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Anibal Vega fue un bateador intimidante.

Aníbal Vega, un pelotero que jugó tan duro como pudo y dejó huellas en el beisbol nacional

Vega terminó su carrera de 16 temporadas con .340, disparó más de 1,000 hits y más de 100 jonrones

Aníbal Vega está ahora en la boca de todos. Recientemente terminó su labor como mánager de la Selección Nacional Sub23 de Nicaragua y aunque se quedó corto en la búsqueda de la medalla de oro en el torneo realizado en nuestro país, sí puede esgrimir que capturó el boleto para el Mundial de China el próximo año, tras concluir con 4-1.

Vega ha vuelto a ser noticia porque ha sido nombrado mánager interino de los Gigantes de Rivas luego del despido del venezolano Rey Olmedo, quien tras un despegue a todo meter, perdió aceleración y tras caer en siete de los últimos nueve encuentros, fue cesanteado. Vega estará en el puesto mientras viene el cubano Germán Mesa.

Pero, ¿qué tan buen pelotero fue Vega? Su pasión, su entusiasmo y sus resultados lo convirtieron en un jugador estelar en la década de los noventa ante el cual nadie era indiferente. Vega te ganaba la batalla y se aseguraba que supieras que era divertido. Y eso molestaba a muchos.

Formado como pelotero en colegios de San Francisco, California, Vega adquirió su madurez en el beisbol de Nicaragua y generó siempre una emoción singular por su técnica al fildear, su poder al bate y la conexión que logró con los fanáticos de sus equipos, al igual que el rechazo rotundo de quienes apoyaban a sus equipos rivales.

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Durante su carrera de 16 temporadas, Aníbal acumuló .340 de promedio, con 1,181 hits, de los cuales 122 fueron jonrones, con 623 anotadas y 669 impulsadas. Y aunque usted no lo crea, dos veces fue líder en bases robadas, ya al final de su trayectoria, cuando había perdido su forma física y los rasgos atléticos que le caracterizaron al inicio de su carrera.

Luego de un breve debut con el Bóer en 1991 durante un fin de semana, (en tres juegos, bateó de 10-3, .300), Aníbal regresó a la acción en 1992 con los Búfalos y tronó con .354, ocho jonrones y 51 remolques. Esa fue la primera de ocho temporadas seguidas sobre .300.

Su mejor época la vivió en Granada, donde en 1993 cerró con .337, 19 jonrones y 62 remolques. También bateó .388 en 1996 y en 1998, aunque su mejor promedio fue .392, con 15 bombazos y 55 impulsadas en 1997, siempre con los Tiburones.

En el 2000 se unió al San Fernando, al que había llegado como refuerzo antes en 1992. Luego regresó a Granada. Se movió a Chinandega, Estelí, Matagalpa y el Bóer, donde le puso fin a su carrera en el 2008, pese a haber bateado para .337.

Tanto en Masaya como en Granada, Vega fue una pieza clave en Series Finales. Con su violento bate y una toalla agitada por sus brazos, electrizaba a los fanáticos. Logró títulos nacionales con el San Fernando, Granada y Matagalpa.

Hizo la Selección muchas veces, comenzado en 1991 en la Copa Intercontinental de Barcelona, donde bateó .303; Mundial de Nicaragua en 1994 (.286), las olimpiadas de Atlanta en 1996 (.240) y otros eventos más, pero rugió en los Panamericanos de Dominicana en el 2003.

En esos Juegos, Aníbal tronó para .421 (19-8) y fue del equipo Todos Estrellas, pero su gran evento fue el Mundial de Holanda en el 2005, al resumir .370 y disparó jonrón ante frente a los checos para ganarles 1-0 en duelo cerrado, con Julio Raudez en la loma.

De igual modo impactó en el Premundial de 1993 en Managua, donde terminó con .538 (13-7) con cuatro anotadas y tres remolques, en un plantel que luego batalló en el Mundial de 1994 en nuestro país. En fin, durante más de una década, fue una figura esencial en la tropa azul y blanco.

Vega tuvo una gran carrera, jugada con gran entusiasmo por un pelotero ante el cual nadie era indiferente, pero sus cifras lo sitúan entre los mejores zurdos que ha desfilado por el beisbol nacional en los últimos años. Ahora trata de brillar como timonel y da la impresión que finalmente va agarrando el paso.

Deportes Anibal vega archivo

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