No son las estadísticas o los títulos los que hacen a un atleta memorable, sino las imágenes que deja grabadas en la memoria colectiva. Eustace Martin fue uno de los jugadores menos productivos en la historia del Bóer y, sin embargo, su juego electrizante y el entusiasmo que le imprimía a cada acción, han hecho que su recuerdo sea consistente.
Martin fue un caso muy curioso. Se trataba de un jardinero de buena defensa, pero discreto brazo. Veloz en las almohadillas, pero bastante errático al recorrerlas, tanto así que solo una vez robó más de diez bases en una temporada. Y solo en una de sus cinco campañas logró un promedio ofensivo por encima de los .250, que fue el .311 en 1986.
Nacido en Bluefields el 1 de diciembre de 1960, Martin debutó con la Costa Atlántica en la temporada de 1981 y resumió .243 (111-27) con 22 anotadas y 12 empujadas, más 15 robos en 20 intentos, que fue la máxima cifra en su carrera. Se ausentó dos años del beisbol y volvió con los Productores de la UNAG en 1984, con .227 (66-15).
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En 1985 llegó al Bóer y aquello fue amor a primera vista con los fanáticos. Sus corrings, a menudo suicidas, sus atrapadas por todos lados en el outfield y sus batazos en momentos cruciales le permitieron entrar en el sentimiento popular, a pesar de que su promedio fue de .246 (179-44) con 24 anotadas, diez remolques y ocho bases robadas.
Su mejor actuación llegó en 1986, cuando terminó con .311 (225-70) con cuatro jonrones, su máxima cifra, 44 anotadas y 29 empujadas, más ocho robos en 13 intentos. Para ese momento ya estaba convertido en una figura del Bóer que, a pesar de ser un equipo flojo, acarreaba una gran cantidad de fanáticos y Martin era una de sus razones.
Cuando a finales de 1986 se dio la fusión Bóer-COIP, Martin se quedó en el equipo y se encargó de los jardines junto a Apolinar Cruz y Bayardo Pérez, pero su rendimiento bajó a .242 (182-44) con 26 anotadas y 16 empujadas, mientras robaba nueve bases en 12 intentos. Lo que nadie imaginó, es que esa sería su última temporada.
Así que después de cinco campañas, Eustace se retiró con un promedio vitalicio de .262 por 200 hits en 763 turnos, con 122 anotadas, 70 empujadas, siete jonrones, 47 bases robadas, 66 bases por bolas y 138 ponches. Sin embargo, en la afición del Bóer, el recuerdo es mucho mejor que lo que podrían indicar las frías estadísticas.
Martin fue un impacto fugaz y a la vez duradero entre los boeristas. Permanece en el recuerdo de los seguidores de la tribu, un equipo que luego se hizo mejor al ritmo de Nemesio Porras y el aterrizaje posterior de Ramón Padilla, Freddy García y Sandy Moreno, los nuevos dueños de los jardines, junto a Orlando Ocampo, el designado.