a invertir”, dijo uno de los propietarios del supermercado a un medio de propaganda oficialista.

Adentrarse en los pasillos de este supermercado es una experiencia extraña. Comprar lo desconocido es una opción, preguntar qué es lo que lleva la envoltura y cómo se prepara es la otra.
Es difícil descifrar lo que dicen los empaques, están en escritura china y en uno que otro, en letra pequeña una traducción en inglés.

Los nicaragüenses que entran al lugar observan, huelen y tocan los productos para saber qué llevarse a la casa, o ponerlo nuevamente en el estante.
A lo lejos de un pasillo se observan unas curiosas pezuñas de pollo cubiertas por un líquido espeso amarillo que supone ser una salsa, que con solo calentarse por un par de minutos estará lista para consumirse, por 150 córdobas.
La misma sensación da al ver patas de cerdo en salsa roja, o unas cuantas cabezas de pollo.
En el local se observa a cuatro extranjeros con características asiáticas, hablan entre sí en su idioma y, como la escritura de los empaques de sus productos, los compradores nicaragüenses no logran entenderles.
Tres nacionales los acompañan, asisten a clientes con una previa enseñanza que sus dueños les dieron para atender a los visitantes.
En su arduo intento de hablar español, uno de los asiáticos en la caja les pregunta a los compradores que si saben cómo se prepara una de las comidas empacadas que llevan; si el comprador dice sí, le factura, cobra y atiende al siguiente, pero si dice desconocer el procedimiento en una clase de un minuto el vendedor explica el proceso de preparación.

Gran vigilancia
Los compradores son vigilados por más de una docena de cámaras, la inseguridad en el país al parecer ha hecho redoblar la seguridad de los establecimientos.
«La Familia» se siente como una sede diplomática con vigilancia por todos lados.

Los precios varían. Dulces desde 40 córdobas, frutos deshidratados en 50, sopas ramen desde 30. Pero la variedad es amplia: salsas chinas y picantes, especias para saborizar las comidas, cervezas multicolores y otras bebidas.
Por los pasillos los compradores se preguntan entre sí si saben de comida china. “Ando viendo”, dicen unos. “Esto está raro”, dicen otros.
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En la sección de artículos decorativos, un arreglo encapsulado de una rosa artificial con un oso de peluche pareciera ser ideal para llevar de regalo. El cartel de precio dice “C$500”, para quien llega por primera vez a un lugar como este le podría parecer “barato”, pero para quien visita constantemente el mercado Oriental sabe que lo puede encontrar en 300 córdobas.