Una boda a cambio de un país. Daniel Ortega y Rosario Murillo se casaron en el catolicismo el 3 de septiembre de 2005.

Las bodas de la dictadura: estrategia y despilfarro

El régimen Ortega Murillo se ha consolidado sobre varias uniones matrimoniales, empezando por el casamiento de la pareja dictatorial. Represión, censura y enriquecimiento ilícito… todo ha quedado en familia.

La boda que perdió a Nicaragua 

Daniel Ortega y Rosario Murillo vivieron en unión de hecho estable desde 1978 hasta 2005. Prueba de ello es que, en mayo de 2004, Murillo publicó un artículo en el que lamentaba que 27 años después de su reencuentro con Ortega en Venezuela, luego de que él saliera de la cárcel, todavía no se hubiesen casado formalmente. “Del casamiento que todavía no hemos tenido, Daniel y yo, que a lo mejor, algún día, si nos decidimos, si yo le doy el sí y él a mí, podría ser que caminemos de la puerta-al-altar-a-la-puerta, con todos nuestros hijos, nueras, yernos y nietos, como mejores amigos”, expresó.  

A pesar de que, según la misma Murillo, no había habido boda, la tarde del sábado 3 de septiembre de 2005 la pareja “renovó” sus votos matrimoniales en una discreta ceremonia celebrada en la capilla de la Universidad Católica de Nicaragua Redemptoris Mater. A la “renovación de votos” asistieron cuatro encumbrados sacerdotes, entre ellos el entonces cardenal Miguel Obando y Bravo, antiguo detractor de Ortega. 

La explicación de que se haya hablado de renovación y no de boda “no es religiosa ni sentimental. Es política. Tiene que ver más con el poder que con el amor”, dice el libro El Preso 198, un perfil de Daniel Ortega.  “Sucede que ese septiembre de 2005, Ortega está a las puertas de una nueva campaña electoral. Las anteriores tres campañas las ha perdido, primero, contra doña Violeta Barrios de Chamorro en 1990; luego, contra Arnoldo Alemán en 1996, y la última, ante Enrique Bolaños en 2001. En las dos últimas campañas, el mensaje que el cardenal Miguel Obando, adversario jurado de Ortega en ese tiempo, ha lanzado a las vísperas de las votaciones parece haber tenido un efecto demoledor en las aspiraciones de Ortega”.

Durante la campaña de 1996 Obando lanzó una metáfora bastante clara en la que hablaba de una víbora moribunda que recibía calor de un buen samaritano y luego procedía a morderlo y matarlo. “El viborazo”, llamaron a ese misil cardenalicio. 

En 2001, el sacerdote repitió la dosis, esta vez de forma mucho más directa. En la misa por el cierre de campaña, a la que asistieron los tres candidatos en contienda, enumeró las cualidades morales que a su juicio debía tener la persona idónea para dirigir el país. “Al votar, debemos preguntarnos —dijo— ¿da el candidato un apoyo decidido y claro al matrimonio y a la familia de fundación matrimonial, en contra de la tendencia de equiparar el verdadero matrimonio con otro tipo de uniones? El Estado vale lo que valgan las familias que lo forman”, dijo. Y para todos estuvo claro a quién se dirigía. 

Para 2005, año de la “renovación de votos”, las circunstancias habían cambiado y Obando ya aparecía como aliado de Ortega. Una investigación a su ahijado Roberto Rivas Reyes parece haber sido la causa de su conversión. No hubo “viborazos” ni puyas cardenalicias en la campaña presidencial de 2006, cuando el caudillo sandinista logró volver al poder para después entronizarse como dictador. 

Paulatinamente el matrimonio con Rosario Murillo se fue convirtiendo en una alianza política, con repartición de poderes. Murillo no solo es primera dama, también vicepresidenta, vocera y mandamás de la dictadura. 

La boda que consolidó el poder de los Ortega Murillo sobre la Policía: Maurice Ortega Murillo y Blanca Díaz.

La hija del policía 

El 10 de enero de 2010 Maurice Ortega Murillo, séptimo de los nueve hijos de la pareja dictatorial, se casó con Blanca Díaz Flores, hija de Francisco Díaz, entonces jefe de Seguridad Pública y subdirector de la Policía Nacional. El matrimonio unió al régimen y la Policía en estrecho vínculo familiar y le abrió las puertas al consuegro de Ortega para continuar su ascenso a lo interno de la institución de la que hoy es director. 

A medida que la primera comisionada Aminta Granera pasaba a ser una figura decorativa, Díaz ganaba poder ejerciendo como jefe de facto de la Policía. En agosto de 2018, cuatro meses después de la renuncia de Granera, asumió oficialmente como director de la institución, cargo desde el cual tuvo incidencia directa en la represión policial a las protestas ciudadanas. Debido a ello, se hizo merecedor de sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y Reino Unido. 

Nahima Díaz Flores, cuñada de Maurice Ortega Murillo, también obtuvo un puesto clave para el mantenimiento de la dictadura. El 2 de junio de 2020 la colocaron en el cargo de directora del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor). Desde ahí dirigió la censura contra decenas de canales televisivos y radioemisoras independientes. Telcor es, además, el encargado de aplicar la polémica “Ley de Ciberdelitos” y en noviembre de 2021 la empresa Meta, propietaria de Facebook e Instragram, desmanteló una “granja de troles” que era operada principalmente por personal de esa institución. La cuñada de Maurice recibió sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y Suiza.

Yadira Leets, la zarina del petróleo, en una de las pocas fotografías que se tienen de ella. Cuando era joven.

Yadira y el petróleo venezolano

Antes de separarse, en 2019, Rafael Ortega Murillo y Yadira Leets mantuvieron una relación sentimental durante más de 20 años. Juntos procrearon dos hijas (Ariana y Libia) y adoptaron otros cinco hijos. En ese tiempo la esposa de “Payo”, el mayor de los Ortega Murillo, se convirtió en pieza clave para el enriquecimiento ilícito de la dictadura. 

Entre 2009 y 2018, Leets administró la Distribuidora Nacional de Petróleo (DNP Petronic), empresa de origen estatal que manejó la millonaria cooperación petrolera venezolana, calculada en unos cinco mil millones de dólares, destaca un artículo de Infobae. La mujer también apareció como titular de Inversiones Zanzívar, “una misteriosa empresa creada por la familia presidencial con la intención de anticiparse a las posibles sanciones contra las empresas más visibles”.

En octubre de 2018, meses antes de la separación de la pareja, Leets fue retirada de la dirección de DNP Petronic. En febrero de 2022 la exnuera de Daniel Ortega y Rosario Murillo salió del país con dos de sus hijas. El 9 de mayo llegaron a Estados Unidos.

Camila Ortega Murillo y el empresario Noé Salas Cisneros.

Como la realeza

En febrero de 2020 Camila Ortega Murillo se unió en boda eclesiástica con el empresario Noé Salas Cisneros. Fue una ceremonia digna de la realeza, con una alfombra roja cubierta de pétalos por donde desfiló la novia escoltada por sus progenitores: Daniel Ortega en la indumentaria de siempre y Rosario Murillo con un llamativo vestido naranja y una especie de corona. Tan lujoso evento, con invitados vestidos de gala, contrastó enormemente con la realidad del país, hundido en la crisis desatada por la represión estatal a las protestas ciudadanas de 2018. 

En diciembre de 2019 ya habían desplegado por toda Managua otra muestra de poder y despilfarro, al colocar la ciudad bajo un estado policial con motivo de la boda civil de Camila y Noé. Entre la tarde del sábado 21 de diciembre y la madrugada del domingo 22, más de mil efectivos de la Policía (1,300, según Confidencial) se posicionaron en la ruta de la fortaleza de El Carmen a Pueblo Viejo, en las Sierras de Managua, donde se celebró el casamiento. 

Camila, hoy de 36 años, es conocida por ser la “sombra” de Rosario Murillo, sirviéndole como asistente en casi todas sus apariciones públicas. Es la mayor de las hijas biológicas del dictador y su mujer. 

En 2020 diversos medios de comunicación nacionales informaron que Noé Salas Cisneros es máster en Economía Agrícola con título de la Universidad de Hohenheim en Alemania y, hasta esa fecha, responsable de implementación de proyectos de la empresa Cargill. Su padre habría sido “un importante coronel del Ejército”. 

Juan Carlos Ortega y Xiomara Blandino se casaron el 4 de mayo de 2019.

De farándula

La pareja más conocida en la dictadura es la que forman Juan Carlos Ortega Murillo y la exreina de belleza Xiomara Blandino. Ambos vienen de separaciones matrimoniales, y según relató Blandino en una conversación con sus seguidores en Instagram, se casó por la vía civil con el hijo de Daniel Ortega y Rosario Murillo el 4 de mayo de 2019 se casó.

Blandino se casó antes con el cantautor Mario Sacasa, en una sonada ceremonia católica en diciembre de 2009. “Ahora ya somos esposos. Le ofrecimos nuestro amor a Dios enfrente de toda la gente que nos quiere”, expresó Xiomara Blandino en ese entonces.

En la conversación en que reveló su matrimonio con Juan Carlos Ortega, también confesó haber dejado la religión católica. “Desde hace unos años entendí, tomé la decisión de dejar de pertenecer a la iglesia católica. Empecé a visitar un grupo de oración cristiano en donde tuve la revelación personal de Dios y un sentir genuino en el que comprendí que mi comunicación con Dios es directa sin intermediarios. Respeto mucho la iglesia católica, pero entendí que mi camino está en otra dirección”, dijo.

La exreina de belleza dice haber recibido el apoyo de la familia dictatorial. “Gracias a Dios he recibido el apoyo, cariño y respeto de la familia de Juan”, expresó Xiomara Blandino, quien el 1 de enero de 2021 publicó en Instagram una fotografía suya abrazando una foto de Rosario Murillo, con la leyenda “Te amo Rosario, sos lo máximo». 

La Prensa Domingo

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    «Un hombre comenzó a escalar una montaña alta y empinada cuando una serpiente le pidió que lo llevara consigo. “Pero eres una serpiente”, dijo el hombre. La serpiente sonrió. ‘No te preocupes. No te morderé”. Después de días de ardua escalada, el hombre llegó a la cima de la montaña, donde la serpiente venenosa lo mordió. Mientras agonizaba, el hombre gritó: ‘¡Dijiste que no me morderías!’. La serpiente lo miró y dijo: “¡Ja! Sabías que era una serpiente cuando me recogiste”.

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