Preso político

Sergio Beteta. LAPRENSA/CORTESÍA

El muchacho de la bandera: la audaz acción de Sergio Beteta

Retó a la dictadura en un momento que nadie se atrevía a hacerlo. Eso lo llevó a prisión y a sufrir golpizas, malos tratos, atentados por parte de otros reos y posteriormente, el destierro. Sergio Beteta nos cuenta las razones por las cuales decidió protestar sabiendo que sería detenido.

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Días antes de quemar una bandera rojinegra y protestar con una azul y blanco en el centro de Managua, Sergio Beteta dejó de comer. Empezó a prepararse física y mentalmente porque sabía que lo menos que podía pasarle después de ejecutar su plan, era ser detenido. Acertó en su predicción.

“Empecé a dejar de comer, a dormir en el piso y a hacer ejercicios. Empecé a prepararme”, relata Beteta tres años y un mes después de aquella acción que lo llevó a ser encarcelado por dos años y posteriormente desterrado hacia Estados Unidos y desnacionalizado.

“Yo quería demostrarle a la dictadura que las calles seguían siendo del pueblo y que la gente siguiera demandando la liberta de los presos políticos”, explica Beteta como las principales razones que lo motivaron a llevar a cabo la protesta que le costó cárcel y destierro.

Sergio Beteta hizo una protesta exprés en 2020, por lo cual fue encarcelado. ARCHIVO

Protesta

Fue el 21 de diciembre de 2020. Era lunes, y Beteta sabía que todos los lunes los policías que vigilaban la zona de Radio Ya, Universidad Centroamericana (UCA, ahora Casimiro Sotelo) y semáforos de Enel, se retiraban a las siete de la mañana y los del siguiente turno se tardaban más minutos de lo normal en llegar. Esto lo supo porque vivía cerca de la UCA y por varias semanas estuvo haciendo su propia vigilancia para encontrar el momento oportuno de hacer su protesta.

Ese día salió temprano del apartamento que rentaba y en su mochila llevaba una bandera del Frente Sandinista, otra de Nicaragua, un casco de bicicleta, una botellita de gas que compró en una pulpería, un encendedor y mucho valor, porque había que tenerlo en esos días en que la Policía ya controlaba todos los movimientos de los ciudadanos y el que se atreviera a protestar, sabía que sería encarcelado.

Sabiendo lo que podía pasarle, Beteta llegó a la parada de buses de la UCA poco antes de las siete de la mañana. Entró a los baños públicos y ahí se puso el casco de bicicleta, se tapó la cara con un trapo negro, chorreó con gas la bandera del Frente Sandinista y con encendedor en mano, se alistó para salir corriendo hacia la línea amarilla de la calle, no sin antes dar un suspiro: “Aquí voy”.

Se aseguró que no hubiera policías y al llegar a la línea amarilla prendió fuego a la bandera rojinegra y mientras esta ardía en llamas, Beteta levantaba con sus dos manos la de Nicaragua. “Libertad para los presos políticos”, “Viva Nicaragua Libre”, repetía entre los vehículos que iban y venían. Algunos le pitaban en apoyo y otros le gritaban “golpista”.

Entre esos vehículos, apareció un motorizado con chaqueta negra de cuero, pantalón azulón y zapatos de vestir. Sin quitarse el casco empezó a grabar con su celular. “Yo pensé que era un paramilitar que me llegaba a grabar y que me iba a golpear, pero después vi que era un periodista”, relata Beteta.

Se trataba del reportero Noel Pérez, que en ese momento trabajaba para la plataforma Artículo 66 y oportunamente pasó por el lugar cuando Beteta sacó la bandera de Nicaragua. Pérez empezó a transmitir en vivo y ese es el único video que existe sobre la protesta que hizo el joven ese día.

–Libertad para los presos políticos. Libertad para Nicaragua. Unidad es lo que queremos – dijo Beteta en la transmisión

–¿Tenés temor a la represión? – preguntó el periodista.

–No tengo temor. Arriba la UNAN.

A los pocos segundos llegaron varias motocicletas con policías. Beteta forcejeó con los agentes y le arrebataron la bandera azul y blanco, mientras otro agente se acercó al periodista y dijo: “Apague ese teléfono o se mete a problemas”. Ahí se acabó la transmisión y se perdió la pista del joven que había protestado en el corazón de una capital controlada por la dictadura.

Sergio Beteta siendo detenido por la Policía. ARCHIVO

Beteta cuenta que después de que lo golpearon en la calle, lo montaron en la tina de una patrulla y lo siguieron golpeando. Uno de los agentes le puso su escopeta en la boca y la rodilla en la garganta. “Te voy a matar”, lo amenazó.

San Judas

Sergio José Beteta Carrillo tiene 33 años. Es originario del barrio San Judas, en Managua y en su juventud jugó varios deportes, pero el que más le gustaba era el baloncesto. Estudió en el Colegio Bautista, pero tras la muerte de su padre, cuando él tenía 15 años, tuvo que empezar a trabajar para ayudarle a su madre y sus hermanos, así que dejó los estudios.

Consiguió trabajo como promotor en una oenegé, y varios meses después fue seleccionado por esa organización para hacer un curso de producción, cámara y edición en Estados Unidos. El curso duró unos seis meses y al regresar a Nicaragua se dedicó a la producción audiovisual.

En 2009 comenzó a trabajar en Canal 2 y luego estuvo en el área de animación de Canal 6 hasta que consiguió empleo en una productora audiovisual. Para 2014, Beteta decidió migrar a Costa Rica en busca de mejores oportunidades laborales y en 2016 regresó nuevamente a Nicaragua.

Sergio Beteta en sus inicios en la producción audiovisual. CORTESÍA

Empezó a trabajar en una empresa “ligada al gobierno” y de la cual él prefiere no brindar el nombre, sin embargo, con el estallido de la crisis política de abril 2018, Beteta asegura que renunció a esa empresa y comenzó a participar activamente en las protestas hasta que se atrincheró en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN Managua).

Después de que paramilitares desalojaran a los jóvenes atrincherados en la UNAN, entre el 13 y 14 de julio de 2018, Beteta comenta que se dedicó a coordinarlos para que permanecieran en casas de seguridad y no fueran detenidos, sin embargo, al poco tiempo, la Policía fue ubicando esas casas y apresando a los exatrincherados, de manera que Beteta decidió salir al exilio.

Llegó a Costa Rica en agosto de 2018 y pudo encontrar trabajo en producción audiovisual, pero en abril de 2020, cuando la pandemia empezaba a azotar la región, perdió su trabajo y no tuvo más remedio que regresar a Nicaragua y permanecer en la clandestinidad, sin embargo, cuenta que desde entonces ya tenía la idea de hacer una protesta exprés, algo que despertara a la población y que reflejara el clamor popular de ese momento que era la libertad de los presos políticos.

Sergio Beteta en los tranques de la UNAN. ARCHIVO

Una vez instalado en Managua nuevamente, Beteta se dedicó a planificar su protesta. Nadie de sus amigos ni familiares podía saber lo que haría porque tratarían de detenerlo. Lo primero que definió fue el lugar y decidió que sería al frente de la UCA. “¿Cuántas marchas no se hicieron ahí? ¿Cuántas personas cayeron en esa zona protestando? Hacerla ahí era la manera de decirle a la dictadura que las calles seguían siendo del pueblo”, comenta.

Decidido el lugar, lo siguiente era encontrar el momento exacto. Como alquilaba un apartamento cerca de la UCA, pudo estudiar los movimientos de los policías que vigilaban la zona mezclándose entre las personas que frecuentaban la parada. “La idea era que me diera tiempo de prenderle fuego a la bandera y que se quemara, porque apenas me miraran prendiéndole fuego me iban a caer”, explica.

Hasta que llegó la fecha escogida: el 21 de diciembre de 2020, en vísperas de Navidad. “Para que se acordaran de los presos políticos en esas fechas”.

“Me llamo Sergio Beteta”

En la tina de la patrulla en que lo iban golpeando, Beteta fue llevado a El Chipote. Ahí fue recibido por el comisionado Justo Pastor Urbina, que en ese entonces era jefe de la DOEP y tras la golpiza que le dio, lo desnudaron y empezaron a interrogarlo.

–Te voy a enseñar lo mierda que sos – le dijo Urbina.

Las palabras del jefe policial, relata Beteta, fueron seguidas por tres golpes en el abdomen y el pecho que le sacaron el aire.

–No te imaginas la cagada que acabas de hacer – siguió Urbina.

Beteta inicialmente les dio un nombre diferente a los policías, con la intención de despistarlos y que estos no llegaran a la casa de su familia. “Les di el nombre de un amigo que falleció y que me lo reservo por respeto a él”, cuenta.

Como los policías no encontraban nada con el nombre que les dio, la golpiza continuó hasta que finalmente les dijo: “Me llamo Sergio Beteta”. Con ese nombre los policías si encontraron información, como que había trabajado en Canal 6, además de empresas allegadas al Estado y que tanto él como su familia, habían sido sandinistas.

Sergio Beteta mientras estaba encarcelado en La Modelo. ARCHIVO

La Policía lo acusó en enero de 2021 de tráfico de drogas y dijo que en su mochila llevaba seis paquetes de marihuana y un revolver. “Las libras de marihuana que me ponen salen con una cinta nueva que hace poquito la habían empacado y el arma era de la Policía”, se defiende.

Días después, Beteta fue trasladado a La Modelo. “Para todo lo que me entrené, todo pasó ahí”, relata. Durmió en el suelo varias noches y comía muy poco tal como había previsto antes de hacer su protesta.

En La Modelo, relata, tuvo varias peleas con reos comunes porque los guardas lo metían en celdas donde había miembros de pandillas enemigas del barrio San Judas. Beteta aclara que él jamás ha pertenecido a ningún grupo delincuencial, pero los guardas le decían a los presos que él era de San Judas para que lo golpearan.

En una ocasión trataron de apuñalarlo y él trató defenderse lanzando patadas a sus atacantes. Finalmente, lograron hacerle heridas en su pierna izquierda.

Sergio Beteta junto a Miguel Mendoza después de haber sido desterrados. ARCHIVO

Entre pleitos y el maltrato de reos y guardias, Beteta estuvo casi 26 meses encarcelado hasta que fue desterrado hacia Estados Unidos junto a otros 221 presos políticos el nueve de febrero de 2023. Ese mismo día, el régimen de Ortega le quitó la nacionalidad.

Por ahora, está viviendo en Washington, tratando de soportar el frío y las nevadas provocadas por las bajas temperaturas en esa ciudad. También está buscando empleo, pues había encontrado uno en noviembre con unos mexicanos que lo estafaron, asegura, ya que trabajó con ellos por mes y medio, y solamente le pagaron 100 dólares.

La Prensa Domingo Daniel Ortega Nicaragua Sergio Beteta archivo

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Admiro la valentía de este muchacho, Dios lo bendiga, Dios bendiga a Nicaragua!!

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