¿Se ha descarrilado la Locomotora?

A través de los años, he escrito artículos de opinión en LA PRENSA sobre el extraordinario crecimiento económico de la República Popular China desde la muerte de Mao en 1958.  Más específicamente los gobiernos chinos, encabezados por Deng y ahora por Xi, entre otros, abandonaron las fracasadas políticas socialistas heredadas de Mao que habían condenado la China a la extrema pobreza. En su lugar, el “reino central” —que es la traducción al español de la palabra “China”—  optó por la economía de mercado con resultados espectacularmente positivos. En menos de dos generaciones la economía china, cuyo tamaño era solamente igual al diez por ciento del de la estadounidense, creció a un ritmo de más de 10 por ciento anualmente, y en menos de dos generaciones se convirtió en la más grande del mundo. ¡Sí, aún más grande que la estadounidense, según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI)!

 Otros países asiáticos —como Japón y Corea del Sur— también dieron tremendos saltos económicos y sociales hacia adelante al implementar políticas de mercado, pero nunca en la escala de la China en donde más de 800 millones de sus habitantes pasaron de la extrema pobreza a mejor vida. ¡Nunca en la historia se había dado semejante cambio económico positivo en tan poco tiempo!

 Veamos las cifras. Entre 2000 y 2022 la economía norteamericana creció a un ritmo de 1.6 por ciento anualmente. Durante ese mismo período, la de la China creció 10 por ciento anualmente. Gracias a este período de crecimiento acelerado, la economía china creció del 11 por ciento del tamaño de la economía global al 18.5 por ciento mientras que la “tajada” norteamericana de la economía mundial bajó del 21.9 por ciento al 15.6 por ciento.

 Hoy la República Popular China es toda una potencia industrial, económica, comercial y militar. El único otro país que “escupe en esa misma rueda” es justamente Estados Unidos. Por cierto, la China es acreedor de Estados Unidos. Es dueña de 860 mil millones de dólares en deuda pública estadounidense debido, en parte, al déficit que Estados Unidos ha acumulado en su comercio con la China. Esta cifra es mayor que el tamaño de las economías de Chile, Colombia, Venezuela y la República Dominicana ¡combinadas!

 A pesar de lo anterior, no todas las cifras económicas de la China son tan favorables. Por ejemplo, el ingreso per cápita chino —una manera de medir el bienestar de la población— ha subido de US$1,000 en 1958 —o sea a finales de la época de Mao— a US$12,150 en el presente. Esto representa un gran adelanto. Pero sigue siendo muy por debajo del ingreso per cápita de Estados Unidos, que es US$35,000. También es bajo comparado al de todos los países de la Unión Europea. ¡Y también es más bajo que el de Taiwán que anda por los US$33,000!

 A propósito de Taiwán, la relación China-Taiwán es potencialmente una de las más conflictivas del mundo. Para Beijing, Taiwán pertenece a la China, y uno de los pilares más importantes de la política externa de la República Popular China es incorporarla a su territorio. El gobierno de Taiwán, por su parte, insiste en su independencia. Por eso algunos temen que la relación entre ambas naciones podría deteriorar hasta el punto de detonar una guerra que podría, incluso, degenerarse en un conflicto mundial por la alianza, de hecho, que existe entre Washington y Taipéi (la capital de Taiwán).   

Habiendo visitado a ambas Chinas, mi percepción es que la relación entre la China y Taiwán no es ni tan conflictiva como muchos creen. Por ejemplo, el comercio entre ambos países ha ido aumentando y ahora es estrecho y creciendo. Anda por aproximadamente US$275 mil millones anuales. Esta cifra supera el comercio entre Taiwán y Estados Unidos. Y la inversión de empresarios taiwaneses en la China también es enorme. Anda por US$200 mil millones. Obviamente los empresarios taiwaneses han “hecho las paces” con sus compatriotas en la China a como también hay un acercamiento entre el partido comunista chino y el Kuomintang, el partido “nacionalista” de Taiwán, que es uno de los dos grandes partidos de Taiwán. Ambos partidos comparten la tesis que solo hay una China y que la unión entre Taiwán y la República Popular China es deseable e inevitable. Lo único que está en juego es cómo y en cuanto tiempo se logrará esa unión.

Desde el estallido del coronavirus —en la China, por cierto— algunas de las noticias que han ido saliendo de la China apuntan a que el “milagro chino” se está agotando. Sinólogos apuntan a errores cometidos por Beijing que están socavando al crecimiento acelerado del país. Entre estos están, por ejemplo, el hecho que ineficientes empresas estatales continúan siendo una parte importante de la economía china, a pesar de ser una suerte de ancla que está disminuyendo su crecimiento económico. También señalan que el envejecimiento acelerado de su población —producto de una política demográfica equivocada que por décadas limitaba los matrimonios a no más que una criatura— resultará en un futuro próximo una situación en que un bajo porcentaje de “productores” tendrá que mantener a un cada vez mayor número de personas de la tercera edad consumiendo, pero no produciendo.  

Como prueba de que la locomotora económica china se está descarrilando, hay algunas cifras que apuntan a un crecimiento chino menos robusto que en el pasado. También el gobierno de Xi, el actual presidente de la China, está optando por un creciente secretismo en cuanto al desempeño económico del “reino central”. Por ejemplo, Beijing ha dejado de compartir estadísticas relacionadas al desempleo entre los jóvenes. Esto seguramente porque la cifra no es buena.

En conclusión, mi lectura es que la China sigue siendo una gran potencia económica. Quizás ya no es la poderosa locomotora de la economía global que ha sido en las últimas décadas. Pero no se ha descarrilado. Sigue creciendo, ¡aunque en cámara más lenta!

El autor fue director del Banco Mundial y presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional de Nicaragua.   

Opinión
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