Dora María Téllez, comandante guerrillera del Frente Sandinista y desterrada política por Daniel Ortega. Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

Dora María Téllez: “Discutir si era bonita o fea la revolución no resuelve el problema actual del país”

La comandante guerrillera habla sobre la Revolución Sandinista y los “errores e intolerancia política” de los años ochenta e insiste en que, si alguien tiene algo de qué acusarla, que la acusen cuando haya democracia.

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La madrugada del 19 de julio de 1979, Dora María Téllez estaba frente a la entrada de Ciudad Sandino, al mando del Frente Occidental Rigoberto López Pérez esperando para entrar a Managua. Era una joven guerrillera del Frente Sandinista que estaba derrocando a la dinastía somocista y poniendo fin a más de 40 años de dictadura.

El próximo 19 de julio de 2023, 44 años más tarde, Dora María Téllez estará en Estados Unidos, dice, donde Daniel Ortega la desterró el pasado 9 de febrero después de varios meses de encierro en El Chipote. “Aquí me desterraron. Si no, yo estaría en mi país, en mi casa”, comenta.

Para esta comandante guerrillera, la fecha del 19 de julio todavía tiene mucho valor. “Tengo compañeros y compañeras muertas. Muchas amigas y amigos que murieron combatiendo contra la dictadura de Somoza. Y para mí también era un momento de esperanza. Era un enorme momento de esperanza para los nicaragüenses, que no se vio satisfecho y que tiene esa esperanza ahí de tener un país en paz, con democracia, con oportunidades”, dice.

En esta entrevista, Dora María Téllez habla sobre la Revolución Sandinista y lo que para ella fueron “errores” durante ese periodo. También se refiere a la institucionalidad de los años ochenta y el nuevo desafío que tiene Nicaragua con la dictadura de Daniel Ortega, la cual, Téllez considera en agonía. “Ortega le tiene miedo a todo y tiene razón de tener miedo”, señala.

De camisa a cuadros y boina negra, Dora María Téllez en León, dirigiendo a los guerrilleros del Frente Occidental. ARCHIVO

¿Cómo ve la Revolución Sandinista 44 años después?

Hacer una valoración de la Revolución es complejo. Hubo una serie de errores e intolerancia política que en algunos casos fueron sumamente graves, pero también hubo una reforma agraria que logró distribuir una importante cantidad de tierras entre campesinos y una reforma urbana, y también la creación de instituciones que son justamente las que el régimen de los Ortega Murillo han destruido. De alguna manera, la Revolución creó determinado tipo de instituciones que lograron evolucionar en instituciones nacionales, como el Ejército Popular Sandinista, que evolucionó en el Ejército de Nicaragua, o la Policía que evolucionó para ser Policía Nacional y que el régimen de los Ortega Murillo convirtió en instrumentos al servicio de la familia. Ni siquiera son al servicio de un partido como eran la Policía y el Ejército durante la época de la Revolución, sino que son al servicio de la familia Ortega Murillo.

Toda la institucionalidad del país ha sido destruida por el régimen, y esa institucionalidad incluye al Ministerio de Salud, de Educación. Lo que tenemos ahora es una liquidación general de las instituciones, de las que había antes del triunfo de la Revolución y de las que se crearon posteriormente.

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Esa institucionalidad de los ochenta, ¿se diferencia en algo con la institucionalidad de hoy?

Sí, bastante. Para empezar, aquel era un gobierno de partido, pero este es un gobierno de familia. Esa es una diferenciación muy importante. En segundo lugar, aquel era un régimen en el que había reglas, pero ahora tenés un régimen en el que no hay reglas. Hay cero reglas. El gran problema fue que hubo una guerra porque evidentemente acciones de la revolución provocaron una resistencia en el campesinado, resistencia al cambio político, no a los cambios sociales.

Hay quienes podrían decir que la Policía, el Ejército o el sistema de justicia de Ortega tienen semejanzas con las de los ochenta.

Hay una diferencia bien profunda. Lo que tenés ahora es una Policía que dejó de servir a la seguridad pública y se ha convertido en un instrumento represor, como nunca se ha visto. Por ejemplo, en el sistema judicial, los que están son los jueces que son los jefes del pelotón de fusilamiento político de los Ortega Murillo. La Fiscalía igual, es otro instrumento político. ¿Vos podés creer que la Fiscalía hace un trabajo serio? No. Presenta acusaciones completamente sin fundamento. Nosotros pasamos por juicios en los cuales la Policía presentó pruebas falsas y fabricadas, y los jueces que Daniel Ortega usa se alinearon para condenar a los que tenían enfrente. Ahí tenés una desnaturalización total del Sistema Judicial.

Lo mismo se podría decir de los Tribunales Populares Antisomocistas de los ochenta.

Sí, es posible. Pero estamos hablando de más de 40 años. La institucionalidad del país debió haber evolucionado y estamos frente a una Fiscalía completamente subordinada a una familia. Esta Corte Suprema tiene miles de kilómetros de distancia que la Corte Suprema de Justicia durante el periodo de la Revolución. Si a nosotros nos condenaron una vez y nos han pasado tres sentencias ya. Primero tantos años de prisión, después te quito la nacionalidad y te destierro, después te confisco. La otra semana puede aparecer el Tribunal de Apelaciones con otra sentencia. Para mí, ese ya no es el punto. Discutir si era bonita o fea la revolución, no nos resuelve el problema actual que tiene el país.

Dora María Téllez junto a Carlos Mejía Godoy en la celebración del aniversario de la Revolución, el 19 de julio de 2006, en Masaya. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Daniel Ortega ha dicho que está en una segunda etapa de la Revolución.

Eso es puro cuento y discurso para su base y tratar de cautivar a los sandinistas que lo están abandonando. Ortega llega al 19 de julio más solo que nunca en su vida. Su familia y un pequeño sector del sandinismo que es orteguista. Lo que tenés ahí es una persona que simplemente hace propaganda para tratar de agrupar a su base social y de mantener a su base. No tiene nada de revolucionario esta segunda etapa. No son la continuidad de la Revolución Sandinista, son la continuidad del somocismo con otros nombres y otras caras.

¿En qué momento se acabó la Revolución para usted?

La Revolución termina en 1990. Probablemente haya terminado antes, en el momento en que se celebran las elecciones de 1984 para ser más precisos porque ahí ya entramos en un proceso de institucionalización y de alternancia del poder político que da como resultado las elecciones del noventa y el cambio de gobierno con doña Violeta Barrios de Chamorro. Ya este gobierno que surge en 1984 ya no se le puede llamar con toda precisión gobierno revolucionario.

¿Cómo le hubiese gustado que terminara la Revolución?

Nunca me lo pregunté, pero la evolución que se produjo en las elecciones del noventa es uno de los éxitos más importantes de la Revolución Sandinista. Lograr una elección pacífica, en términos generales, y una transición de un poder político a otro, cosa que nunca se había producido en Nicaragua sin una guerra de por medio. Pero después hubo gente como Daniel Ortega que vio en ese éxito de la revolución, una derrota personal, pero el gran éxito de la revolución fue abrir las puertas a una Nicaragua democrática.

¿Cómo ve a Ortega este 19 de julio?

Veo al régimen agonizando. Ni siquiera sus propios adeptos lo quieren. Es un régimen que tiene que recurrir a amenazar a sus propios policías con echarlos presos si se van de la Policía, que tiene que recurrir a quitarle los pasaportes a los familiares de los generales del Estado Mayor del Ejército para que no salgan del país. Es un régimen liquidado, que está agonizando. ¿Esa agonía puede tardar? Sí. ¿Más o menos cuánto? No sabemos, pero es agonía y no tiene vuelta atrás. Tenemos que confiar en nosotros mismos. Los nicaragüenses hemos logrado acabar con dictaduras, hemos logrado avanzar en procesos de paz y reconciliación. Somos unos grandes trabajadores. Hemos resuelto peores problemas en nuestra historia y vamos a resolver este.

Cuando un régimen tiene que recurrir a echar preso a un obispo, a recetarle 26 años de cárcel y a meterlo en una celda de máxima seguridad y a ni siquiera mostrarlo al público, te das cuenta de que está completamente agónico.

Dora María Téllez junto a Daniel Ortega en la Convergencia Nacional. Tiempo después se hicieron enemigos políticos. Óscar Navarrete/LA PRENSA

A pesar de esa agonía del régimen, los opositores continúan divididos

Es que opositores somos todos los que estamos contra el régimen. Opositores son el 79 por ciento de los nicaragüenses que dicen que la cárcel contra el obispo Álvarez es injusta e ilegal. Todos somos opositores y todos hacemos oposición de manera distinta. Otra cosa es el liderazgo opositor, que ha sufrido una represión brutal desde 2018. En 2021 Ortega estaba tan aterrorizado con unas elecciones inclusive controlando él el aparato electoral y tuvo que meter presos a todos los líderes políticos opositores.

Este es un momento de reconstruir, de abrir espacios a la unión en la acción y se ha hecho un gran esfuerzo. Cuando estuvieron los líderes presos, hubo un grupo que hizo el esfuerzo de fundar un espacio que se llama Monteverde y en el cual se ha ido conversando sobre el país. Ahora este espacio se ha ampliado, se ha fortalecido y yo creo que eso nos da mucha esperanza en términos de la evolución del liderazgo de la oposición.

Hay quienes consideran que los disidentes sandinistas como usted no deberían ser parte de estos procesos como Monteverde y se les acusa de crímenes ¿qué opina sobre esto?

Si tienen algo que acusar, hay que esperar el periodo democrático y acusar en los tribunales. Pasaron 16 años, desde que tomó posesión doña Violeta y pudieron haber acusado en los tribunales. A mí más bien me parece que detrás de eso lo que hay es un intento de dividir a los opositores y aquí, si queremos una transición democrática, no podemos ponernos a decir que este sí y este no. Si todos somos nicaragüenses, opinen como opinen. Ahora si alguien tiene algo de qué acusar a alguien, pues que vaya, cuando haya un proceso democrático y haga la acusación en los tribunales. Pero durante los gobiernos de la presidenta Chamorro, de Alemán y de Bolaños, perfectamente bien pudieron presentar sus acusaciones.

La verdad es que nadie puede excluir a nadie. A mi alguien me puede decir: “Mirá Dora, vos no te metas porque vos estuviste en el gobierno sandinista en los ochenta”. Pero este es mi país, y yo voy a seguir peleando porque en mi país haya libertades, haya democracia, haya oportunidades, y punto. Es como decir que todo el que haya sido funcionario de gobierno, no tiene derecho a actuar como opositor. Yo creo que sí tienen derecho a participar en una transición democrática porque si no, ¿de qué democracia estamos hablando?

Dora María Téllez hablando con Violeta Barrios de Chamorro cuando la exguerrillera hizo una huelga de hambre después de que el partido MRS fuera ilegalizado antes de las elecciones de 2008. Óscar Navarrete/LA PRENSA

A su criterio, ¿los desertores de la dictadura también deberían ser parte de la construcción de la democracia?

El asunto es que cuando haya un proceso democrático hay que llevar a quienes han cometido crímenes de lesa humanidad ante la justicia. Ser un asesor político no te convierte en ejecutor de crimines de lesa humanidad, o ser funcionario público no te convierte. Incluso ser policía no te convierte en un ejecutor de crímenes. Meter a todos en un saco simplemente no abona a la unidad que tiene que haber para restablecer el proceso democrático en Nicaragua. Yo insisto, en democracia, quien tenga acusaciones contra alguien, que vaya a una Fiscalía. Por supuesto que hay paramilitarismo, pero yo no acusaría a Payo Solís de paramilitar. ¿Que si es cómplice del montaje de la dictadura? Sí lo es. Él mismo lo dijo. ¿Cometió crímenes Roberto Larios? Él me atacó a mí, atacó a un montón de gente. Él era un divulgador de la Corte Suprema de Justicia, y ¿eso lo califica como criminal? Yo creo que hay que hacer una distinción porque, ¿cómo mezclas a todos los torturadores de La Modelo y El Chipote con un funcionario público? Por muy servil que hayan podido ser.

¿Y el caso de un paramilitar confeso como el Chino Enoc?

Él dice que no fue paramilitar fíjate.

Él mismo lo dijo en una entrevista con la Revista Domingo en 2022

Ahí con Miguel Mendoza él dijo que no fue paramilitar. Que él es renco, lo cual es cierto. Yo lo vi en la cárcel. Tal vez si él hubiera estado bueno hubiera sido paramilitar, pero si alguien después tiene algo de qué acusar al Chino Enoc, que acuse, pero ¿el juicio lo vas a hacer a priori? Me parece que no, porque la justicia requiere procedimientos.

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Si no recuerdas el pasado es posible que lo vuelvas a experimentar. El humano es la única especie en el reino animal que vuelve a caer en la trampa por segunda vez porque su mente se rehúsa a recordar las malas experiencias. Nunca hay que olvidar las actividades malignas del criminal Frente Sandinista. A propósito, una pregunta a Dora ¿Que ocurrió con las 12 o 14 barras de oro que fueron encontradas durante el ataque a un centro minero situado en el occidente de Nicaragua cercano a León entre Malpaisillo y El Sauce? Si no me equivoco era una mina de oro de capital canadiense. ¿Quien se quedó con las barras de oro? La pregunta es para Dora porque ella fue responsable de ese ataque.

    1. Hace 3 años

      El eterno sapo sapo de Ralph Smith, que solo porque le gritaba a Somoza: “No te vas, te quedás” , eso lo convirte en el abanderado de sangre azul, interrogador del santo oficio.
      Solo es un pobre diablo, pendejo de mierda.

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