No es fácil decir adiós cuando has pasado 18 años dedicado al pugilismo, cuando creaste una promotora desde cero para consolidarla como una de las mejores del país. He visto cómo Marcelo Sánchez, presidente de Pinolero Boxing, ha hecho malabares para sobrevivir en los últimos meses, y el anuncio de su cierre refleja un punto importante que afecta al boxeo nicaragüense, desnudando una cruenta realidad.
De las promotoras que existen en el país, solo Pinolero Boxing dependía estrictamente de la empresa privada y, según me comentó Sánchez, en algunos momentos a lo largo de los años lograba hacer convenidos con alcaldías de los departamentos para montar carteleras (antes de 2018), pero eso no era el motor principal económico de Pinolero Boxing. Ahora con su cierre desnuda que la verdadera empresa privada del país no tiene recursos para invertir en el boxeo, en otras palabras, las promotoras con vida son ligadas al gobierno, recibiendo altas cantidades de dinero a través de las alcaldías y patrocinio de empresas ligadas al gobierno.
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Pero Sánchez no solo tenía que batallar con el factor económico, sino con la presión de la Comisión Nicaragüense de Boxeo Profesional (Conibop), el órgano encargado de regular el pugilismo rentado en el país. El problema de la Conibop es que perdió el rumbo de su objetivo muchos años atrás, politizándose y convirtiéndose en todo lo que ellos prometieron combatir. Tan así que con la muerte de Keyving Magdiel Hernández González tras su combate de debut, callaron.
Mientras la economía siga hundida y el ente regulador politizado, el boxeo nicaragüense no tiene futuro, y un ejemplo de ello es la migración masiva de peleadores al exterior.