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En 1893, José Santos Zelaya llegó al poder a través de la Revolución Liberal y puso fin a los gobiernos conservadores. Zelaya se convirtió en dictador, pero también fue un gran reformista. Estuvo en contra del colonialismo estadounidense y británico, a pesar de que el “Tío Sam” le ayudó en sus reformas económicas del Estado de Nicaragua.
Cuando Zelaya llegó al poder, el Reino Unido abandonó el protectorado de la Mosquitia y Zelaya la reincorporó al Estado nicaragüense el 20 de noviembre de 1894, a través de una invasión dirigida por el general Rigoberto Cabezas.
El 11 de octubre de 1909 inició la rebelión de Bluefields donde el general Juan José Estrada se alzó en armas contra Zelaya. Este evento fue apoyado por los Estados Unidos, que había visto en Zelaya una persona incómoda para sus intereses cuando este coqueteó con una apertura a mercados financieros con los británicos, su acercamiento a Japón para la construcción de un canal interoceánico y la ejecución de dos ciudadanos estadounidenses: Lee Roy Cano y Leonar Groce acusados de poner minas explosivas en el río San Juan para impedir el paso de las embarcaciones de tropas del gobierno hacia Bluefields.
Tras estos eventos, infantes de la marina norteamericana se embarcaron desde Nueva York con destino a Nicaragua, así da inicio a la primera intervención de los Marines en el país. Zelaya cayó en desgracia y es obligado bajo la presión del secretario de estado Phinlander C. Knox a renunciar a la presidencia, hecho que se concretó el 21 de diciembre de 1909.
Así inicia un protectorado del gobierno de los Estados Unidos hacia Nicaragua, pero también los conflictos militares continuaron en esta etapa de intervención que trajo cambios económicos, culturales y religiosos. Entre los nuevos cambios y costumbres estaba el consumo de bienes de este país del norte como los automóviles, fonógrafos, radios, vestidos sin mangas, lápiz labial y la práctica de algunos deportes.
El 2 de agosto de 1912 se conformó el Ejército Aliado con las fuerzas del general Luis Mena Vado y Benjamín Zeledón en contra del presidente Adolfo Díaz. Nuevamente conservadores y liberales entraban en conflicto militar por el poder. Díaz solicitó la intervención de los marines estadounidenses que a principios de septiembre ya estaban en el país tomando el control del ferrocarril que unía al puerto de Corinto con Managua.
Para el 4 de octubre, el levantamiento había fracasado por la intervención de los marines. El general Luis Mena Vado se rindió ante el almirante estadounidense, W.H. Sutherland, en la ciudad de Granada mientras los liberales del general Benjamín Zeledón combatían en León y Jinotepe, pero sucumbieron ante las fuerzas intervencionista que contaban con un ejército de 2,700 infantes de marina. En estas acciones militar muere en combate el general Benjamín Zeledón en las batallas de Coyotepe y La Barranca en Masaya.
El 17 de enero de 1926 se da nuevamente un nuevo conflicto político militar conocido como la Guerra Constitucionalista de Nicaragua cuando el caudillo militar Emiliano Chamorro da un golpe de estado al presidente Carlos José Solorzano, elegido en las elecciones de 1924. El 2 de mayo de ese año el general José María Moncada inicia la revolución constitucionalista.
Nuevamente Díaz, que era el guardián de los intereses políticos y económicos de Estados Unidos, pide una nueva intervención y el 24 de enero llegaron por el caribe y luego por el ferrocarril unos 400 infantes de marina. A finales del mes llegaron nuevos buques de guerra y aviones. Para marzo ya había en el país unos 2,000 soldados de la marina al mando del general Logan Feland.
El 1 de junio de 1927 se crea la Guardia Nacional a cargo del general norteamericano Robert Rhea y el 2 de septiembre de ese mismo año, el general Augusto C. Sandino, fundó el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, para enfrentar a los marinos. La guerra duró seis años y concluyó con el retiro de las tropas norteamericanas de Nicaragua el 1 de enero de 1933. Al año siguiente, el 21 de febrero de 1934, Sandino fue asesinado junto a sus generales Juan Pablo Umanzor y Francisco Estrada, luego de una cena con el presidente Juan Bautista Sacasa. El atentado y ejecución fue planificado por el jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García, quien posteriormente iniciaría una nueva dictadura de 45 años que siempre contó con el beneplácito de los Estados Unidos.




















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