«Barbie» nunca me había interesado, por lo que me pareció irónico que la primera película live-action de Barbie, se convirtiera en una de las películas que más esperaba ver este año.
Entré en esa sala de cine listo para ver la película, tratando de no tener expectativas muy altas, pese a que existían razones para tenerlas. Al fin y al cabo, la dirección estaría a cargo de Greta Gerwig – la responsable de una de mis películas favoritas de todos los tiempos en ‘Lady Bird’ –, y el guión contaría también con la mano de su esposo, Noah Baumbach, quien no le tuvo piedad a mi corazón en ‘Marriage Story’.
Sin embargo, nublé mi mente de fanático e hice todo lo posible para dejar que la cinta protagonizada por Margot Robbie y Ryan Gosling, me sorprendiera. Después de todo, y aunque pareciera que no, lo que más me interesaba de todo esto es que era una película de Barbie. Si, dirigida por Greta Gerwig y fotografiada por Rodrigo Prieto, pero era Barbie.
¿Cómo manejas algo de tanta magnitud como Barbie?

Al comenzar la cinta, Barbie nos muestra su historia a través de los años y lo que ha significado para las niñas y, en especial, para la figura de la mujer, enfatizando lo que muchos ya suponíamos: una representación lejos de la realidad y más cerca de la fantasía.
Ese mundo sería “Barbieland”, donde se desarrolla gran parte de la cinta y en donde las mujeres ejercen distintos puestos importantes en la sociedad, desde el arte hasta la ciencia. Un mundo en el que un sin numero de Barbies tienen el control de todas las cosas.
Ah, y también viven los Ken… En algún lugar, no sabemos donde. Cosa que hizo que cierta parte de la audiencia juzgara de mala manera la cinta y la tachara, muy erróneamente debo decir, de “anti-hombre”; olvidando que, hasta para aquellos que hemos sido ajenos a Barbie, los “Ken” siempre han sido accesorios de la figura principal.
A raíz de esto, se desarrolla una trama en donde nuestra protagonista, la autodenominada “Barbie Estereotípica” entra en un viaje de autodescubrimiento.

Son precisamente estos elementos argumentales los que aprovecha Greta para desglosar, y en ciertos momentos ridiculizar, los conceptos que el público, al igual que Mattel, han tenido sobre Barbie y su lema “puedes ser lo que quieras ser”.
El tono que tiene la cinta es tremendo. Después de todo, la comedia, la sátira, el metalenguaje de Barbie fue, quizá, la manera correcta de plantear una película que buscara deconstruir las percepciones que se ha creado de su personaje después de décadas de su existencia, muchas erróneas y algunas acertadas.
De ahí también la importancia de trabajar con gente como Rodrigo Prieto, quien cuida todos y cada uno de los encuadres desde lo estético hasta lo semiótico, para poder tener un impacto en la narrativa. Por eso vemos muchos más planos generales en “Barbieland” que en el mundo real. Porque el mundo real, a veces, no es algo bonito de ver, al contrario de la colorida ciudad de los protagonistas, que goza de un excelso diseño de producción, una preciosa dirección de arte, y un diseño de vestuario maravilloso.
El ritmo y la brillante dirección de la cinta permite que su elenco sea casi perfecto para esta película. Liderados por una espléndida Margot Robbie, maravillosa en todos y cada uno de los minutos del metraje, y un sensacional Ryan Gosling que, en ocasiones, se roba el ‘spotlight’ y promete dar una dura competencia para esta próxima temporada de premios.

Pero hay algo donde la cinta de Gerwig pierde un poco. Se concentra tanto en el desglose de su mensaje, que descuida algunos aspectos narrativos de su filme.
Como por ejemplo algunos personajes que utiliza como un chiste recurrente y que se vuelven innecesarios a lo largo de la cinta. O el flojo desarrollo de su trama. O la solución que plantea para el conflicto de la historia, que es, literal y figurativamente, un interesante monólogo de América Ferrera, con el que todavía no me decido si es “homenaje” o “réplica” de aquel que hizo Saoirse Ronan en ‘Little Women’.
Todo esto hace que su discurso no sea tan profundo como lo que aparenta ser. El mensaje siempre está ahí, pero corre el peligro de tergiversarse a medida que avanza la trama, y se transforma en algo que, siento yo, es más acorde a la cinta.

Si, deja claro que Barbie no es un ícono feminista. Nunca lo fue. También plantea muy bien las dinámicas de género y desigualdad social, así como las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad patriarcal en la que vivimos. Lo cual es sumamente importante, pero que la cinta aborda de manera superficial y no se atreve a profundizar en la temática.
Y quizá eso está bien, porque sé que muchas personas son ajenas a estos planteamientos básicos y traer esa conversación a la mesa es igual de importante hoy como lo seguirá siendo hasta al fin de los tiempos. Pero esto deja claro que la película no es tan profunda como piensa que lo es.
Es precisamente por ello que veo a Barbie no solamente como una cinta feminista, sino también existencialista. Porque plantea el cuestionamiento sobre lo que es ser Barbie como ser viviente, como persona. La cosa es que Barbie, al fin y al cabo, es mujer, y estos cuestionamientos se vuelven inmensurablemente más complicados para una mujer.

¿Qué es ser una Barbie en un mundo que definitivamente no es color rosa? ¿Puede una Barbie ser lo que quiera ser ante los ojos de nuestra sociedad? ¿Es “existir” realmente suficiente para las Barbies y los Kens? Son algunas de las muchas preguntas que plantea la cinta y que, hasta cierto punto, deja a total interpretación del público, porque no sabe y no se atreve a responderlas.
Pero Barbie no es una cinta que deba responderlas. Es más, no sé si alguna película lo es. Lo que si es: una cinta que hace bien al plantear algo tan profundo, de una manera divertida, entretenida, satírica y visualmente cautivante, a como solo el mundo de Barbie lo podría hacer.
Quizá no es tan profunda como prometía ser, pero para alguien como yo, que siempre estuvo ajeno al mundo rosado de “Barbieland”, la película de Greta Gerwig es más que suficiente para disfrutarla y vivirla.
Barbie (2023)
★★★½