Hasta antes de 2018, Jesús Tefel —Chú, entre sus amigos— era un joven que culpaba a los políticos de “dejarse encaramar el régimen de Daniel Ortega” en Nicaragua. Lo suyo era inconformidad y reclamo. Así, reclamó cuando en 2008 el Frente Sandinista se robó descaradamente las elecciones municipales de ese año. Luego, llegaba a curiosear o participar “como cabo suelto” en algunas protestas, y como una cosa lleva a la otra, cuando se vino la rebelión de abril de 2018, pensó que había que organizarse para apoyar de mejor manera. Con otros amigos que andaban en las mismas fundaron lo que se conoce como Unidad Azul y Blanco (UNAB) y pronto estaba en su consejo político.
Tefel, 37 años, es también miembro fundador de Monteverde, el espacio opositor que se ha revelado recientemente como una intención de reunir a personas de diferentes signos políticos en la lucha contra la dictadura de Daniel Ortega. La aparición de Monteverde, que se mantuvo casi en secreto durante más de un año, ha sacudido el ambiente opositor nicaragüense, adormilado como consecuencia de la brutal represión a que lo ha sometido Daniel Ortega. Unos lo apoyan otros lo atacan.
“Monteverde lo que quiere es que, a través de ese diálogo, lleguemos a tener un consenso, un acuerdo general lo suficientemente maduro y fuerte entre la oposición para poder plantear a la ciudadanía nicaragüense y a la comunidad internacional una alternativa que le dispute el poder Ortega o que, por lo menos, traslade seguridad a la ciudadanía y a la comunidad internacional de que, saliendo Ortega, no va a haber un vacío de poder”, dice.
A estas alturas Jesús Tefel ya se reconoce como político y, por supuesto, recibe los reclamos que él antes hacía. En esta entrevista contesta algunas de las principales dudas que hay sobre Monteverde, un grupo al que sus miembros prefieren llamarle “proceso en construcción”.
¿Usted se considera ahora un político?
Es como una ambigüedad. Estoy metido en política porque quiero un cambio político en Nicaragua, porque quiero que la dictadura salga y que se instale un régimen democrático, que haya una transición hacia la democracia. No hay nada más político que eso. Pero yo no siento que soy político de carrera, soy ingeniero industrial, mi participación en esto viene desde la ciudadanía. En vez de estarme quejando, decidí actuar.
La ironía es que antes era un joven que reclamaba a los políticos por el estado de cosas y ahora hay una generación que les reclama a ustedes por el fracaso de la rebelión de 2018.
Es una mezcla de todo. Además de la represión, esa protesta se disipó porque hubo una falta de involucramiento de la ciudadanía, (faltó) que se involucraran en esos procesos y que propusieran y que se organizaran. Seguro también hubo malas decisiones en la oposición. El día de hoy es lo mismo. Hay, a veces, malas decisiones de la oposición. Hay, obviamente, elementos tóxicos en la oposición. Y también hay un desánimo de la población para el involucramiento de la gente en los aspectos políticos. Cuando uno ve la esfera política, uno puede terminar viendo como que hay mucha gente involucrada, pero realmente es poca la gente que está en los procesos políticos de Nicaragua para lo que hace falta, o sea, para cambiar un régimen como este. Yo sé que eso no es fácil porque involucrarse en esto implica que se está en Nicaragua, podés terminar preso o desterrado. Sin embargo, no veo otra alternativa.
El problema es que “ser político” se ha convertido en una mala palabra, y supongo lo sentiste al reconocerte como político y recibir las críticas que vos antes hacías.
Sí. Yo creo que uno tiene que trabajar mucho con su conciencia. Hay gente que hace observaciones o críticas que son injustas, que tal vez no tienen una base y hay muchas críticas que sí tienen base, que sí tienen una lógica y son legítimas. Yo he entendido ahora que el resultado general de las cosas, del rumbo de la política, no depende de una persona, depende de los consensos que alcanzan los colectivos.
La crítica más generalizada es que entre la clase política hay puñaladas por la espalda, corrupción, oportunismo… Ahora que vos estás dentro, ¿qué tanto dirías que hay de esto?
Hay de todo. Si es cierto que de repente te topás con gente que sus intereses no son Nicaragua, con intereses personales, a veces mezquinos, pero me atrevo a decirte que ese tipo de gente termina quedando al margen de los procesos. No se puede tapar el sol con un dedo. La gente que destruye, la gente que anda dividiendo, la gente que anda por lucrarse o por un interés particular, por sobresalir, termina estando al margen, termina siendo Llanero Solitario en el espectro político.

Ahora se sabe que sos miembro de este grupo político llamado Monteverde. ¿Eso significa una reactivación de tu participación en la política?
Pues fíjate que no he estado inactivo realmente. Desde que me tocó exiliarme en julio del 2021 he estaba trabajando en los procesos de diálogo que se han llevado a cabo, he estado viendo de qué manera mantener un estado de incidencia internacional activo. Lo que sí sucede es que ahora hay una decisión colectiva en el proceso de Monteverde de salir a la luz pública, de intentar comunicar a la ciudadanía a través de los medios que tengamos a nuestra disposición cuáles son los objetivos y qué es lo que pretendemos hacer.
¿Qué es Monteverde?
En un proceso de encuentro, de diálogo y de concertación de los liderazgos e integrantes de la oposición nicaragüense de todo el espectro político, siempre y cuando cumplan con algunos principios, valores y objetivos, como, por ejemplo, el restablecimiento de la democracia en Nicaragua, que la lucha y que la salida de la dictadura debe ser por la vía cívica y pacífica y que la diversidad ideológica, que la pluralidad política es algo que se necesita en este momento.
¿De quién fue la iniciativa?
Fue una iniciativa colectiva, de personas que estábamos involucrados en Nicaragua en los procesos de oposición y que nos vimos forzados al exilio en Costa Rica. Acá nos encontramos.
Pero, ¿cómo pasa eso? Tuvo que haber una iniciativa, un detonante.
Había, obviamente, relaciones políticas y de confianza entre algunas personas, y cuando nos vimos solos y exiliados acá, lo lógico y natural fue a empezar a reunirnos para ver qué hacíamos. Teníamos a todos nuestros amigos presos en Nicaragua, seguía viniendo gente exiliada. La situación iba de mal en peor y entre nuestro propio diálogo surgió la necesidad, ampliar ese mismo espíritu con el que nosotros nos estábamos encontrando. Empezamos a trabajar una estrategia de círculos concéntricos, hablando con otras expresiones, con organizaciones de las que nosotros éramos parte.
¿Cuántos comenzaron?
Pudimos comenzar como unas 11 personas primero.
¿Grupos de amigos?
No de amigos. Yo no puedo decir que algunos eran amigos míos, en el camino se han terminado volviendo amigos, queridos y respetados, pero en aquel momento eran personas que nos reconocíamos como importantes o relevantes para tener una discusión y mantener esa discusión semana a semana.
¿El secretismo fue una condición del grupo?
Yo no lo veo como secretismo, lo veo como cautela, confidencialidad, y cómo poder trabajar sin que la dictadura se dé cuenta de lo que estás haciendo. Luego, cuando la iniciativa arranca, cuando se empieza a echar en marcha el proceso, que después denominamos Monteverde, ya no éramos 11 personas, éramos aproximadamente 26 y había un sentido colectivo y generalizado de que lo que estábamos haciendo no debería de terminar en la boca de (William) Grigsby, por ejemplo, no debería de terminar en El Chipote, en Auxilio Judicial o en El Carmen. Debíamos tener la posibilidad de avanzar sin que nos pudieran torpedear y boicotear el proceso. Ahora, ¿qué estábamos haciendo? Lo que estábamos haciendo era dialogando y viendo si nos poníamos de acuerdo.
La gente cree que porque sacamos una nota de prensa es que ya somos una organización, que tenemos vida orgánica. No. Es un espacio donde quienes ya tenemos organización o son liderazgos independientes, nos ponemos de acuerdo para todos aportar un grano de arena en el mismo sentido.

¿Y cómo funciona eso? ¿Quién organiza?
Al inicio, quienes arrancamos este proceso, convocamos. Pero inmediatamente se generó una comisión. En aquel momento era una comisión interina. Bien pequeña, que tal vez éramos unas ocho personas, donde se le dio seguimiento al acuerdo del primer encuentro y se convocó. Luego se eligió una coordinación para el proceso. No como que son los jefes o los representantes de todo ese proceso, sino que era un grupo de cinco personas que designamos para que dieran un seguimiento operativo de los acuerdos y pudieran ver aspectos logísticos.
¿Monteverde tiene financiamiento? ¿Gestiona financiamiento?
Monteverde está integrado por gente que lidera organizaciones de la sociedad civil, por gente que lidera movimientos, que tienen sus propios recursos y esos recursos humanos o financieros los ha venido poniendo a la disposición del proceso. Muchas veces el esfuerzo es personal. El proceso como tal, lo único que ha recibido como apoyo de la comunidad internacional, en algunos, casos, para los pasajes de avión para podernos mover a algún lugar, para el hotel de las personas que no viven donde nos reunimos, y en algunos casos para los auditorios donde íbamos a tener las reuniones. No ha habido un financiamiento en efectivo, en dinero. No quiero decir que sea algo bueno o malo. Pero hasta el momento no se ha manejado una línea de financiamiento de la cual nosotros podamos disponer.
Ahora que deciden hacer público a Monteverde, ¿cuál es la razón?
Antes de la liberación de los presos políticos ya se había visto la necesidad de ampliar el proceso y de empezar a dialogar con otras organizaciones, con otros liderazgos. La idea nunca fue mantener esto en secreto por tenerlo en secreto. La idea fue poder avanzar sin que la dictadura boicoteara el proceso.
Con el ánimo de ir ampliando y diversificando también la composición de quienes participan, empezamos a ver un proceso de inclusión. Empezaron a hacerse nominaciones de personas, una lista larga de gente que estaba propuesta para entrar. Obviamente no se tiene la capacidad para incorporar a todo mundo de un solo y hemos tenido que venir poco a poco, acercándonos a personas e ir incorporando gente.
Cuando estábamos en ese proceso de ampliar, se da la liberación de los presos políticos y en ese momento tuvimos que poner en pausa el proceso de inclusión porque se decidió por consenso incluir de manera prioritaria a los liderazgos excarcelados. Muchos de los que estaban presos eran voceros natos, eran quienes manejaban, incidían en la opinión pública, a través de los medios de comunicación y las redes organizadas. Eso hizo que el proceso también se fuera abriendo.
Empezamos a ver cuánta gente podríamos aceptar en ese momento sin que el proceso se volviera muy pesado. Vimos que podían ingresar alrededor de unas 25 personas y tuvimos que priorizar a excarcelados, principalmente. Esto no quiere decir que quienes no entraron en esta fase es que están vetados o es que no van a entrar o que no los queremos ahí. Es que simplemente no podés incorporar a todo mundo.
¿La persona que va a ingresar a Monteverde pasa un proceso de selección?
Alguien del proceso lo nomina, se ve cuánta gente podemos aceptar en el momento, porque no podemos aceptar a todo mundo de un solo y, en base a eso, se va priorizando.
¿Qué perfil debe tener la persona que aceptan?
Lo que hemos utilizado como criterio hasta el momento, es gente que, primero, esté por la lucha cívica y pacífica, que tenga valores democráticos como entrada, y después que sean personas que tienen liderazgo en la oposición, que tienen influencia positiva en la opinión pública nicaragüense y que tienen además vínculos con las redes territoriales e incidencia internacional. ¿Qué es lo que buscamos? Gente que pueda agarrar esos talentos y ponerlos en función del proceso.
¿Quién decide quién entra y quién no entra?
Por consenso…
¿Se vota?
Hemos armado listas y votado. Ese voto no es por quién creemos que es el mayor líder o el más simpático. No.
Entre alguno de los liderazgos también hay una lucha, si vos querés legítima, por quien se pone a la cabeza con vistas al futuro. ¿Cómo se maneja eso en el grupo?
A nosotros no nos preocupa que las personas que tienen presencia en los medios de comunicación o las personas que son comunicadores políticos, por así decir, hagan su trabajo. Realmente aquí estamos abiertos a que las personas más bien pongan esos talentos en función del proceso. Tampoco queremos amarrarle las manos a nadie, a ninguna organización, a ningún liderazgo. Aquí a lo que aspiramos es a que nos podamos ir poniendo de acuerdo.
Entre las críticas que se han hecho, hay una que asegura que Monteverde está lleno y controlado por personas del antiguo MRS, ahora Unamos.
En Monteverde participan más 50 personas y cuatro de ellas son de Unamos, lo que antes era el MRS. De ahí, el resto son de diverso espectro político. Gente de la sociedad civil, gente que viene de la derecha, del liberalismo, conservadores. Hay gente que lo hace por desinformación, repitiendo mentiras o en algunos casos hay gente mal intencionada que riega ese tipo de información. Yo creo que es responsabilidad tanto de los medios de comunicación, como de los ciudadanos en general, alcanzar la verdad y no andar creyendo los chismes de las redes sociales.
Lo que sucede es que cuando hay secretividad se estimulan las especulaciones. Hasta ahora no se conoce la lista completa de Monteverde.
Sí, definitivamente, cuando uno calla el vacío de comunicación lo llenan otros. Eso es lo que ha sucedido. Nosotros sabíamos que podía suceder algo así y asumimos ese costo Estratégicamente asumimos el costo de no hablar.

Otra especulación es que tras Monteverde esta Humberto Ortega.
Nada que ver. Monteverde es un proceso de liderazgo liderado por gente de la oposición nicaragüense. No hay ningún vínculo con Humberto Ortega ni con ningún Ortega, ni con nadie que esté vinculado a la estructura de poder del régimen. Somos cien por ciento autónomos. En esos encuentros somos nosotros los que nos ponemos de acuerdo y definimos el rumbo.
¿Ha habido alguna comunicación con Humberto Ortega en algún momento que haya dado pie a esa especulación?
No. De ninguna manera.
¿Podría participar alguien como Humberto Ortega en Monteverde?
No creo. Primero, porque nadie que esté dentro del Nicaragua puede participar de este proceso, porque automáticamente vulnera cualquier tipo de seguridad. Segundo, porque desconozco cuáles son los vínculos que él tiene con su hermano, pero seguramente además de los vínculos familiares, los une el aspecto ideológico y de ninguna manera en este proceso puede estar o participar a alguien que tenga ese nivel de vínculo con la dictadura. Nuestro objetivo es desmontar la dictadura, traer justicia, democracia, libertad, y una persona que pueda estar más bien a favor de lo contrario, pues no puede estar en este proceso.
¿Y los opositores que han criticado fuertemente a Monteverde, como el Tranque de Miami, podrían ser parte de este movimiento?
Si son gente que se mueve por valores democráticos, con respeto a la pluralidad política, si van a trabajar en el marco del respeto, que es uno de los pilares con los que nosotros funcionamos, si vamos a ser coherentes con los compromisos adquirimos ahí, si vamos a trabajar unidos, si vamos a proyectar esa unidad en acción, definitivamente cualquier opositor de Nicaragua puede ser parte del proceso. Ahora, este es un proceso en construcción.
¿Cómo vamos a saber si Monteverde fracasó o tuvo éxito y en cuánto tiempo podríamos evaluar su desempeño?
El propósito por el cual debe ser evaluado Monteverde es si la oposición sigue hablando entre sí, si siguen los vasos comunicantes de la oposición. Si están bajando los ataques internos, si el fuego amigo va disminuyendo, si se sigue ampliando el proceso de diálogo, si más personas está sentándose a la mesa a platicar. Todos esos son criterios de éxito. Monteverde lo que quiere es que, a través de ese diálogo, lleguemos a tener un consenso, un acuerdo general lo suficientemente maduro y fuerte entre la oposición para poder plantear a la ciudadanía nicaragüense y a la comunidad internacional una alternativa que le dispute el poder Ortega o que, por lo menos, traslade seguridad a la ciudadanía y a la comunidad internacional de, que saliendo Ortega, no va a haber un vacío de poder, sino que hay un suficiente consenso en la oposición nicaragüense como para hacerse cargo de ese país bajo las normas democráticas.
¿Aspira Monteverde a convertirse en una alternativa de poder o una opción electoral si las circunstancias cambiarán en Nicaragua?
Eso es algo que no puedo responderlo porque no lo hemos discutido y mucho menos hay un consenso sobre eso. Hay gente que piensa que Monteverde se debe de convertir en algo. Hay otras personas que creen que Monteverde tienen que dar más bien paso a la conformación de ese sujeto político. Para mí, esa discusión es sana porque te lleva a discutir cuáles son los grandes pendientes para que en Nicaragua haya una oposición unificada y una alternativa de poder. Monteverde es el espacio para que podamos llegar a eso.