Marvin Zelaya tuvo una extensa carrera y dejó huellas en el beisbol nacional. LA PRENSA/ARCHIVO

Marvin Zelaya, el lanzador que intimidaba a los bateadores y derrotó a Estados Unidos

El veloz tirador ganó más de 100 juegos y ponchó a más de 1,000 bateadores en una carrera que se prolongó lo suficiente para hacer historia

Armado con una poderosa bola rápida y un temperamento volátil, Marvin Zelaya parecía un peligro para los bateadores cada vez que subía al montículo. Y lo era. Rascaba y rascaba con sus pies hasta hacer un hoyo en la cima de la colina y desde ahí se apoyaba para lanzar humo al plato y jamás pareció preocupado si golpeaba a alguien.

“Su mejor recurso no es su velocidad, sino el fuego que lleva adentro”, afirmó una vez el big leaguer pinolero Marvin Benard. “Tiene un espíritu competitivo increíble. Un lanzador así merecía un chance en el beisbol profesional”, agregó el expatrullero de los Gigantes de San Francisco, quien jugó con él en el Bóer a finales de los años noventa.

Y como Zelaya batallaba para ser consistente manejando la zona de strikes o sufría ataques repentinos de descontrol, eso lo hacía más intimidante. Era agresivo, aunque para algunos, mal intencionado. Sin embargo, era un tirador que valía la pena tener sobre la colina en juegos cruciales. Le gustaba la presión que suele agobiar a los demás.

Cuando en el Mundial de Italia en 1998, el mánager Noel Areas tenía en mente abrir con otro lanzador el juego por la medalla de bronce ante Italia. Zelaya fue a tocar la puerta de su cuarto y con un tono que más que una petición, parecía una orden le dijo: yo quiero el juego de mañana, si no me pone, mejor regréseme a Nicaragua.

Areas cedió y Zelaya respondió con una faena estupenda en un duelo complicado que se mantuvo 1-1 hasta el séptimo episodio debido a una buena labor también del abridor de los locales Diego Ricci, antes de que Nicaragua anotara cuatro veces en el octavo para ganar 5-1, con Vicente Padilla lanzando el último 1.2 episodio.

Zelaya terminó ese torneo con 2-1 y 2.29, con 23 ponches en 19.2 innings, aunque quizá su victoria más resonante la había conseguido cinco años atrás, durante el Premundial de 1993 en Nicaragua. En aquella ocasión, Marvin le ganó 3-0 a Estados Unidos, que vio perder al derecho Paul Wilson, un abridor luego en las Mayores.

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Ese mismo año (1993), Zelaya fue a la Copa de Italia y terminó con 1-1 y 2.29. Registró 1-1 y 4.02 en el Mundial de 1994 en nuestro país, con 1-0 y 4.00 en la Copa de Barcelona en 1997, entre otros torneos, en los que mostró siempre su gran presencia y liderazgo. Jamás se echó hacia atrás ante ningún reto y le gustaban los desafíos.

A nivel local, Zelaya, como buen leonés inició con los Leones en 1987, pero tras registrar 0-0 y 3.38 en 5.1 innings, quedó fuera del plantel. Desapareció del beisbol los siguientes dos años y regresó con Chinandega en 1990 con 10-7 y 3.82. Y así ganó al menos diez juegos en cinco de las siguientes seis temporadas.

Su mejor campaña llegó en 1995 con el Bóer, cuando registró 14-6 y 2.48 en 137.2 innings. Fue campeón con los Indios ese año, al igual que en 1996 y 1998. Y tras registrar 5-10 y 3.58 en el 2000, su brazo se afectó y pasó los siguientes seis años con salidas intermitentes, pero no ganó ni un juego durante ese extenso período.

Y tras hacer un tour por Estelí, Matagalpa, León, Norte, San Fernando, Carazo, Granada y Nueva Segovia, Zelaya logró cerrar su carrera con 119-90 y 4.22 en 1,621.1 innings en los que ponchó a 1,032 bateadores, para unirse al selecto club de ganadores de 100 partidos y ponchadores de 1,000 artilleros, además de salvar 41 partidos.

Nunca sabremos qué más habría hecho Zelaya de haberse mantenido concentrado en su labor, sin distracciones o lesiones que le robaron al menos ocho años de su carrera, pero cuando ganás más de 100 juegos, ponchás a más de 1,000 y de paso salvás 41 desafíos, significa que no lo hiciste mal aquí y en la Selección Nacional.

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