Joaquín Avendaño se convirtió en uno de los lanzadores más exitosos en la historia de los Dantos. En parte de ocho temporadas que militó con el equipo capitalino ganó 82 partidos en una llamativa consistencia. Y pensar que el nandaimeño solo deseaba jugar en el Bóer, conjunto que lo dejó fuera en el recorte tras fusionarse con los Industriales en 1986.
Avendaño también jugó con los Tiburones, Matagalpa y Estelí, hasta sumar 139 victorias y 1,015 ponches, más 30 juegos salvados, para asegurarse un lugar entre los mejores lanzadores del país. Su arma fue siempre una llamativa velocidad, pero sobre todo una curva de arco grande con la que hizo estragos a su paso por el beisbol nacional.
Quizá lo más curioso, es que Joaquín junto a Leonel Rojas y Pedro Centeno, otros dos lanzadores botados por el Bóer, se convertirían después en la base de los Dantos para establecerse como una hegemonía al final de los años ochenta, incluso pasando sobre el Bóer durante la Final de 1987 en la que Omar Cisneros le ganó a Alejandro Arana.
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Después de debutar con un registro pobre de 0-2 y 4.20 en solo 15 innings en 1986, pocos sospecharon que detrás de un escuálido cuerpo, calma casi pétrea y rostro aguilucho, había un tremendo lanzador. Y aunque todavía batalló un poco en los dos años siguientes, en 1988 logró 6-4 y 2.08 para luego darle paso a lo que sería su mejor etapa en el juego.
Un año después estaba con marca de 15-5 y 2.48. Consiguió 15-7 y 3.20 en 1990, antes de saltar a 18-10 y 2.64 en 1991, año en el que lanzó 239 innings, mientras alcanzaba 14-9 y 3.43 en 1992, para después bajar un poco a 12-10 y 4.54 en 1993, en la última temporada de los Dantos, quienes salieron del escenario por varias campañas.
Y cuando se pensó que su cuerda se estaba terminando, Avendaño logró un registro de 16-10 y 4.09 en 2000 innings con los Tiburones de Heberto Portobanco, con quienes consiguió, además, 13-4 y 3.70 en 1996, en la que sería su última gran temporada de nivel, antes de hacer un tour por varios equipos como Chinandega, Matagalpa y Estelí.
Al final, cuando se retiró, Avendaño tenía registro de 139-91 y 3.53 en 1,759.1 innings, con 1,015 ponches y 75 juegos completos, de ellos 16 blanqueadas. También se anotó 30 juegos salvados, con lo que terminó de darle forma a una sólida carrera, la que incluso lo llevó a la Selección Nacional en 1990, cuando se ganó el subcampeonato en Edmonton.
Originario de la comarca Los Ángeles, en Nandaime, Granada, Avendaño fue bautizado como el “curvero de los Ángeles” por Pedro “El Pelón” Torres cuando estaba en su apogeo. Además de trabajar como coach de pitcheo brevemente en algunos equipos, Joaquín se ha dedicado también al cultivo de la tierra en su zona, reveló en varias entrevistas.