La vida le puede cambiar con 29 años a Gerardo Zapata, quien peleará título mundial contra Jonathan “la Bomba” González el 27 de octubre en Nicaragua. Cuando se conversa con él denota ser un tipo auténtico, sencillo y que en su lenguaje la palabra más reproducida es boxeo. Le llaman el Cascabel porque cuando pequeño en su casa tenían una gallera y era el más rápido de todos para atrapar a las aves, ahora esa velocidad la volcó al pugilismo en donde presenta herramientas interesantes para tratar de tumbar al campeón de la OMB de las 108 libras.
Zapata entró al boxeo con nueve años. La primera vez que peleó fue en un callejón, luego con el tiempo miró la evolución que había conseguido y, al darse cuenta que faltaba mucho a clases por irse al gimnasio a boxear, decidió que los suyo no era el colegio, sino el pugilismo. “Más tarde regresé a estudiar los fines de semana, pero no era para nada igual”, confiesa el Cascabel que a diferencia de muchos que ven el noble arte como una vía de escape de la pobreza, vivía tranquilo, pero sintió la necesidad de sacrificarse porque le gustaba el deporte. “Una vez pensé, no bebo guaro, no fumo ni salgo a fiestas, lo mío es el boxeo”, sonríe Zapata al reflexionar sobre su pasado. Aunque su tío, quería que fuera beisbolista en un principio a Zapata nunca le gustó.
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Curiosamente, aunque el Cascabel ha hecho sparring con monarcas de gran nombre como Jesse Rodríguez, Junto Nakatani o el mismo Chocolatito, el peleador que más admira no es a ninguno de ellos. “Admiro mucho a Félix Alvarado. Me gusta su esfuerzo, lo humilde que es y los consejos que me da”, admite.
Si Zapata gana, destronaría al campeón de la OMB el boricua González, le dedicará el título a tres personas que ya fallecieron. “A mi abuela, a Berni, quien era promotor, y a don Pepe, el papá de mi entrenador”. El Cascabel no espera que la Bomba González se quede al intercambio, así que se prepara para cerrarle los espacios y buscar el triunfo por cualquier vía: KO o decisión.