La realidad de las cosas

Desde 2018 hasta el presente se habla en algunos círculos afines al gobierno de que la Federación Rusa es una gran potencia económica que podrá sustituir al “imperio,” a como algunos llaman a los Estados Unidos, si algún día Washington decidiese cortar su ayuda a Nicaragua y el acceso a su mercado a nuestros exportadores. En este ensayo examino los hechos para ver cuán creíble es esta tesis.

En primer lugar, pienso que el sobredimensionar la potencia económica de Rusia se debe en gran medida a la geografía. Me explico. Cuando uno mira un mapamundi o un atlas cartográfico, Rusia es por mucho el país más grande del mundo. Su territorio de aproximadamente 17 millones de kilómetros cuadrados es casi del tamaño de los Estados Unidos y Brasil ¡combinados! Y eso a pesar de haber perdido más de tres millones de kilómetros cuadrados cuando se separaron del imperio ruso grandes países enteros —como Ucrania y Kazajistán— cuando se desmoronó la antigua Unión Soviética. 

 A pesar del inmenso tamaño de Rusia, su población es relativamente pequeña: aproximadamente 140 millones. En cuanto a número de habitantes, Rusia ocupa el noveno lugar mundial, muy por debajo de países como la China, por supuesto y la India. Pero también es chica comparada a la de otros países como los Estados Unidos, Pakistán, Nigeria e Indonesia, por ejemplo. Además, su población no es joven. Su edad promedio es cuarenta años, y está creciendo lentamente comparado a las de países en vía de desarrollo y hasta de algunos países del primer mundo.

En su desarrollo económico Rusia renquea. A pesar de su tamaño y enormes reservas de hidrocarburos, Rusia solo está en el decimoprimer lugar en cuanto al tamaño de su economía y su crecimiento es lento. El Fondo Monetario lo estima en menos de dos por ciento este año. Finalmente, su ingreso per cápita anda por US$12,200. Esto coloca a Rusia como número 63 en el ranqueo mundial. Para poner el tamaño de la economía rusa en perspectiva, hay estados norteamericanos —como Texas, Nueva York y California— cuyas economías son más grandes que la de Rusia. ¡Y hay hasta tres empresas estadounidenses —Apple, Microsoft y Amazon— que también superan a Rusia en cuanto a su tamaño económico!

Estos datos demuestran que Rusia es un “peso mediano” económicamente que todavía recibe préstamos del Banco Mundial, por ejemplo, para financiar el despegue que su población anhela.  Pero hay otra dimensión en que Rusia sí se destaca. Me refiero a su poderío militar. Ya no es la potencia que fue a mediados del siglo veinte. Prueba de esto es que lleva 500 días queriendo, sin éxito, reincorporar Ucrania militarmente a su antiguo imperio. Sin embargo, sigue contando con un arsenal que tiene más bombas nucleares que cualquier otro país del mundo. Por esto, Rusia sigue siendo una gran potencia militar.

La relación económica entre Nicaragua y Rusia es insignificante. Por otro lado, los Estados Unidos es nuestro socio comercial más importante, y por mucho, con aproximadamente US$7 mil millones en comercio anualmente. En los años recientes, nuestro comercio con la Unión Americana ha arrojado un superávit comercial a favor de Nicaragua de US$1.8 mil millones. Es decir, el valor de nuestras exportamos a EE. UU. supera a nuestras importaciones de ese país. Somos el único país Centroamérica que goza de este superávit comercial con la Unión Americana. Este superávit comercial es mayor que la ayuda que recibimos anualmente del Fondo Monetario, el Banco Mundial y el Banco Interamericano combinados. Y nuestro superávit comercial con Estados Unidos, sumado al chorro de remesas que recibimos anualmente —en un 80 por ciento proveniente de nuestros compatriotas en Estados Unidos— son vitales para el desempeño de nuestra economía. Explican en gran medida nuestro crecimiento económico.

En conclusión, podemos prescindir del apoyo ruso sin mayores consecuencias. Pero no así sin las remesas, el superávit comercial con la Unión Americana y los desembolsos de las tres instituciones financieras internacionales (IFI) mencionadas en este párrafo. Por cierto, las tres tienen sus sedes en Washington y no es por coincidencia que la voz y el voto estadounidenses en las IFI es determinante.  ¡Esta es la realidad de las cosas!

El autor es un economista que fue director en el Banco Mundial y presidió la Comisión Económica en La Asamblea Nacional.  

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