Sofía Velázquez huyó de Nicaragua junto a su familia. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Exilio y cáncer: el drama de Sofía Velázquez

Tuvo que huir junto a toda su familia porque temían ser asesinados después de apoyar las protestas contra Daniel Ortega en 2018. Estando exiliada, su padre murió por Covid 19 y un mes después ella fue diagnosticada con cáncer.

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Los últimos cinco años han sido los más intensos para la vida de Sofía Velásquez. A sus 64 años está viviendo un exilio forzado y le ha tocado combatir un cáncer de mama que le diagnosticaron tan solo un mes después de haber perdido a su padre. 

Cada día, Sofía se toma una pastilla de letrozol de un miligramo. Esto tiene que hacerlo por cinco años consecutivos. “Ya llevo dos. Es como una quimioterapia al mínimo”, relata esta mujerapasionada por la cocina y que repele todo lo que huela a sandinismo.

Sofía tuvo que salir de Nicaragua el 18 de julio de 2018 junto a su hija mayor y sus dos nietos porque la Policía llegó a buscar a toda la familia a su casa debido a su participación en las protestas contra el régimen de Daniel Ortega. Días después, su hermana también salió al exilio y varios meses después llegó su padre.

Desde que salieron del país, Sofía y los suyos están convencidos de que algún día regresarán a su casa en La Concepción, la cual está siendo reclamada por algunos sandinistas de la zona, pues permanece abandonada desde que salieron del país. “La están pidiendo. Nosotros los conocemos. Son sapos y aunque las ocuparan y se las dieran, nosotros tenemos aquí las escrituras y la vamos a reclamar”, señala Sofía.

Por ahora, el objetivo de esta mujer es sobrevivir al cáncer y al exilio. Al primero, dice, le va ganando la partida, pero el segundo le está dando más pelea.

En el centro, Sofía Velázquez junto a su hija mayor María René y su nieto Amilcar Vallecillo. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Cítricos

La familia Velásquez es originaria de La Concepción, Masaya, y desde hace varias generaciones atrás se han dedicado a la producción y venta de cítricos como mandarinas, naranjas, limones y demás.

En cuanto a la política, “siempre hemos sido de una familia de derecha”, señala Sofía. Sus abuelos fueron liberales, sus padres también. Ella lo es, al igual que sus hijos, pero sus nietos, todavía no tienen preferencia política, aunque definitivamente no simpatizan con el Frente Sandinista. Eso le da tranquilidad a esta mujer.

En su juventud, Sofía estudió un secretariado ejecutivo, pero se dedicó al negocio familiar de los cítricos. En los ochenta, la familia también tuvo problemas con el régimen sandinista, sobre todo porque le ponían muchas limitantes al negocio y no podían prosperar, pero “mi papá trataba de llevar la fiesta en paz”, para evitar represalias contra él o la familia. Así fue hasta que salieron los sandinistas del poder en los años noventa.

Sofía tuvo tres hijos. Los dos menores migraron a Costa Rica años atrás en busca de mejores oportunidades e hicieron vida en ese país. Con ella vivía su papá, su hija mayor, María René, y sus nietos Amilcar y Camila.

En 2018, cuando estallaron las protestas contra Daniel Ortega, Sofía no dudó en ayudar a sus vecinos que estaban en el tranque ubicado a unos 400 metros de su casa. Ella les cocinaba y como su hermana y otros familiares son médicos, su hogar sirvió de puesto médico para atender a los heridos de la represión. 

Incluso su nieto de 16 años en aquel entonces, AmilcarVallecillo, que estudiaba un técnico en veterinaria, se puso a suturar heridos y ayudarle a sus tíos.

Sus vecinos sandinistas denunciaron a la familia con la Policía y el día de la Operación Limpieza en esa ciudad, el 15 de julio, llegaron a allanar su casa. “Por ser de derecha y por apoyar las marchas, era mentira que nos iban a perdonar la vida”, relata Sofía.

Sofía Velázquez junto a su hija María René fundó su emprendimiento Variedades La Concheña y vende cacao, semilla de jícaro, pinolillo, cebada y otras bebidas nicaragüenses. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Toda la familia ya había abandonado el lugar, pero al darse cuenta que no podían regresar a su casa, comenzaron a huir hacia Costa Rica. Su padre de 82 años, quien estaba recién operado de un problema en sus piernas, tuvo que quedarse en Nicaragua bajo cuidado de otros familiares y casi un año después pudo reunirse con su familia.

En exilio

El camino para Sofía y su familia estaba lleno de incertidumbre. Ninguno sabía qué haría en este nuevo país. El hijo menor de Sofía los recibió en el apartamento que él alquilaba con su familia en las periferias de San José, la capital costarricense.

Él ya vivía con su esposa y sus dos hijos, de manera que era muy pequeño para alojar a cuatro personas más. A como pudieron, se acomodaron y estuvieron viviendo hacinados por once meses.

En esta familia, cada miembro tiene su propio drama. Por su edad, a Sofía se le dificultaba conseguir empleo, así que la responsabilidad de los ingresos recayó en su hija María René que empezó a trabajar en el comedor de un colegio. Tras una huelga de maestros, la mujer perdió el empleo, así que buscó como empleada doméstica hasta que consiguió y de eso sigue viviendo hasta la fecha.

El jovencito Amilcar también trató de ayudar. Encontró trabajo en un supermercado y como no tenía papeles, no podía terminar su bachillerato. Perdió un año de estudios, y en 2019, logró bachillerarse. Hizo examen de admisión para entrar a una universidad, pero no logró pasarlo. El joven se desencantó y decía que se dedicaría a trabajar solamente.

La niña Camila, de ocho años, padecía de dislalia, que es una alteración de la capacidad del habla y toda la persecución que vivió con su familia alteró más su problema médico. Ella pudo entrar al colegio y los maestros le advirtieron a su madre, María René, que había comportamientos extraños en la niña y una psicóloga le diagnóstico estrés postraumático.

Once meses después de haber llegado a Costa Rica, la familia pudo mudarse a un lugar más cómodo y estando ahí consiguieron que el padre de Sofía viajara y se quedara a vivir con ellos. Para esta familia, él fue una figura muy importante. En septiembre de 2020, el señor habló con su bisnieto Amilcar, para que retomara los estudios, y dos meses después, el 14 de noviembre, falleció por Covid19.

“Mi hermana y yo quedamos devastadas. Lo tuvimos que enterrar aquí, pero él nos dijo que lo enterráramos aquí porque no podíamos llevarlo a Nicaragua, pero que lo lleváramos una vez que regresáramos. Nosotros le prometimos que lo íbamos a llevar”, señala Sofía, quien no puede evitar que corran las lágrimas al hablar de su padre.

Por otro lado, el día que falleció el señor, a Amilcar le tocó nuevamente hacer el examen de admisión para la universidad. Todos pensaron que el joven no lo pasaría y que llegaría desconcentrado por el fallecimiento de su bisabuelo, pero no fue así. “Yo lo hice por mi papito y lo pasé por él”, señala el joven.

De hecho, Amilcar aprobó dos exámenes: el de la Universidad de Costa Rica (UCR) y el de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA). Él decidió quedarse en la segunda. No quiso seguir estudiando Veterinaria y ahora está a punto de terminar la carrera de Sociología. Se ha involucrado en voluntariados, trabaja con una de sus maestras, y es uno de los mejores estudiantes de su facultad.

De igual manera, Camila ha podido superar sus problemas médicos con asistencia de su psicóloga. Al inicio, cuenta su madre María René, sufrió de discriminación en el colegio por parte de otros compañeros que le llamaban “la nica”, “la refugiada”, o le decían “sapa” porque llevaba muy buenas notas.

Ahora, sigue siendo una excelente estudiante. Está empezando su secundaria y ha demostrado tener talento para el dibujo y la música.

Sofía Velázquez tiene 64 años y es sobreviviente de cáncer. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Cáncer

Sofía todavía estaba llorando la muerte de su padre cuando se sintió un bulto en uno de sus senos y un médico le confirmó lo que tanto temía: era cáncer de mama. Fue el 28 de diciembre de 2020 y desde esa misma fecha empezó con el tratamiento. No había tiempo que perder.

Tuvo que pasar por 16 sesiones de quimioterapia y otras 25 de radioterapia para eliminar el rastro del cáncer en su organismo. Luego, tuvo que someterse a una operación en la que le extrajeron nueve ganglios cancerígenos y un bulto. En principio le dijeron que le iban a amputar el seno, pero el oncólogo valoró que no sería necesario.

Desde 2021 está con las pastillas como parte de su tratamiento y periódicamente se practica mamografías para descartar cualquier anomalía. “Lo que me da más miedo es una metástasis. Dios quiera que no”, comenta. El último examen se lo hizo hace unos días y le darán los resultados el próximo siete de diciembre.

Pero el cáncer no fue impedimento para que esta mujer decidiera emprender en julio de 2021. La idea era generar ingresos extras para el hogar, así que empezó vendiendo comida y juntándose con mujeres exiliadas nicaragüenses para vender en una feria que se organiza mensualmente en San José.

“Fuimos probando a ver qué era lo que pegaba, hasta que dimos con el cacao”, relata. Desde entonces, Sofía se dedica a producir cacao, semilla de jícaro, cebada y pinolillo en polvo. A su emprendimiento lo llamó Variedades La Concheña y su hija María René es quien le ayuda con la preparación y distribución.

La familia todavía anhela regresar a Nicaragua, pero saben que mientras Daniel Ortega esté en el poder no pueden hacerlo. “Mi mayor anhelo es que se vaya Daniel Ortega y la Chayo Murillo”, dice Sofía quien espera con ansias el día en que podrá llevar los restos de su padre para que descanse en su tierra, tal y como ella se lo prometió.

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