¿Gratuita o no?
Luego de ejecutar el robo del campus de la Universidad Centroamericana (UCA), el régimen se cobijó con la bandera de la “gratuidad” ofrecida a los estudiantes de la Casimiro Sotelo, pero pronto surgieron contradicciones. No quedaba claro si la educación sería realmente gratuita, como tanto habían proclamado, o si la nueva universidad se vería obligada a cobrar aranceles.
El día de la inauguración, realizada el 18 de agosto de 2023, Ramona Rodríguez, presidenta del Consejo Nacional de Universidades (CNU) y eterna rectora de la UNAN-Managua, pronunció un discurso lleno de populismo en el que aseguró que la Casimiro sería gratuita. Pero cuatro días después ya estaba retrocediendo, explicando que los estudiantes pagarían un “valor simbólico” por la prematrícula y la matrícula, con costos similares a los de la UNAN-Managua, de 200 a 300 córdobas.
Además, en la certificación publicada el 24 de agosto por La Gaceta quedó al descubierto que la Casimiro operaría de “forma autofinanciada”. O sea que, de alguna forma, debía cobrar aranceles para no depender del presupuesto estatal.
Luego de esas contradicciones la dictadura reafirmó el discurso de la gratuidad. El viernes 25 de agosto publicó en La Gaceta que la universidad sería financiada con el presupuesto del Estado.
Tras una reforma al Presupuesto General de la República, aprobada por diputados orteguistas el 12 de diciembre de 2023, la Casimiro Sotelo recibió una primera partida presupuestaria, que ascendió a 47,493, 893 córdobas provenientes principalmente de la recaudación de impuestos.
Sin fecha de inicio
Después de la confiscación de la UCA, ocurrida el 16 de agosto de 2023, y la imposición casi inmediata de la Casimiro Sotelo, la dictadura pospuso tres veces el inicio de las clases en el recinto universitario.
Primero anunciaron que las clases de segundo semestre iniciarían el 28 de agosto; pero luego las aplazaron hasta el 25 de septiembre. Sin embargo, cuando se aproximaba la fecha de apertura, Alejandro Genet Cruz, rector de la Casimiro, admitió a Canal 8 que no tenían definida una fecha para el inicio de las clases.
Según expertos en temas de educación, a la dictadura Ortega Murillo le quedó grande la UCA, pues un campus tan extenso y con tanta infraestructura conlleva altos costos operativos que se sostenían gracias a la matrícula de los estudiantes.
Finalmente, en noviembre de 2023, las autoridades de la Casimiro convocaron a los interesados a inscribirse del 27 de noviembre al 6 de diciembre, con prematrículas especiales del 11 al 16 de ese último mes. Luego hubo dos prolongaciones de la prematrícula, que se extendió hasta el 13 de enero de 2024, supuestamente “dada la alta demanda de las solicitudes”.
Durante la campaña de captación de alumnos, presumieron de la “excelente infraestructura” de la universidad robada a la Compañía de Jesús.

Los “alugnos” de la Casimiro
En noviembre de 2023 el sacerdote jesuita José María Tojeira compartió en su cuenta de X (antes Twitter), donde lo siguen más de 40 mil personas, la fotografía de un documento que había llegado a sus manos. Era un recibo con membrete, eslogan y sello de la flamante Universidad Nacional Casimiro Sotelo Montenegro. Y un detalle en particular llamaba la atención: el documento decía “alugno activo”.
“Me llegó copia de este recibo de la Universidad Casimiro Sotelo. La pobre ya no tiene alumnos, solo ‘alugnos’. La magia del poder es muy creativa. Se ve que se han tomado en serio la innovación. Aquello de que ‘el poder corrompe’ pasó de moda. Ahora nos enseña a redactar”, ironizó el sacerdote español, naturalizado salvadoreño. Tojeira desempeñó el cargo de rector de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) de El Salvador de 1997 a 2010; por lo que sabe de lo que habla cuando toca temas de educación.
Una vez compartida la imagen del recibo, las redes sociales hicieron lo suyo. Los textos y memes sobre el “alugno” de la Casimiro se viralizaron, haciendo hincapié en los estándares académicos de la universidad que usurpa el campus de la UCA.

Piden el récord policial
Las redes sociales todavía no habían olvidado el recibo que decía “alugno”, cuando la Universidad Casimiro Sotelo volvió a dar material para creación de memes.
Las autoridades orteguistas del recinto universitario publicaron requisitos muy específicos para la prematrícula. Había algunos normales, como el diploma de bachiller, la cédula de identificación, dos fotos tamaño carné y las calificaciones de noveno, décimo y undécimo grado. Pero también exigieron certificado de conducta; es decir, récord policial, y un fólder.
Sin embargo, no dieron mayores detalles, por eso algunos internautas preguntaron de qué color debía ser la carpeta para que la aceptaran. Otro usuario de redes sociales se burló escribiendo: “Tengo hasta una carta del papa (Francisco). Pero no encontré un fólder”. “Después de que escriben ‘alugno’, no sorprende que hubieran puesto récord de Policía también”, expresó otro ciudadano.
Por su parte, Ernesto Medina, catedrático y exrector de la Universidad Americana (UAM), calificó la petición del récord policial como “una ridiculez”.

Desolación y propaganda sandinista
El pasado lunes 15 de enero, cuando al fin arrancaron las clases en la Casimiro Sotelo, la vocera y vicepresidenta de la dictadura lo celebró “con gran alegría”. “Casi 5 mil estudiantes de nuevo ingreso y de reingreso se han presentado para el inicio de clases en la Universidad Casimiro Sotelo, héroe de nuestro pueblo”, expresó Rosario Murillo en su acostumbrada alocución ante sus medios de propaganda.
Sin embargo, un equipo del medio digital Divergentes que logró colarse en el campus, presenció una realidad muy distinta en el inicio de las clases. Padres y madres de familia esperaban afuera, pues se les prohibió el ingreso al recinto. Se percibió un ambiente de vigilancia en los pasillos desolados, el bufete jurídico estaba abandonado, había muchos salones cerrados, el césped se miraba seco y los edificios polvosos, detalla el texto periodístico.
“De los 12 locales de comida que hay construidos en el Food Park, solo cuatro están abiertos (…) Los pocos locales que quedan abiertos tienen sus estantes a medio llenar y con pocos estudiantes a los que vender”, dice Divergentes en su reportaje “Edificios desiertos, aulas vacías y mucha vigilancia: así inician las clases en la Universidad Casimiro Sotelo”.
Lo que no falta es la propaganda sandinista, con banderas rojinegras, consignas y un kiosko que antes era de Expresso Americano y ahora se llama “Che Guevara”. Por si fuera poco, antes de cada clase los profesores se aseguran de hablar sobre la vida de Casimiro Sotelo y, por supuesto, las obras del “buen gobierno”.