Nunca se había visto

Cuenta la historia que cuando el gran poeta peruano César Vallejo (1892-1938), autor de España, aparta de mí este cáliz y Los heraldos negros, estaba en una clínica en París, Francia, en los últimos estertores de su  muerte, tuvo una fantástica aparición del aeda nicaragüense que había fallecido muchos años antes y que ante el asombro de los presentes, Vallejo levantando su mano derecha exclamó: “¡Altas sombras acuden y Darío pasa con su lira enlutada!”

Al recordar tan insólito acontecimiento es preciso que demos alas a nuestra imaginación para plantearnos una hipótesis, tal vez peregrina, de que si Rubén Darío vino a este mundo “con su lira enlutada” para saludar a su amigo en su tránsito hacia la eternidad, ¿qué estará pensando ahora desde el empíreo cuando ve a su “Nicaragua de lagos y volcanes” sufriendo los desmanes de la dictadura de los Ortega-Murillo? Dejo a mis lectores la respuesta a esta terrible interrogación.

Porque la verdad es que en Nicaragua se están viendo cosas inverosímiles que ya resultan intolerables  para cualquier persona que tenga uso de razón y que no haya perdido el sentido de la dignidad:

Nunca se había visto, que en tiempos de paz, un par de sátrapas apoyados por una pandilla de facinerosos que dicen representar al Ejército y la Policía, arremetieran salvajemente en contra de un pueblo inerme, hasta producir 355 muertos, solo por el hecho de reclamar sus derechos a vivir en democracia y libertad. Nunca se había visto, que un gobierno cuya una de sus principales funciones debe ser dar educación al pueblo, esté estúpidamente obsesionado en cerrar escuelas, universidades y centros de educación superior, negándole de esta forma a nuestra juventud la oportunidad de superarse y contribuir al futuro desarrollo de nuestra querida Nicaragua. Nunca se había visto, que una pareja de inadaptados, asumieran ilegítimamente el poder para desde esa posición cimera, tratar de destruir a nuestra Iglesia católica, encarcelando a  sacerdotes y a monseñor Rolando Álvarez, dignos guías espirituales de nuestra nación.

Lo triste del caso es que muchos de nosotros creíamos que esas eran cosas del pasado, que nada tenían que ver con el siglo XXI. Que como la mayoría de los pueblos estábamos en un país civilizado. Pero no es así. Veamos lo que ocurría hace 2,500 años en Tebas y lo que ocurre hoy en Nicaragua:

En los albores de la humanidad vemos en la antigua Grecia a Teseo, rey de Atenas (420 a. de C.) dando lecciones de democracia a los tiranos de Tebas, que como los Ortega- Murillo en la actualidad atropellaban sistemáticamente los derechos humanos y las leyes amparados en su malvada impunidad. Eurípides, en Las Suplicantes, pone en boca de Teseo una descripción de lo que es y pretende ser el jefe del ejército en el Estado totalitario de Tebas, digna de compararse con el comportamiento del general Julio César Avilés, jefe de la guardia pretoriana al servicio de la familia gobernante con pretensiones dinásticas. Dice así: “Ser jefe del ejército, superar a los otros tiránicos, tener en su mano la fuerza, adquirir riquezas y renombre: ¡esos son sus ideales! ¿Qué le importa que la mayoría sufra?”

Frente a tal circunstancia, la pregunta es: ¿Acaso ya han borrado, como acostumbran hacer, de la Constitución de la República el Arto. 93 que textualmente expresa: “El Ejército de Nicaragua es una institución nacional de carácter profesional apartidista, apolítica, obediente y no deliberante”? ¿Qué hace el jefe del Ejército en violación flagrante de este artículo constitucional, participando en actividades políticas-partidistas y rindiendo honores a la bandera rojinegra del partido FSLN, que solo corresponden a la bandera azul y blanco de la patria?

Antes de concluir con la presente entrega, quiero expresar mi más enérgica condena a la brutal agresión perpetrada por los grupos terroristas de Hamás en contra del noble pueblo de Israel el pasado 7 de octubre. Asimismo, hago pública exhortación al secretario general de la ONU, señor Antonio Guterres y a su Consejo de Seguridad, para que pongan todo su empeño en encontrar una pronta solución a este problema, que evite continúe el irracional derramamiento de sangre entre dos pueblos que deberían haberse hermanado desde hace mucho tiempo.

El autor es periodista  y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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