Quemar el muñeco
Una de las tradiciones de origen incierto es la quema de los muñecos de año viejo, el alma de las fiestas de Nochevieja. En Nicaragua es común verlos sentados en las calles desde tempranas horas del 31 de diciembre, rellenos de pólvora para una quema más espectacular. Representan el año saliente y las penas que se dejan atrás.
La tradición es popular en América Latina y podría tener su origen en Europa. En la antigua Grecia solía quemarse una figura de madera que simbolizaba al rey al final de su mandato. “La madera de acebuche, material con el que se fabricaban estas estatuas antes de ser quemadas, representaba al Año Nuevo cuando el rey nuevo comenzaba su mandato expulsando a los espíritus del año viejo”, afirma un artículo de Infobae.
Otras fuentes ubican el origen en Ecuador, como resultado de la adaptación indígena americana de los rituales paganos romanos, celtas y españoles. María Belén Calvache, especialista en política y tradiciones ecuatorianas, aseguró en entrevista con The New York Times, que existen registros de que en algunas regiones de Ecuador se acostumbraba quemar “al señor feudal” en las fiestas de solsticio de diciembre, marzo y junio, como un símbolo de regeneración.
Cualquiera que haya sido su origen, la actual tradición de quemar al muñeco de año viejo habría nacido a inicios del siglo XIX.
Golpear con pan
En Nicaragua usamos el pan para hacerle compañía al relleno o al nacatamal; en Irlanda es tradición de Nochevieja golpear puertas y paredes con hogazas de pan a fin de ahuyentar la mala suerte, fomentar el buen humor y tener la esperanza de que la comida no falte en el año que inicia. “El singular agüero resulta más que comprensible en un territorio que históricamente ha sufrido largos periodos de hambrunas”, dice un artículo del diario colombiano El Tiempo.
Conocidos por sus supersticiones, los irlandeses abren sus puertas en Nochevieja para que las almas de los que se han marchado puedan unirse a la celebración. En la víspera del Año Nuevo, las mujeres solteras colocan un poco de muérdago bajo la almohada, para encontrar el amor. Cuando el nuevo calendario comienza, la primera en salir de la vivienda no puede ser una niña pelirroja, pues eso trae mala suerte, detalla el portal Sobre Irlanda.

Uvas a medianoche
Una uva por cada campanada del reloj que marca la medianoche. Por cada uva un deseo para el año que empieza. Se trata de una tradición popular tanto en América como en Europa, pero se cree que nació en España en algún momento indeterminado, hace muchos, muchos años. La teoría más popular, según la cadena española Antena 3, afirma que todo empezó por una sobreproducción de uvas en la ciudad de Alicante.
Cuando vieron el excedente, a los productores se les ocurrió promocionar la actividad de comer una uva cada vez que sonara una campanada de Año Nuevo. A la gente le gustó la idea y, con el tiempo, se volvió tradición.
La casa por la ventana
En algunos países, como Italia y Sudáfrica, la expresión “tirar la casa por la ventana” no es una metáfora. Con el objeto de hacer “borrón y cuenta nueva”, algunas personas lanzan todo tipo de objetos viejos por sus ventanas. Vasos, platos e incluso muebles en desuso vuelan hacia la calle en representación de todo lo malo sucedido en el año que termina. Aunque la tradición es pintoresca y curiosa, a veces representa un peligro para los transeúntes, pero ni las autoridades policiales han podido evitar que se siga practicando.
¿Qué dicen las vacas?
Se dice que en Rumania las vacas son una especie de pitonisas, agoreras del nuevo año. Algunos habitantes de las regiones rurales rumanas acostumbran en Nochevieja visitar las granjas cercanas para interpretar lo que las vacas quieren augurar con sus mugidos. Sin embargo, puede que la supuesta tradición tenga algo de leyenda.
La que sí está ampliamente documentada es la costumbre rumana de bailar en la calle disfrazados de osos para darle la bienvenida al Año Nuevo y alejar a los malos espíritus.

Fiestas en el mar
En Edimburgo, capital de Escocia, el 1 de enero se celebra con un baño grupal de miles de personas disfrazadas que se zambullen en el río Forth. A esta celebración se le conoce como el Loony Dook, que significa “chapuzón”. La práctica nació a finales del siglo XX como una forma de curar la resaca de la Nochevieja, pero se ha convertido en una tradición que atrae a cientos de turistas deseosos de participar en el ritual de purificación.
En Brasil sucede algo similar. En los destinos costeros la gente celebra el ritual Lemanjá, en celebración a la diosa del mar. Vestidos de blanco, los participantes danzan, cantan y echan al agua flores y velas flotantes, después se meten al mar y saltan siete olas. De esa forma despiden el año viejo y abren el nuevo calendario.
Romper la vajilla
En los países nórdicos es tradición quebrar la vajilla de cerámica usada en la última cena del año. Es una manera de atraer la buena suerte y fortalecer las relaciones sociales. Para ello hay que tomar platos y tazas y estrellarlos contra el suelo, las paredes o las puertas de las casas de los seres queridos. Con este ritual se busca la sensación de que “lo que se rompe, se vuelve a unir”.
Deseos líquidos
En Rusia, famosa por sus bebidas alcohólicas, destaca el ritual de escribir los deseos para Año Nuevo en un papel que se incinera para luego introducir las cenizas en una copa de vino para el brindis de fin de año. Se supone que ayuda a que se cumplan las metas del año entrante.