La Educación Superior en Nicaragua, en los últimos cinco años, ha sufrido ataques sistemáticos de la dictadura Ortega-Murillo. La esteliana Ramona Rodríguez Pérez, rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) y presidenta del Consejo Nacional de Universidades (CNU), es una de las funcionarias que ha apoyado, sin rechistar, cada una de las decisiones del orteguismo.
Rodríguez Pérez apoyó e impulsó –en los últimos años– el desalojo armado de estudiantes que se atrincheraron en protesta contra la dictadura orteguista en la UNAN-Managua. Dirigió la expulsión de más de 150 estudiantes de universidades públicas de Managua, León, Matagalpa, Estelí, Carazo y Chontales, que participaron de las protestas sociales de 2018. Fue parte –junto al poder judicial y el Ministerio de Gobernación– del engranaje para despojar almas maters privadas y subvencionadas. Inauguró “nuevas” universidades sobre campus robados, imponiendo proselitismo político, cercenando la autonomía universitaria y obligando a miles de estudiantes a participar en actividades políticas del Frente Sandinista.
La dictadura Ortega-Murillo, junto a Rodríguez Pérez, ha cancelado y se ha apropiado de facto, desde diciembre de 2021 hasta agosto de 2023, de al menos 28 universidades, según un conteo realizado por LA PRENSA.
Entre las universidades canceladas y confiscadas están: Universidad Centroamericana (UCA), Universidad Hispanoamericana (Uhispam), Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), Universidad Católica del Trópico Seco (Ucatse), Universidad Nicaragüense de Estudios Humanísticos (Uneh), Universidad Popular de Nicaragua (Uponic) y Universidad Paulo Freire (UPF).
Lea también: Estas son las universidades que el régimen de Ortega y Murillo han confiscado en tres años
También la Universidad Internacional de la Florida, Universidad Estatal de Michigan, Wake Forest University, Corporación Universidad de Mobile, Universidad Particular en Ciencias del Mercado, Asociación Universidad Thomas More (UTM), Asociación Universidad Centroamericana de Ciencias Empresariales (UCEM), Universidad Thomas More, Universidad Juan Pablo II y Universidad Cristiana Autónoma de Nicaragua (UCAN), Universidad Panamericana de Nicaragua (UPAN), Universidad del Pacífico (UNIP) y Universidad Rubén Darío (URD).
De igual manera ocurrió con la Fundación Pro Universidad Metropolitana (Unimet), Asociación Universidad del Norte de Nicaragua (UNN) y Asociación Universidad Adventista de Nicaragua (Unadenic), Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King Jr (Uenic MLK) y Asociación Universidad de Occidente (UDO).

Rodríguez Pérez se aferró al FSLN para «ascender»
Ramona Rodríguez Pérez, de 63 años, es licenciada en Ciencias de la Educación con mención en Biología, del Centro Universitario Regional del Norte Leonel Rugama (CURN-Estelí). Tiene un posgrado en Especialización en Metodología de la Investigación Científica, cursado en la UNAN-Managua, y un máster en Medio Ambiente y Recursos Naturales, de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Mientras cursaba la carrera de magisterio, según medios locales de Estelí, consiguió su primer empleo como docente de secundaria en la Escuela Normal de Estelí, gracias a que fue recomendada por el sandinista Víctor Ruiz Vílchez, quien falleció en 2019 y fungió como eterno asesor de la Alcaldía de ese municipio.
En 1988 —siempre con el beneplácito del Frente Sandinista—, Ramona Rodríguez escaló y fue ubicada como docente del Centro Universitario Regional del Norte (CURN-Estelí).

En diez años, la carrera magisterial de la funcionaria orteguista subió como espuma, gracias al partido político al que pertenece, ocupando diversos cargos administrativos, sindicales y académicos en la UNAN-Managua y Estelí, entre estos: subdirectora administrativa del CURN, dirigente sindical durante cuatro períodos, directora CURN-Estelí durante tres períodos y decana de la Facultad Regional Multidisciplinaria (Farem-Estelí), durante un período de cuatro años.
Premiada por su fidelidad a la dictadura
Ramona Rodríguez, en entrevista con la revista El Esteliano, divulgada en mayo de 2006, afirmó que estaba «convencida de que tenemos una juventud muy preparada, capaz y con un alto nivel para proponer y crear. Son capaces de hacer que nuestro país sea mejor, por lo que los insto para que se planteen metas a medio y largo plazo, que aprovechen los valores y el esfuerzo que reciben de sus padres».
Además, los invitó a contribuir «a fin de tener una vida y una sociedad mejor, revalorizando lo nuestro. A toda la sociedad les recuerdo que debemos aprovechar las iniciativas y creatividad de nuestros jóvenes, debemos dejar que se desarrollen».
Contradictoriamente, a esos jóvenes que una vez aconsejó ahora les cercena sus sueños de superación, cerrando las universidades en las que decidieron estudiar, prepararse, con el fin de ser profesionales que aportan a una sociedad mejor. Además, ha apoyado que sean atacados, expulsados, borrados sus registros académicos, privándolos de su derecho a la educación, libertad de cátedra, y autonomía universitaria.

Del magisterio a concejal
No satisfecha con el magisterio, en 1999 Ramona Rodríguez Pérez participó de los comicios municipales de ese año, quedando electa como concejal del Frente Sandinista, cuando la fórmula de Francisco Valenzuela Blandón y Pedro Calderón Matamoros, quedó como alcalde y vicealcalde de Estelí, respectivamente.
Tras cumplir su período de cinco años como concejal de Estelí, el Frente Sandinista volvió a colocar a Rodríguez dentro del magisterio, fungiendo como docente en la UNAN-Managua, y luego vicerrectora general de esa misma universidad en el período 2010-2014, para luego ser premiada, en 2015 con tres períodos consecutivos que concluyen hasta 2026, como rectora de esa casa de estudios.
Adicional a esto, Rodríguez Pérez fue ubicada desde 2019 como presidenta del CNU y en 2021 fue electa presidenta del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA).
La dictadura Ortega-Murillo incluso premió a Ramona, en diciembre de 2018 —ocho meses después que esta permitió el ingreso de las fuerzas armadas de la Policía orteguista a la UNAN-Managua, para el desalojo de los estudiantes atrincherados—, con la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, argumentando que la funcionaria orteguista, responsable de la «muerte académica» de centenares de estudiantes de universidades públicas, ha «aportado al desarrollo de la universidad pública nicaragüense».