Vicente López junto al gran Roberto Clemente durante el Mundial de 1972. PRENSA/Oscar Navarrete.

Vicente López, el mejor receptor de todos los tiempos en Nicaragua

Un cátcher completo, el mejor para los conocedores del beisbol nacional. Dueño de un bate caliente, defensa segura, brazo poderoso e inteligente conduciendo el juego

Los fanáticos admiraban a Vicente López porque era admirable. Su imponente estructura física dio siempre la impresión de estar revestida de bronce, mientras que su temperamento firme y su voz de mando le conferían la inconfundible autoridad de un líder. Era jovial, sin petulancias, pero orgulloso de su trabajo. Un competidor feroz.

Vicente es, para los conocedores del beisbol nacional, el mejor receptor nicaragüense de todos los tiempos. El más completo. Su bate reunía habilidad para hacer contacto con la bola y poder para conectar jonrones. No había fisuras en su defensa y su brazo imponía el orden siempre, además, conducía el juego con gran inteligencia.

“Hay receptores con más jonrones, con más empujadas, con más hits que Vicente, pero se debe a que tuvieron carreras más extensas y fueron acumulando cifras, pero en el contexto en el que jugó Vicente, en los años setenta con el pitcheo que había, la diferencia entre él y los demás fue rotunda”, dijo el historiador Bayardo Cuadra.

Nacido en la comarca Quebrada Seca, San Isidro, Matagalpa, el 19 de abril de 1945, López jugó solo 13 campañas en Primera División, y de ellas, cuatro de menos de 50 juegos. Así que en total jugó 792 desafíos y acumuló average de .320, con 872 hits, 116 jonrones, 510 anotadas y 508 empujadas, mientras se robaba 71 bases, con 225 ponches y 255 boletos.

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La dificultad de Vicente que es tenía combinar el beisbol con sus ocupaciones en el campo. Además de dedicarse a la agricultura, también transportaba arroz en su camión y muchas veces se vio privado de actuar en los partidos por sus compromisos fuera del juego. “Si tenés una familia, tenés que trabajar duro”, solía explicar.

“Para mí Vicente solo es comparable con Jorge ‘Conejo’ Hernández o Julio ‘Canana’ Sandoval, quienes hicieron historia antes de los años setenta, y en la era moderna, que inicia de los setenta para acá, nadie le pone un pie adelante a él”, le aseguró el historiador Julio Miranda a Oscar González en una entrevista con LA PRENSA.

Sin embargo, no todo fue fácil para López, quien bateó solo .218 en su primera campaña con el Managua en 1970, pero al año siguiente trasladado al Carazo, enseño lo que tenía con un promedio de .360 (178-64) en la primera de cinco temporadas seguidas sobre esa mágica cifra, aunque su momento cumbre llegó en 1978 con Estelí.

Ese año (1978) López terminó con .437 (332-145), el promedio más alto para un bateador nica hasta que fue superado por los .439 de Nemesio Porras en 1992. Además, Vicente dio 34 jonrones y remolcó 91 carreras en 87 juegos, a más de una empujada por partido. En siete de sus 13 temporadas, terminó sobre los 300 puntos.

A la Selección Nacional llegó en 1969, un año antes de su debut en Primera División, tras brillar en lo que se llamaban ligas interdepartamentales. Y se mantuvo hasta 1979, debido a que decidió concentrarse en sus actividades laborales. Aún estaba entero, tanto que un año antes (1978) trató de ser firmado por los Amigos de Miami.

“No firmé porque en aquel momento porque se me presentó una dificultad. Me embargaron un camión cargado de arroz en Costa Rica y tuve que moverme a solucionar ese asunto. Lo primero siempre es la familia y bueno, pues, se me pasó la oportunidad. Nos buscaron a mí, a Ernesto López y Porfirio Altamirano”, le dijo a Edgar Tijerino.

Luego de funcionar como suplente en sus primeros torneos, Vicente fue dueño de los arreos a partir del Mundial de Colombia en 1970 y resumió .250 (32-8). En los Panamericanos de Cali, Colombia, en 1971, cerró con .286 en un equipo que bateó colectivamente para .191 y que tuvo a Ernesto López como el mejor artillero con .313.

Su gran momento lo vivió en el Mundial de 1972 frente a los fanáticos pinoleros cuando le bateó un jonrón a Cuba, derrotada 2-0 por Nicaragua con Julio Juárez en el montículo. El receptor de San Isidro bateó .350 (40-14) con un jonrón en el torneo. “Le había prometido un jonrón contra Cuba a mi papá y le cumplí”, dijo en aquel momento.

Bajó a .241 en el Mundial de 1973 en nuestro país, pero volvió a .350 (20-7) en el Mundial de Florida en 1974. Subió a .378 (37-14) con dos jonrones en el Mundial de Colombia en 1976, mientras lograba .357 (14-5) en los Centroamericanos de El Salvador en 1977 y .364 (44-16) con un jonrón en los Centroamericanos y del Caribe de Medellín en 1978.

En ese mismo 1978 fue al Mundial de Italia y concluyó con .258 (31-8) con otro jonrón. Su último viaje fue en 1979 a la Copa Intercontinental de Cuba, donde se participó con un equipo improvisado y cerró con .240 (25-6) y un cuadrangular, mientras se retiraba del beisbol dos años después, dejando un profundo hueco que tardó en llenarse.

López falleció el 10 de octubre de 2010 afectado por un cáncer que lo atacó agresivamente y en dos meses lo deterioró tremendamente. “Pero aún no me rindo. En esta familia soy el capitán del barco y tengo que seguir”, me dijo desde su cama un día que lo visité en el hospital Manolo Morales con su amigo de siempre, César Jarquín.

Y realmente, ¿sos el mejor?, me gustaba preguntarle solo por provocarlo… “Por supuesto que lo soy. Soy el Johnny Bench de Nicaragua”, respondía sin vacilar, para luego agregar que “así quiero que me recordés, como el Johnny Bench nica, a menos que no lo considerés así”, increpaba. Y desde luego que lo fue.

Deportes Vicente López archivo

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