Diez datos sobre el legendario Roberto Clemente 

Fue la primera superestrella hispana en las Grandes Ligas. El 31 de diciembre de 1972 murió en un accidente aéreo cuando se dirigía a Managua con ayuda humanitaria para las víctimas del terremoto.

Racismo. En 1955 el puertorriqueño Roberto Clemente fue reclutado por los Piratas de Pittsburgh, equipo en el que jugaría hasta el último día de su vida. En ese tiempo los jugadores blancos representaban el 90.7 por ciento del total en Grandes Ligas; los afroestadounidenses el 5.6 por ciento y los latinos el 3.7 por ciento. Clemente era negro y latino. Defendía con pasión sus raíces boricuas, alzó su voz para condenar el racismo y se negó a ser tratado como ciudadano de segunda, en una época en que los peloteros negros no podían comer en los mismos restaurantes que los blancos después de los juegos. Con frecuencia se negó a comer si la comida le sería servida en el autobús. 

Número retirado. En los Piratas de Pittsburgh, Roberto Clemente Walker decidió usar el 21, porque la suma de las letras de su nombre y apellidos totalizaba ese número. Tras su repentino fallecimiento, la camiseta 21 fue retirada del equipo. Sin embargo, muchos consideran que el número del legendario jardinero debía ser “retirado por todos los equipos de las Grandes Ligas”, dice un reportaje de Los Ángeles Times. Hasta ahora, ese honor solo se ha rendido a Jackie Robinson, el primer beisbolista negro en las Grandes Ligas, quien rompió la barrera racial del beisbol y usaba el número 42. 

Militar. Su pasión por el servicio humanitario, lo llevó a enlistarse en la reserva de la Marina de Estados Unidos después de la pretemporada de beisbol de 1958. “Brindó su servicio hasta septiembre de 1964 como soldado de primera clase, incluidos seis meses de servicio activo en Parris Island (Carolina del Sur) y en Camp LeJeune (Carolina del Norte)”, dice el diario Metro de Puerto Rico. Clemente fue exaltado al Salón de la Fama de Deportes de la Reserva de la Marina de Estados Unidos en 2003 y en el Salón de la Fama de los Veteranos de Puerto Rico en 2018.

Salón de la Fama. Cuando falleció, ya tenía cifras dignas de un futuro miembro del Salón de la Fama del beisbol en Estados Unidos, con 3,000 hits, cuatro títulos de bateo de la Liga Nacional, 12 Guantes de Oro, 15 apariciones en el Juego de Estrellas y dos campeonatos de la Serie Mundial, el último de ellos en 1971, cuando lo eligieron como el jugador más valioso del Clásico de Otoño. Tras su muerte, la admisión en el Salón de la Fama se hizo de manera expedita y el 8 de agosto de 1973 se convirtió en el primer pelotero latinoamericano en recibir ese honor. 

Dos tragedias. El terremoto que destruyó Managua en la madrugada del sábado 23 de diciembre de 1972 estaba en las noticias del mundo. 10 mil muertos, 20 mil heridos y una ciudad en ruinas. Conmovido por la tragedia, Roberto Clemente organizó un vuelo para llevar comida, ropa y medicina a las víctimas. El avión cayó al mar cerca de San Juan, Puerto Rico, poco después de haber despegado a las 9:20 de la noche de ese 31 de diciembre. Las cinco personas que iban a bordo murieron en el accidente, pero solo hallaron el cuerpo del piloto. Clemente tenía 38 años. 

Nicaragua. Antes de morir en su vuelo humanitario, el pelotero había estado en Nicaragua durante una serie interamericana de beisbol y el Campeonato Mundial Nicaragua Amiga 1972. En la última de sus visitas dirigió a la selección de Puerto Rico en Managua, León, Masaya y Chinandega. “El pelotero del momento viviendo prácticamente un mes en Nicaragua. Pudo viajar por todo el país y vio la realidad del pueblo, la sencillez y las situaciones difíciles que vivía el pueblo en los años 70. Él se enamoró de Nicaragua, disfrutó del cariño, la admiración y el respeto de toda la gente”, dijo Enrique Armas, cronista deportivo y vicealcalde orteguista de Managua al medio oficialista El 19 Digital en diciembre de 2022. 

Premonición. Clemente sabía que moriría joven y se lo comentaba frecuentemente a su esposa Vera. “Dejá de decir esas cosas”, replicaba ella. En noviembre de 1972, un mes antes de su muerte, el beisbolista se despertó sobresaltado por un sueño. Le contó a su esposa que se había visto sentado en las nubes observando su propio funeral, narra la revista Domingo, de LA PRENSA, en el reportaje El vuelo a la muerte de Roberto Clemente. 

Somoza. Clemente se enteró del terremoto de Managua en la tarde del 23 de diciembre de 1972. De inmediato se integró al comité de ayuda organizado por el productor de televisión Luis Vigoreaux y la senadora Ruth Fernández. Juntos reunieron víveres y antes de una semana habían enviado dos aviones y un barco con lo recaudado. Sin embargo, el pelotero insistió en entregar la ayuda personalmente para ver cómo se estaba distribuyendo, pues se rumoraba que el gobierno de Anastasio Somoza Debayle estaba repartiendo las donaciones solo entre sus simpatizantes. Sus familiares y amigos tenían un mal presentimiento y quisieron disuadirlo, pero Clemente era bastante obstinado. “No vayas, Roberto”, le rogó su esposa Vera. Él respondió: “Si vas a morir, morirás”.

Honores. El mismo día de su admisión en el Salón de la Fama, fue instaurado el «Premio Roberto Clemente», otorgado a los peloteros que destacan por sus obras caritativas en la comunidad. Además, en 2002 las Grandes Ligas crearon “El Día de Roberto Clemente”, en el que se le hacen honores en todos los parques de las Mayores. Puerto Rico lo nombró Atleta del Siglo XX y es uno de los deportistas con más estatuas en el mundo, entre ellas cinco en Estados Unidos, seis en Puerto Rico y una en Nicaragua. En nuestro país es Héroe Nacional desde diciembre de 2022 y existen parques, escuelas, clínicas, ligas y barrios bautizados en su nombre. También el estadio de Masaya se llama como él. 

Fundación. Roberto Clemente dejó tres hijos: Roberto Jr., Luis Roberto y Roberto Enrique. “La dedicación de Clemente a las labores humanitarias se transmitió a su familia y a la Fundación Roberto Clemente”, dice el diario Los Ángeles Times. En 2022, por ejemplo, la fundación distribuyó alimentos y otras ayudas a las familias boricuas afectadas por el huracán Fiona. 

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