Aun sin tener las habilidades ofensivas de Marlon Abea, la velocidad sobre las bases de Adolfo Matamoros y mucho menos la integralidad de Vicente López, el nombre de Julio Vallejos estará siempre en las conversaciones sobre los mejores receptores del beisbol nacional gracias a su impresionante brazo y a sus notables destrezas defensivas.
Vallejos apareció en la Selección Nacional en 1991 como suplente de Genaro Llanes en la Copa de Barcelona y tras estar a la expectativa en busca de una oportunidad, se convirtió en el titular a partir de 1993 durante la Copa de Italia y permaneció ahí hasta 2003. En ese período, solo había que buscarle un receptor de respaldo. Él era dueño de los arreos.
A menudo metido en polémicas por sus palabras y a veces por sus actitudes, Vallejos fue siempre un jugador corajudo, valiente y competitivo. Su corazón guerrero era más grande que su físico, pero sobre todo resaltaba su brazo entre sus herramientas, aunque defendía bien y corría bien sobre las colchonetas, una habilidad no usual en los cátcheres.
Su debut como titular en Italia en 1993 fue estupendo. A parte de registrar un modesto .267 de promedio al bate, atrapó a 14 de 18 corredores que le salieron de robo, mientras que un año después, en Managua, durante el Mundial, bateó 250 (28-7) y “fusiló” a cuatro de seis corredores que retaron su escopeta. Su leyenda comenzó a extenderse.
Durante los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, Vallejos siguió haciendo estragos con su defensa, pero sobre todo con su brazo. Su bate era bastante silencioso, tanto que en ese torneo terminó con .154, pero asombró con su rifle a atrapar a 11 de 13 corredores que se atrevieron a retarlo. Sus cifras eran realmente fuera de la común.
Y así su historia fue creciendo, tanto que con los años dejaban de intentar robarle una base, porque probablemente no tendrían éxito. Cuando llegó el final de su presencia en el equipo nacional, Julio tenía un registro de 50 atrapados en 65 intentos, lo cual es una exageración. Eso es un 76.9 de éxitos atrapando corredores.
Esto no es una comparación porque son contextos distintos, pero para situar en perspectiva lo que hizo Vallejos, hay que señalar que en Grandes Ligas cuando se atrapa más del 30 por ciento, es magnífico. El mejor promedio de todos los tiempos lo tiene Roy Campanella con 57 por ciento. Iván Rodríguez 46, Yadier Molina, 44 y Johnny Bench, 43.
Ahora, Julio no era un feroz bateador, pero tampoco era out por regla, aunque sin duda su bate no era su principal herramienta. Julio tuvo eventos de .286 en los Juegos CAC en Ponce, Puerto Rico, en 1993 y .248 en el Mundial de Italia en 1998 donde, además, empujó nueve carreras en ocho juegos, solo superado por Norman Cardoze y Henry Roa.
A nivel local, Vallejos terminó con .244 luego de 24 temporadas en las que sumó 1,103 hits, de ellos 83 jonrones, en su mayoría con los Leones, equipo con el que ganó tres campeonatos. Cuatro veces bateó sobre .300, incluyendo su mejor año, 1993, cuando cerró con .329, 19 jonrones y 92 empujadas, cifras muy serias.
Sin embargo, fue su brazo el que le garantizó un lugar importante en la historia.