Hace una semana cayó el telón en los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile 2023 y las hazañas, proezas, récords y también las frustraciones de los atletas ya están en los libros que recogen las historias para medir después el esfuerzo y resultados de los deportistas del futuro, quienes tienen ahora nuevas referencias para ir en busca de los límites humanos.
Sin embargo, la satisfacción del deber cumplido y el éxtasis de la victoria alcanzada perduran para siempre. Y justo eso es lo que experimenta ahora Elián Ortega, el brillante taekwondista capitalino quien salvó el honor de la delegación nicaragüense en la justa continental, a la cual con frecuencia nuestros atletas van casi como espectadores.
Ortega ha alcanzado triunfos sin precedentes en la historia deportiva nacional porque hace sacrificios también sin precedentes. Sus dos medallas de plata en la modalidad de pomsae individual y pomsae en pareja mixta, junto a Ingrid Darce, fueron el punto luminoso de la representación pinolera en Santiago, donde por poco se regresa con las manos vacías.
Su labor en Santiago le permitió, además, igualar el récord de dos medallas de plata en Juegos Panamericanos que el pesista Orlando Vásquez había establecido en La Habana en 1991 y Mar del Plata en 1995, cuando, además, ganó dos preseas de bronce en cada una de esas ediciones. Ortega lo hizo ahora en unos mismos juegos y eso no tiene antecedente.
Antes de la hazaña en Chile, Elián había conquistado la cuarta medalla de oro para el país en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe, lo que generó mucho optimismo sobre lo que podía realizar en Santiago, donde superó a sus oponentes de Estados Unidos y Puerto Rico, antes de ceder ante el mexicano William Arroyo, a quien había superado antes.
No obstante, lo impresionante es que detrás del esfuerzo y resultados de Ortega, hay todo un fuerte respaldo familiar que le ha metido el hombro a fondo desde sus inicios hace más de doce años, con su papá Martín Ortega (q.e.p.d) y su mamá Mayra Velásquez a la cabeza, quienes no han escatimado tiempo y recursos para impulsarlo.
Ortega indicó que en la mayoría de los eventos en los que participa en su preparación, sino en todos, han tenido que pagar inscripciones, transporte, alimentación y hospedaje, con el fin de llegar en las mejores condiciones posibles y así poder hacer realidad sus sueños de ganar medallas, justo como lo ha conseguido en todos los torneos a los que asiste.
Y mejor aún, Elián es un profesional graduado como ingeniero en computación y con un trabajo en una empresa transnacional establecida en Uruguay, con lo que le da forma total al ejemplo en el que se ha convertido para los niños y jóvenes, quienes aspiran trascender en los deportes, pero sin descuidar los estudios para garantizarse un futuro mejor.
Una semana después de concluidos los Juegos de Santiago, el impacto de Elián está intacto y debe servir como un patrón para medir el esfuerzo de los atletas que vendrán después.