Una sorpresa veranera

El mes de agosto en el hemisferio norte es sinónimo de calor intenso e inactividad. Los colegios y universidades se cierran, el comercio opera a “medio vapor” y la gente suele tomar vacaciones. Normalmente hay poca noticia hasta que todo comienza a regresar a la normalidad en septiembre con el inicio del otoño.

       Este año, sin embargo, en el 2 de agosto causó sensación en Estados Unidos el anuncio por Fitch —una de las tres agencias de ranqueo crediticio norteamericanas más importantes— que había bajado su valoración para Estados Unidos de AAA a AA+. Esto significa que según Fitch el desempeño de la economía estadounidense bajó de excelente a muy bueno. Fitch explicó que esto se debió al alto nivel de endeudamiento estadounidense y a un deterioro en la gobernabilidad norteamericana. En cuanto a gobernabilidad, Fitch insinuó que no solo se refería al manejo macroeconómico, sino que a las crecientes tensiones políticas que enfrenta el país a un poco más de un año de las elecciones de 2024.  

Esta noticia sacudió a la usual calma agostina. Dio lugar a todo un debate político sobre la causa de semejante golpe al prestigio de la economía estadounidense y a su manejo por el gobierno y el congreso de Estados Unidos. Como es de esperarse, los republicanos criticaron a la Administración Biden mientras que el equipo económico del gobierno se dedicó a restarle importancia a este ajuste y a alegar que no era justificado. Y la bolsa de Nueva York, por supuesto, cayó, pero solo 1 por ciento.

¿Qué es lo que realmente significa el anuncio de Fitch? A continuación les ofrezco mi interpretación.

Primero, aunque el ajuste hacia abajo de Fitch no es algo positivo para Washington, tampoco es el “fin del mundo”. Es más, Standard & Poors, otra de las grandes agencias de ranqueo crediticio estadounidenses, había bajado su “calificación” del manejo económico estadounidense de AAA a AA+ en 2011.  Quizás no causó alboroto en ese entonces porque ese ajuste también se hizo en el mes de agosto cuando, de nuevo, el país estaba en plena vacaciones.

Segundo, lo que motiva la acción de Fitch es la enormidad de la deuda pública estadounidense que anda por 31 millones de millones de dólares (en inglés US$31 “trillions”).  Es más, el déficit fiscal estadounidense sigue creciendo a un ritmo de 5 % anual. Para este año, por ejemplo, se estima que será aproximadamente US$1.5 millones de millones. ¡Esto es dos veces más que el tamaño de la economía de Argentina! Visto de otra manera, la deuda pública estadounidense es 105 % del tamaño de su economía. Obviamente un crecimiento continuo de la deuda mucho más allá de estos niveles es problemático.

Tercero, no solo los Estados Unidos enfrenta a serios problemas de endeudamiento público. Por ejemplo, al igual que Estados Unidos, el Reino Unido, Italia, España y el Japón, entre otros países, también cargan con una deuda pública mayor que el tamaño de sus economías. Pero el endeudamiento estadounidense se destaca por el enorme peso de la economía estadounidense y porque el tema de la deuda se ha convertido en una “papa caliente” política en Estados Unidos ya que tendrá elecciones presidenciales y del congreso en 2024. Y esto a pesar de que tanto gobiernos republicanos como demócratas tienen techos de vidrio por ser ambos culpables de haber contribuido al tamaño de la deuda pública norteamericana a través de los años.

Cuarto, ¿cómo se compara Nicaragua a Estados Unidos en cuanto a su endeudamiento?  Según el Fondo Monetario —institución que considero una suerte de Banco Central del mundo— en 2022 la deuda pública de Nicaragua era igual al 56 por ciento del tamaño de nuestra economía.  Esta cifra es porcentualmente aproximadamente la mitad del de la Unión Americana. Y nuestro déficit fiscal es relativamente pequeño comparado al norteamericano: 1.6 % versus 5.5 % en Estados Unidos.

Por los números, Nicaragua pareciera tener una situación de endeudamiento más holgada que la norteamericana.  Pero hay una enorme “pequeña diferencia”. La economía norteamericana es una de las dos más grandes del mundo, empatada prácticamente en tamaño con la de la China. Y su moneda, el dólar, es de hecho la moneda del comercio internacional y es la base de las reservas internacionales de gran parte de las naciones del mundo, incluyendo Nicaragua. Debido al peso de su economía y la importancia de su bolsa de valores, y su sistema financiero, Estados Unidos goza de un cierto blindaje. Esto hace que los bonos del tesoro estadounidenses sean atractivos no sólo para norteamericanos sino que para gobiernos y ciudadanos de otros países. Por consiguiente Washington goza de una cierta latitud en el manejo de su economía que nuestro país no tiene. Por su pobreza y el pequeño tamaño de su economía, Nicaragua está obligada a seguir con el manejo prudente y ortodoxo que actualmente le caracteriza si pretende salir de su agudo subdesarrollo.     

El autor es economista. Fue director del Banco Mundial y presidió la Comisión Económica en la Asamblea Nacional de Nicaragua.

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