El otro día, mientras estaba en un supermercado de San José, se me acercó un hombre rechoncho, de andar pausado, patizambo, más o menos de unos 60 años —lo que deduzco por su cabello plateado— de mirada torva y con todas las trazas de un sayón, quien después de asegurarse mi identidad personal me increpó diciendo: “Vos escribiste en LA PRENSA que nosotros los sandinistas somos neronianos, si con esto querés decir que el comandante Ortega es como Nerón estas equivocado. Por ahora solo queremos exigirte una explicación, pero si seguís despotricando, atenete a las consecuencias”.
Al esbirro orteguista, que solo dijo llamarse Napoleón, le contesté que eso lo había escrito hace bastante tiempo, pero que con mucho gusto le daría la explicación que me pedía. Es lo que hago ahora, basado en dos puntos fundamentales: el primero, en lo que expresa Tácito (59-119 después de C.) el historiador latino, en su obra cumbre Anales, sobre la historia de Roma: “La ley de la historia consiste en no decir nada falso, ni omitir nada verdadero”. Y segundo, en el derecho que tenemos todos los nicaragüenses a la libertad de expresión.
Para hacer este breve análisis comparativo del emperador Nerón y del dictador Ortega, he tenido que recurrir a uno de los historiadores de mayor prestigio universal. Me refiero a Cayo Suetonio Tranquilo (75-160 a.de.C) quien además era un excelente periodista. Entre sus principales obras cabe destacar: Los prados y la más conocida Vida de los doce césares.
Veamos entonces en qué se parecen Nerón, según Suetonio, y Ortega según los críticos del régimen:
- Nerón fue acusado de lesa majestad, Ortega está acusado de lesa humanidad.
- Nerón regalaba trigo, trajes, oro, plata, piedras preciosas, esclavos, casas y tierras a su guardia pretoriana para mantener su respaldo incondicional. Ortega regala ascensos, tierras, casas, sinecuras y granjerías a los altos mandos del Ejército y la Policía, con el mismo fin.
- Nerón perseguía a los cristianos porque eran personas llenas de ideas nuevas a quienes temía y fueron entregados al suplicio. Ortega, persigue y trata de aniquilar a la Iglesia católica, encarcela a sacerdotes y mantiene secuestrado a monseñor Rolando Álvarez, porque defienden sus derechos de practicar su religión y los derechos humanos de los nicaragüenses.
- Nerón trataba de opacar la figura de sus competidores. Ortega secuestró en sus mazmorras a los pre-candidatos presidenciales para las elecciones de noviembre del 2021.
- Nerón antes de partir a Grecia regaló cantidades de dinero a los que habían elogiado sus composiciones musicales y les otorgó la ciudadanía romana. Ortega a los expresidentes de El Salvador y Honduras, prófugos de la justicia, les regaló la ciudadanía nicaragüense porque bailan al son que les toca.
- Nerón cuando hablaba en público o declamaba sus horrendos poemas exigía que lo aplaudieran, los jefes de estos aduladores ganaban 40 mil sestercios. Ortega obliga a los empleados públicos a que vayan a aplaudir sus peroratas, vacías de contenido, so pena de perder sus empleos. A los jefes de los aplaudidores les paga 500 córdobas por comparecencia.
- Nerón entró en Nápoles manejando un carro tirado por caballos blancos. Ortega más a tono con la modernidad, cuando sale de su enclaustramiento maneja un Mercedes Benz último modelo.
- Nerón quería hacer un canal comunicando el Arverno con el Puerto de Ostia de 160 millas de largo, para eso pensaba valerse de todos los presos de Italia. Ortega quería hacer el Canal Interoceánico en Nicaragua, con el apoyo de los chinos, arrebatándoles y dejando sin su patrimonio familiar a los campesinos nicaragüenses.
- Nerón concluyó, en fin, por despojar a la mayor parte de los templos y fundir todas las estatuas de oro y plata en su propio beneficio. Ortega ha confiscado a 3,500 ONG, el Diario LA PRENSA, 25 universidades, haciendas y casas para beneficio de él, su familia y sus allegados.
Espero que después de esta explicación basada en documentos históricos irrefutables recopilados por Suetonio y en la triste realidad que estamos viviendo actualmente los nicaragüenses, sirva no para zaherir a nadie sino muy por el contrario, para hacernos ver la necesidad de que nuestro país encamine sus pasos hacia el cambio democrático, con igualdad de oportunidades para todos.
El autor es periodista, secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).