En la Biblia hay un pasaje épico que a mí siempre me ha impresionado. Es cuando Josué, al frente de sus soldados y por mandato del Señor, emprende la conquista de Jericó.
Cuenta la historia que Josué quería abatir las murallas inexpugnables que rodeaban la ciudad, pero se le había hecho imposible. Hasta que, por órdenes del Todopoderoso, mandó a los sacerdotes que con sus trompetas durante 6 días marcharan tocando en torno a las murallas, mientras la población civil les seguía invocando la ayuda del Altísimo, para alcanzar la victoria.
Al séptimo día, Josué lanzó la consigna prevista: ¡Alzad el grito! Y ordenó a los sacerdotes que tocaran sus trompetas hasta más no poder. Fue cuando las murallas comenzaron a caer hasta quedar completamente pulverizadas y ya con el camino despejado, pudo entrar triunfalmente a posesionarse de Jericó como lo tenía planeado.
He traído esto a cuenta porque en conversaciones que he tenido últimamente con algunos amigos, procedentes de Nicaragua he podido observar que hay cierto desencanto y cierta incertidumbre en cuanto al futuro de nuestro país, principalmente en lo relacionado a la permanencia en el poder de la dictadura de los Ortega Murillo. Hay quienes consideran que Nicaragua es una causa perdida, que lo mejor que pueden hacer es tratar de salir del país y buscar en otras naciones mejores condiciones de vida. Es muy posible que algunas de estas personas que así piensan están mal informadas, por lo que desde mi modesta posición de periodista opositor a varias dictaduras, voy a permitirme hacer algunas consideraciones:
Basado en la información pública y privada de que dispongo, la dictadura de los Ortega Murillo ha entrado ya en un proceso de descomposición que es irreversible. Es el desmoronamiento total del sistema de gobierno que han implantado y que está llevando al país a la completa ruina. En los 4 poderes del Estado hay problemas de corrupción, lo que acentúa la lucha por el poder con la impunidad garantizada. El asunto se ha agudizado debido a que está ocurriendo algo sin antecedente en la historia del FSLN: en el gobierno hay dos bandos o facciones, el que preside Ortega y el que encabeza la señora Murillo. Cada uno cuenta con sus vasallos, que doblan la cerviz únicamente ante quien los nombró para determinado cargo público.
Entre los empleados públicos hay desconfianza y nadie está seguro de que por la malevolencia de un chivato pase a formar parte de los desempleados y hasta ser encarcelado. El flujo migratorio hacia otras naciones no se detiene y alrededor de 700 mil nicaragüenses por razones económicas o políticas, entre los que se encuentran civiles y militares, se han visto obligados a salir del país, lo que demuestra la ineptitud del régimen imperante.
Como consecuencia de todo lo anterior, es fácil comprobar la desintegración de los poderes del Estado: la Corte Suprema de Justicia (CSJ), ya sabemos lo que pasó con las magistradas que la presidían; el Ejecutivo funcionando mal, con una política exterior errática por el cambio frecuente de los embajadores y en la Asamblea Nacional los fuertes señalamientos de enriquecimiento ilícito de su presidente, protegido de la señora Murillo. Hay gran expectativa por ver lo que sucederá en las próximas semanas con los jefes del Ejército y la Policía, pues el lema de la señora es “vamos con todo” y no se sabe hasta dónde piensa llegar en sus pretensiones dinásticas.
Para cualquier persona con dos dedos de frente es fácil llegar a la conclusión, de que un gobierno en proceso de descomposición y de desintegración no puede sobrevivir por mucho tiempo. Es como un edificio que tiene los cimientos carcomidos, no se puede mantener en pie. Y si el principal mal de que adolece es la corrupción, peor. Porque esta es como un cáncer que corroe las entrañas de las instituciones hasta llegar a su total aniquilación o sea su muerte.
Tengamos fe en el porvenir y con la ayuda de Dios, vendrá el día en que como en Jericó sonarán nuestras trompetas de la esperanza y abatirán las murallas de El Carmen, anunciándonos el advenimiento de una nueva era de justicia, progreso y libertad para el sufrido pueblo nicaragüense.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).