Y a propósito de revoluciones

Si se pudiera sacar del diccionario una palabra y ponerla fuera de circulación, estoy seguro que el nicaragüense escogería la palabra: Revolución. Y su actitud estaría plenamente justificada porque desde el Descubrimiento, pasando por la etapa de la Independencia hasta nuestros días, el desenvolvimiento histórico de nuestro pueblo siempre ha girado en torno a esa palabra de mágica entonación.

Ya lo decía nuestro recordado poeta Pablo Antonio Cuadra en una de sus más inspiradas obras: “De dos en dos/ de diez en diez/ de cien en cien/ de mil en mil / ¡Por los caminos van los campesinos a la guerra civil!” Son torrentes de sangre hermana las que se han vertido por los campos y ciudades de Nicaragua, sangre que solo ha servido para abonar la tierra, porque con ella se han sepultado todos los sueños y las esperanzas que con las revoluciones, se les había prometido a nuestros conciudadanos de cara al porvenir.

Pero antes de proseguir con mis lucubraciones es necesario definir lo que significa revolución. De acuerdo con la ciencia política esta se produce cuando hay un cambio profundo, en ocasiones violento, provocado en las instituciones políticas de una nación. Pero para algunos entendidos en la materia como el extinto dictador cubano Fidel Castro, esto no basta. Este cambio debe ir acompañado, según opinaba él,  de otras medidas como la nacionalización de los latifundios pertenecientes a los “yanquis imperialistas”.

Esto se deduce también por su comportamiento ante dos líderes centroamericanos en diferentes circunstancias. Pocos meses después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, don José Figueres, líder de la Revolución del 48 en Costa Rica, visitó La Habana por invitación de Castro. Quería patentizar su solidaridad al cubano, pues ya se sospechaba que renqueaba por la izquierda y estaba siendo duramente atacado por la prensa internacional. Aprovechando una concentración multitudinaria Don Pepe quiso darle públicamente unos consejos fraternales, para que orientara a Cuba por la auténtica democracia, lo que enfureció a Fidel que se lanzó sobre él y quitándole el micrófono le espetó: “No necesitamos consejos de alguien que alcanzó el poder y dejó intactos los latifundios de la United Fruit Company”.

No le dio el mismo trato al expresidente de Guatemala, coronel Jacobo Arbenz, que había sido derrocado en 1954 por el coronel Carlos Castillo Armas, porque según Castro “era un verdadero revolucionario, ya que había nacionalizado las tierras de la United Fruit Company, en el país centroamericano”. Todo parece indicar que para él, este hecho era determinante para calificar si uno era o no revolucionario.

Ahora, volvamos a Nicaragua. Si analizamos cada uno de los capítulos de nuestra convulsionada historia, llegamos fácilmente a la conclusión de que ninguna de las llamadas revoluciones que en nuestra patria han sido, han servido para mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo. Todas, sin excepción, solo han servido para hacer ricos o más ricos a los generales o comandantes que la encabezaron y más pobres a los obreros y campesinos que constituyen la gran mayoría de nuestra población.

El pasado 19 de julio se conmemoró con mucha pena y ninguna gloria el 44 aniversario de la Revolución nicaragüense que fue usurpada por el FSLN. Fue una celebración anémica en la forma y en el fondo, que para lo único que sirvió fue para demostrar la falta de apoyo popular y el aislamiento internacional que tienen al borde del total colapso al régimen de los Ortega-Murillo.

No es necesario analizar las causas de este fracaso, todo el mundo lo sabe, por lo que ante la terquedad de los hechos, a muchos se nos ocurre que es una revolución frustrada. Seguimos siendo el segundo país más pobre de Latinoamérica. La última encuesta de CID-Gallup con apenas el 13 por ciento de respaldo para los Ortega-Murillo (si tuvieran vergüenza ya habrían renunciado), es la demostración más contundente de lo que afirmamos.

La Revolución que en su epifanía fue la esperanza de los pueblos oprimidos del mundo, fue prostituida y ahora vestida de andrajos y ya en medio del sepulcro, solo espera las ultimas paladas de tierra para que quede completamente sepultada. Sic transit Gloria Mundi ( Así pasa la Gloria por el mundo).

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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