A propósito de salvavidas

Recientemente leí en LA PRENSA que la dictadura Murillo-Ortega pretende que su nueva “asociación estratégica” y tratado de libre comercio con la República Popular China servirán como salvavidas para Nicaragua.

No hay duda que Nicaragua necesita de salvavidas. Es un país pobre cuya economía es la más pequeña de Latinoamérica, más chica que la de Haití. Y su ingreso per cápita anda por US$2,600 según las cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI). En América Latina solo Haití tiene un ingreso per cápita más bajo que el nuestro.

Políticamente, Nicaragua también es un desastre. Ortega, que ha ejercido el poder por 43 años desde 1979 y que acaba de asignarse su cuarta “victoria” electoral consecutiva en 2021, ha desmantelado los avances democráticos que habíamos logrado desde la elección de doña Violeta Chamorro en 1990. En el proceso, el equipo Murillo-Ortega también ha destruido el Estado de derecho, el respeto para los derechos humanos, el clima de inversiones y la sociedad civil en nuestro país. Y ahora le ha declarado guerra a la Iglesia católica. Prácticamente corrió al último nuncio apostólico, monseñor Sommertag, el equivalente del embajador del Vaticano en Nicaragua, y ha enviado al exilio a un gran número de monjas y sacerdotes incluyendo a todos los jesuitas y hasta las monjas de la orden de Madre Teresa de Calcuta. También obligó exiliarse al obispo Silvio Báez y tiene encarcelado a monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y administrador apostólico de Estelí. Más recientemente ha encarcelado también al obispo de Siuna, monseñor Isidoro Mora.    

No sorprendentemente el pueblo nicaragüense ha manifestado su rechazo a la dictadura Murillo/Ortega. Y no lo ha hecho en encuestas o en elecciones que todo el mundo sabe que son una farsa. Lo han hecho con sus pies emigrando en números históricos. Para la mayoría de nuestros compatriotas, Costa Rica ha sido el destino preferido por su proximidad y prosperidad. El número de nicaragüenses en Costa Rica se acerca al millón. Pero nuestros hermanos y hermanas también se han fugado a otros destinos incluyendo, entre otros, a Estados Unidos y España.

Según datos oficiales del gobierno norteamericano, 217,000 nicaragüenses entraron a los EE.UU. en 2022. Para poner esta cifra en perspectiva, es cincuenta y dos veces más elevada que el número de nicas que emigraron a la Unión Americana en 2020. Nuestros compatriotas abundan en la Florida, pero se encuentran en todos lados. Hay muchos en Texas, California y Georgia, pero también más al norte. Yo, por ejemplo, vivo en Maryland y el jardinero de un vecino es un compatriota de Rivas y un par de carpinteros que son parte de un equipo que está remodelando una casa vecina después del fallecimiento de su dueña son nicaragüenses.

Nuestros compatriotas son excelentes trabajadores. Y también son generosos. Según datos del FMI, las remesas que enviaron a sus familias y amistades en Nicaragua en 2022 fueron US$3,600 millones, igual al 21 por ciento de nuestro producto interno bruto.  Esta cifra es dos veces más que nuestras importaciones de petróleo y que nuestro déficit comercial.

Otro dato importante es que el 80 por ciento de las remesas vienen de compatriotas en Estados Unidos que, por cierto, es también nuestro principal socio comercial. Cincuenta por ciento de nuestras exportaciones van a Estados Unidos y 27 por ciento de nuestras importaciones son norteamericanas. Este comercio arroja un superávit comercial para nosotros. Esto es importantísimo ya que somos el único país latinoamericano que maneja un superávit comercial con la Unión Norteamericana.

¿Podrá Nicaragua lograr datos como estos con la China gracias a su nuevo entendimiento estratégico con Beijing? ¡Bajo ningún punto! Aun sin el acuerdo, tenemos años de estar importando grandes cantidades de bienes de la China. Pero nuestras exportaciones a la China han sido insignificantes. Y lo seguirán siendo. Por ejemplo, a la China no le interesa importar ropa manufacturada en nuestras maquilas. En Estados Unidos, sin embargo, abunda ropa “made in Nicaragua” en tiendas como Walmart.

Cierro con una última y poderosa realidad. Hasta la fecha las sanciones económicas estadounidenses hacia Nicaragua han sido insignificantes. Nos recortaron, por ejemplo, nuestra cuota azucarera que implica una reducción de US$6 millones anualmente. Pero hasta la fecha, Washington no ha cerrado el acceso de Nicaragua a su inmenso mercado ni nuestro acceso a préstamos y donaciones del Banco Mundial, Fondo Monetario y el Banco Interamericano, instituciones en donde la influencia de Washington es decisiva. Pero es una opción que tiene Washington como una eventual represalia de cara a los abusos que comete la dictadura para con el pueblo nicaragüense y al acercamiento estratégico de Managua con Beijing, Moscú, Teherán y, por supuesto, La Habana. Esto sería un duro castigo que China no podría compensar.

Estas son realidades y no sueños de opio como aquellos que Murillo y Ortega pretenden vender al pueblo nicaragüense al decir que su gobierno contará con salvavidas chinas.

El autor fue director del Banco Mundial y presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional de Nicaragua.

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