Eduardo Spiegeler: historia de una tragedia

Un cineasta guatemalteco, idealista y rebelde, murió en un fulminante accidente mientras filmaba las protestas ciudadanas en la agitada Managua de mayo de 2018. Había venido a Nicaragua a investigar un antiguo video y se dedicó a ello, cámara en mano, hasta el último segundo de vida.

Contenido Exclusivo CONTENIDO EXCLUSIVO.

Esta historia comienza la noche del miércoles 16 de mayo de 2018, horas antes de un torrencial aguacero.

Aquella noche de calor sofocante, la alegría popular que generaba entre la muchedumbre la tala de cada horrible arbolata que se alzaba desafiante por los confines de la capital, se disipó rápidamente ante la noticia trágica divulgada por los medios de propaganda de la dictadura: una persona había muerto bajo la pesada estructura de metal.

Las imágenes del accidente se repetían una y otra vez en las redes sociales del régimen: una muchedumbre entusiasmada filmaba, aplaudía y animaba a un grupo de jóvenes que socavaban los cimientos de una de aquellas grotescas estructuras sembradas en el bulevar oeste del centro comercial Metrocentro; de pronto el armatroste verde colapsaba y abajo, fugaz, una figura humaba trataba de alejarse corriendo de la zona de impacto, pero sin lograrlo.

Entre la algarabía multitudinaria al ver desplomarse aquella estructura metálica que representaba el poder del régimen, muy pocos observaron la tragedia y cientos de manifestantes corrieron a bailar y celebrar sobre el símbolo caído, sin percatarse que también lo hacían sobre el cuerpo de aquel infortunado y hasta entonces anónima víctima.

Luego se conoció su nombre: Eduardo Spiegeler.

Días de alegrías y llantos

Eran días confusos en Nicaragua: por una parte, la población se convocaba por las redes sociales para marchar, concentrarse y protestar en calles, plazas y parques contra la ya desde entonces aborrecida dictadura de la familia de Daniel Ortega y Rosario Murillo y el desalmado círculo de poder que los rodea.

Ahí reinaba la alegría y la esperanza por un cambio, bullían los carteles creativos de rechazo a los dictadores, las protestas cívicas lideradas por estudiantes, los mensajes y grafitis consignas que aún resuenan en la memoria colectiva…

Por otro lado, paramilitares, policías encubiertos, espías militares y fanáticos del régimen salían por las noches armados y encapuchados a cazar manifestantes a balazos, dejando en cada amanecer una estela de muerte y dolor que profundizaba la ira social.

Una cosa alimentaba a la otra: la alegría y el entusiasmo de los manifestantes aumentaba la rabia y el odio del régimen, que respondían con violencia criminal, la cual, a su vez, contaminaba el ánimo de los manifestantes que encontraron en el derribo de los mal llamados “Árboles de la Vida” un escape a la ira acumulada.

Un cineasta idealista y rebelde

Su nombre completo era Eduardo Jessi Spiegeler Szejner. Nació en Guatemala el 2 marzo de 1981 y había hecho una prolífica carrera en el cine documental donde hizo de todo: filmó, actuó dirigió, aportó ideas a guiones, escenografías y fotografías y por el buen tipo que todos dicen de él, no se duda que hasta sirvió café y barrió los sets donde hizo cine.

Cuando se supo su trágica muerte, amigos, colegas de profesión, familiares y conocidos le rindieron homenaje póstumo y lamentaron su partida prematura.

De aquel cúmulo de mensajes, testimonios y recuerdos, se extraen los trazos biográficos que lo describen de la siguiente manera.

Eduardo había logrado, a sus 37 años, una amplia trayectoria en la industria del cine alternativo.

Una fotoreportera nicaragüense que lo conoció en Managua, donde ella trabajaba para un medio escrito, allá en aquella época cuando existían periódicos en Nicaragua, recuerda desde el exilio que el trabajo crítico de Eduardo en cine y documentales, trascendía más allá de la pantalla.

Pasión por el cine

“Era un hombre tranquilo y de modos honestos, había algo de la filosofía hippie en su sencillez y visión de la vida; abogaba por la democratización de la comunicación y cuestionaba el funcionamiento de los medios de comunicación tradicionales en su Guatemala natal”, recuerda. 

Así mismo lo recuerdan colegas guatemaltecos en los homenajes póstumos en su memoria. 

No olvidan, por ejemplo, su serie de programas llamada “Pirata TV”, que entre la promoción del arte y la cultura señalaba sutilmente los vicios y malas prácticas de los canales de televisión y su influencia en la opinión pública a favor de los poderes políticos y económicos.

Se le reconoció que además de su trabajo crítico y artístico en televisión, Eduardo fue actor en varias películas y director de documentales que exploraban temas sociales, artísticos y culturales de su país. 

“También luchó por el apoyo al cine en Guatemala y compartió sus conocimientos a través de talleres y charlas en universidades. Le gustaba compartir conocimientos y lo hacía con pasión”, dice la fotoreportera que lo conoció en un evento de cine europeo en la antigua Universidad Centroamericana en el campus de Managua.

Otro fotorreportero nicaragüense lo conoció cuando hicieron juntos trabajos de fotografía aérea para una empresa centroamericana en 2017.

“Anduvimos viajando por toda Centroamérica; Eduardo era un chavalo buena onda, pensador y reflexivo; estaba casado con una cineasta nicaragüense de quien vivía enamorado y con quien compartía su propia productora de trabajo audiovisual. No le conocí hijos, pero si le gustaban las mascotas. El hombre era entusiasta de las imágenes y videos, yo supe que daba talleres del cine y comentaba documentales en la Cinemateca y universidades, no era pleitisto, era amigable”, lo recuerda.

“En el tiempo que hablé con él, era un tipo sencillo y aterrizado, muy del estilo bohemio: bebía café, fumaba, leía mucho y era medio poeta, razonaba sus argumentos en las pláticas mientras bebía una que otra cerveza”, lo recuerda.

Su paso por Nicaragua

A Eduardo se le vio en televisión en Nicaragua, por primera vez, el 23 de septiembre del 2013 en el programa Esta Semana, de Carlos Fernando Chamorro.

Ahí habló de una investigación sobre un documental histórico sobre la inauguración al monumento a Rubén Darío en la Plaza de la República en Managua en 1933.

Spiegeler durante una entrevista. ARCHIVO

Estuvo acompañado en el programa con su esposa, Rossana Baumeister, con quien había fundado la productora audiovisual Tanakatana Films.

Ambos impartían cursos de televisión, cine y cámaras en la escuela de artes audiovisuales de la Cinemateca Nacional y daban charlas sobre el mismo tema a colegas y estudiantes de universidades.

Eduardo vino a Nicaragua en 2007 como parte de la Cooperación Sur-Sur, un programa de Naciones Unidas promovida “para ayudar a los Estados, las organizaciones internacionales, la academia, la sociedad civil y el sector privado para colaborar y compartir conocimientos, habilidades e iniciativas exitosas en áreas específicas como la agricultura, los derechos humanos, la urbanización, la sanidad, el cambio climático y otros temas sociales”.

En Managua, esta oficina contrataba a la productora de cine Luna Films y pronto Eduardo empezó a colaborar con otros cineastas nacionales en la biblioteca del Banco Central de Nicaragua para organizar archivos gráficos y respaldar con fotografías la pinacoteca del recinto.

También colaboró en organizar los archivos del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA-UCA), en la preservación de archivos de la Cinemateca y Canal 6 y, a la vez, impartiendo talleres de fotografía, cine y documentales.

Uno de sus últimos grandes proyectos fue un documental denominado Antojología, sobre el poeta caribeño Carlos Rigby, cuya filmación y edición terminó días antes de su muerte, para entregarle el material a la cineasta María José Álvarez, con quien había compartido varios proyectos por muchos años.

Ira contra los Chayopalos

En 2013, la dictadura asombró al país con la instalación de unas estructuras metálicas gigantes en la capital, que la vicedictadora Rosario Murillo bautizó “Árboles de la Vida”.

Pronto, en oscuros procesos de manejo de fondos público, la capital se llenó de estas gigantes y excéntricas estructuras multicolores y llenas de luces; la simbología de esas estructuras se trasladó a la documentación oficial del régimen y el país se lleno de propaganda positiva sobre dichos armatrostes.

Desde el pueblo se les bautizó como Chayos Palos y Arbolatas y se les atribuyó connotaciones esotéricas relacionadas a los gustos oscuros de Murillo por los talismanes y símbolos ocultos de la magia negra.

Murillo, una figura social profundamente despreciada por los nicaragüenses quienes le apodaron La Chamuca (demonio, satánica), encarnó su imagen en los “Árboles de la Vida” y estas estructuras se convirtieron en el blanco de las protestas al calor de la rabia por los asesinatos y crímenes de los paramilitares y policías del régimen.

Después de cada marcha, los estudiantes y vecinos de las zonas se coordinaban para derribar las estructuras: mientras unos aflojaban las bases de la estructura con mazos y fuego, otros jalaban con mecates y cables para desplomarlos.

Cuando caían ruidosamente, los protestantes corrían a celebrar bailando y gritando sobre las estructuras caídas.

Voces Divergentes

Días antes de su muerte, Spieleger y otros cineastas y corresponsales de prensa extranjera había creado una plataforma digital nominada Voces Divergentes, con el lema #SOSNicaragua.

Ahí explicaron que era un espacio digital creado por artistas que buscan “preservar la memoria y dar a conocer las historias de las personas que, protestando pacíficamente, fueron violentamente reprimidas por el Gobierno de Nicaragua”.

Eduardo Spiegeler haciendo un plano detalle durante una grabación ARCHIVO

El enfoque de la plataforma era crítico tal y como lo evidenció el propio Eduardo al producir el testimonio de María Ramona Vílchez, madre del joven Ismael José Pérez Vílchez, un militante de la Juventud Sandinista que fue asesinado a balazos por la policía cuando, junto a otros chavalos del barrio La Fuente, en Managua, defendía un supermercado.

“Fuerzas de choque dirigidas por el gobierno organizaron saqueos en distintos comercios del país. Sin embargo, muchos vecinos salieron a impedir los robos. Entre ellos, Ismael”, escribió Eduardo en el guion del video.

Aquel aciago día

La protesta de aquel día inició en los alrededores de la Universidad Nacional de Ingeniería, a eso de las cuatro de la tarde, después de una larga jornada de represión policial. 

A las 6:30 pm, ya la protesta se había trasladado a la zona de Metrocentro, donde semanas antes los estudiantes habían empezado a derribar las estructuras metálicas.

Aquella noche, calurosa por el próximo aguacero de mayo que se avecinaba, los estudiantes y pobladores empezaron su labor de protesta contra el símbolo del poder de la familia dictatorial.

Una de los corresponsales de prensa que había acudido a cubrir la protesta, y que conocía a Eduardo, le advirtió que no acercara mucho al sitio donde trataban de derribar la estructura.

“Yo le dije que no se acercara mucho, porque andaban policías de civil y luego podían incriminarlo como parte de las protestas, pero Eduardo y otros colegas se acercaron a filmar”, dice el ex corresponsal, quien recuerda que él y su equipo se retiraron buscando una zona segura desde donde captar la caída del arbolata.

Los estudiantes, del lado norte de la estructura, llevaban ya varias horas intentando debilitar las bases, mientras que, del lado sur, los manifestantes jalaban con cables y mecates para botar el monumento.

Eduardo estaba a unos tres metros de la base, en cuclillas primero sobre el bulevar, enfocando el esfuerzo de los estudiantes en debilitar las bases de la estructura de más de 20 metros de alto y peso de casi 8 toneladas, según lo recuerda el corresponsal extranjero.

Detrás de él, los cables y mecates estaban tensos por la fuerza que la gente aplicaba desde 50 o 60 metros; el griterío era intenso, la gente estaba a la expectativa de la caída para saltar a celebrar y Eduardo no parecía percatarse del riesgo.

No tuvo tiempo de correr

La caída fue rápida; el metal crujió y la base de cemento se agrietó, saltaron los tornillos y la estructura se estremeció en lo alto.

La gente que estaba en la base corrió hacia los lados, los manifestantes alrededor se alejaron instintivamente y hubo carreras hacia todos lados mientras la mole caía.

Tras el estruendo, muchos corrieron a celebrar sobre el símbolo caído y despegar los bombillos como suvenires.

Sin embargo, un grupo de estudiantes que estaba cerca pegaban gritos y hacían señales a los manifestantes: “¡Aplastó a un periodista! ¡Aplastó a un periodista!”.

“Yo vi a las chavalas gritar y llorar, pero nadie les hacía caso. Unos agentes de la Cruz Roja se acercaron a ver qué pasaba y una de las muchachas le dijo que ellas habían visto que el Chayopalo le había caído a un periodista”, recuerda el entonces corresponsal.

Pronto se empezó a correr la voz y el rumor fue creciendo. Morteros, o truenos por la lluvia que venía, alteraron a la gente y pronto los manifestantes salieron en desmandada, temiendo un repunte de la represión.

A los pocos minutos, los medios del gobierno cortaron sus transmisiones ordinarias para dar la noticia de última hora y condenar el hecho.

Una y otra vez repetían la imagen donde se veía a Eduardo correr hacia el sur, en la trayectoria exacta de caída de la estructura, mientras los propagandistas de la dictadura acusaban a los manifestantes de su muerte.

De acuerdo al reporte de prensa de la época, a eso de las 9:30 de la noche, bomberos, paramédicos de la Cruz Roja y trabajadores de la Alcaldía de Managua, escoltados por decenas de patrullas, se presentaron a rescatar los restos debajo de la estructura y trasladarlos al Hospital Vivian Pellas.

La familia del cineasta emitió un comunicado en el que lamentaron profundamente su pérdida y pidieron respeto por su memoria.

En este mensaje, destacaron que Eduardo Spiegeler trabajaba desde su compromiso con la justicia y la libertad, pidieron no reproducir más el video y solicitaron que su muerte no fuera utilizada con fines políticos.

Luego llovió. 

La Prensa Domingo Nicaragua archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí