En realidad no es tan “nueva” si tomamos en cuenta que el mandato presidencial de José Manuel Zelaya Rosales (Mel Zelaya), esposo de la actual mandataria Xiomara Castro se dio de enero de 2006 a junio de 2009, pero desde entonces la sombra del castrochavismo ha azotado a ese país centroamericano vecino de Nicaragua y aliados ambos del llamado Socialismo del Siglo XXI, cuya pretensión de seguir engullendo naciones bajo su maléfico sistema ha entrado en crisis.
Honduras no está nada bien. No puede estarlo con un gobierno matriarcal, familiar, ginecocrático a medias con una mujer al frente del destino del país cuyo esposo “primerísimo primer caballero de Honduras” maneja los hilos a sus anchas gobernando un régimen que se autodefine como “socialista democrático”, otro disparate más de la semántica originada desde el vocablo comunismo.
Con una diplomacia de acercamiento creciente hacia la China comunista, era normal de esperarse que una vez instalada en el poder la presidenta Castro rompiera relaciones con Taiwán para entregarse a los brazos de la China comunista, el sueño dorado de algunos mandatarios antiguos y actuales como Oscar Arias en Costa Rica, Salvador Sánchez Cerén en El Salvador, Daniel Ortega de Nicaragua y ahora Honduras, malagradecidos y descarados ante una nación que ha apoyado abiertamente a toda la región y quienes han creído ilusamente que la panacea para salir de la pobreza está en la Asia comunista, lo que ha resultado poco provechoso hasta el día de hoy. Esa nación centroamericana va rumbo a un deterioro mayor de su economía, así como de su institucionalidad, como producto de su cerrazón ideológica política y su administración estatista y asistencialista al lado del castrochavismo.
Por cierto, de llegar a la presidencia Bernardo Arévalo en Guatemala (otro figurín de la izquierda tercermundista), nada raro sería que al día siguiente de su investidura no amanezca en su país la representación taiwanesa.
Pero mientras se acerca a la bárbara China de Xi Jimping (reelecto este año para un tercer mandato), se aleja más de Estados Unidos, su principal socio comercial y cooperante. El acercamiento con Cuba, Venezuela y a todo ese eje que solo hambre y miseria les ha podido dar a sus pueblos, no tiene nombre y las consecuencias sociales nada saludables para el país y la región podrían acrecentarse, de no tomar la oposición política y el pueblo otras determinaciones electorales, otro cambio de timón.
A nivel geopolítico, recordemos que la base militar estadounidense de Palmerola se encuentra en territorio hondureño, existiendo ya una provocación entre el castrochavismo y la potencia mundial gringa, la cual podría tener consecuencias insospechadas desde el punto de vista de la defensa hemisférica. Y esto, evidentemente, nada tiene que ver con los furibundos alegatos de la izquierda tropical cuando se llena la boca hablando de “defensa soberana” cuando ella misma, con Fidel Castro desde los inicios de su enfermizo régimen invadió de pólvora y armamento a las guerrillas latinoamericanas.
Partiendo de países como Honduras y Nicaragua, así como del conjunto del trópico comunista con Cuba y Venezuela de cara la existencia de sus regímenes, debiera ser esta realidad de más miramiento y atención de parte de Estados Unidos, a fin de cuentas somos parte de un solo continente y de una acumulación histórica de hechos trascendentes que van desde invasiones armadas (muchas de ellas solicitadas por los propios países latinoamericanos) hasta enormes gestos de solidaridad y cooperación los cuales, de contar con un nuevo marco de cooperación y entendimiento, darían mejores resultados que las amenazas invasivas de culturas foráneas a nuestra idiosincrasia continental.
Otro hecho contundente en Honduras es la crisis institucional, que no contribuye a la estabilidad del país e incrementa la corrupción. Después de la tardanza en elegir al fiscal general de la nación, el Congreso de Diputados bajo el dominio del matrimonio Zelaya-Castro, nombra ilegalmente a alguien pariente cercano del “primerísimo primer caballero Mel Zelaya”, lo que demuestra que ese régimen, además de escenificar a una nueva casta —como bien lo señaló Javier Milei respecto a los anteriores gobiernos argentinos—, está plagada de nepotismo y otras corruptelas no menores.
Recientemente escuché unas declaraciones del presidente de la Organización Hondureña Francisco Morazán, una entidad que defiende a los migrantes indocumentados, Orlando López, quien expresa que hay preocupación en la comunidad hondureña en el exilio como dentro del país, porque la situación política de su país empeora cada día. Ya se han dado marchas multitudinarias, miles de empleados echados de sus puestos de trabajo como consecuencia del cierre de empresas taiwanesas y líderes de la oposición encarcelados.
“Por el rumbo que está tomando el gobierno alejándose de inversionistas, empresarios y gobierno de Estados Unidos, viajando a los países comunistas con grandes delegaciones dilapidando los escasos recursos del pueblo, nombrando a familiares en todos los cargos públicos, y abandonando a los hondureños en sus grandes necesidades, este gobierno va de mal en peor”, decía López.
Y lamentablemente seguirá peor hasta los últimos días de administración de la casta Castro, hasta el 2026 cuando los hondureños se enfrenten en las urnas a una nueva gran decisión: seguir bajo este “socialismo democrático” el cual tiene mucho de populismo trasnochado y nada de democrático o elegir a un nuevo gobierno, promisorio y decente. Ojalá la gran Honduras del prócer Morazán, unionista y cautivadora frente a sus bellos parajes y hospitalidad ciudadana, aprenda bien la lección como ya lo hizo el pueblo argentino.
El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional.