La derrota dictatorial del 90

Algunos de mis lectores se habrán preguntado alguna vez: ¿Por qué el dictador Ortega permitió elecciones libres el 25 de febrero de 1990, en las que fue abrumadoramente derrotado por la Unión Nacional Opositora (UNO) encabezada por doña Violeta Barrios de Chamorro, y no el 7 de noviembre del 2021 en las que perpetró el fraude electoral más monstruoso que registran los anales de nuestra historia?

Cuando estamos llegando a vísperas del 44 aniversario del triunfo de la Revolución nicaragüense en 1979, como exmiembro del directorio de la Resistencia Nicaragüense (RN) (1988-1990) quiero compartir con mis compatriotas algunas vivencias que considero fundamentales para comprender y dar respuestas, a la interrogante con la que comienzo el presente artículo.

Corría el año 1989 cuando uno de mis asesores, doctor Francisco Saborío Melara, se encontró en las oficinas de Migración de San José, Costa Rica, con un distinguido personaje ganadero jinotegano (por ahora no menciono su nombre por razones obvias). Después de los saludos de rigor, redactó una misiva para que me la entregara, que expresaba más o menos lo siguiente: “Wilfredo, ya le expliqué a Francisco la gran simpatía que tiene la Contra en el norte (Matagalpa, Jinotega, etc..). La gente los está esperando y no se explican por qué tardan en llegar. ¿Qué están esperando para tomarse las cabeceras departamentales y marchar sobre Managua?”

Esta nota se la entregué al comandante 380 (Enrique Bermúdez) jefe del área militar, quien me comentó “que aún no estaban dadas las condiciones para la toma de ciudades, pues el problema no era tomarlas sino mantenerlas, ya que el poder de fuego de los sandinistas no se podía subestimar”. Hago este pequeño relato para que la ciudadanía conozca hasta donde había penetrado la RN por aquellos días. Eran más de 20 mil hombres y mujeres, dispuestos a morir por la patria y con una alta moral combativa.

Semanas antes del 25 de febrero de 1990 me encontraba en San José, Costa Rica, arreglando mis maletas para regresar a Nicaragua, cuando recibí una llamada telefónica urgente del comandante 380. Me citaba para una reunión en Miami del Directorio de la RN que de 7 miembros había quedado reducido a 4 (3 ya estaban en Managua). Los que quedábamos eran Adolfo Calero, Enrique Bermúdez, Arístides Sánchez y el que esto escribe. En la reunión que se verificó al siguiente día estuvo presente, además de los mencionados, un representante de nuestro principal aliado: EE. UU., quien nos informó entre otras cosas que el expresidente Ronald Reagan le había solicitado al presidente George Bush que en caso los sandinistas hicieran fraude electoral o perdieran y no quisieran entregar el poder, solicitarían al Congreso una ayuda de 300 millones de dólares para la Resistencia Nicaragüense. Esto era lo que hacía falta para poner a los combatientes por la libertad en condiciones de acabar definitivamente con el régimen dictatorial del FSLN.

Ese mismo día solicité una audiencia con el secretario del Departamento de Estado, señor George Shultz, que inmediatamente me la concedió. En la reunión que tuvimos le pedí confirmación y detalles sobre el Acuerdo Bush-Reagan y me dijo que ni el mismo los tenía, pero que el Acuerdo era real. En conclusión, en mi concepto tres son los motivos torales que obligaron al dictador Ortega a permitir elecciones libres y entregar el poder en 1990:

1) La unidad que mantuvo la oposición dentro y fuera de Nicaragua (UNO-RN). Un mes antes de las elecciones nos reunimos en Guatemala y acordamos que si había fraude, procederíamos a realizar simultáneamente actividades de gran impacto en todo el territorio nacional.

2) Esquipulas II: la presión de los presidentes centroamericanos y de otros países latinoamericanos que en aquellos momentos estaban con sus ojos puestos sobre Nicaragua.

 3) La amenaza que pendía sobre la dictadura de parte de los EE. UU. con la ayuda de los 300 millones de dólares para la RN.

Ortega, seguramente se dio cuenta de esto por medio de su Embajada en Washington y dadas las condiciones de insatisfacción popular, temió junto con los demás forajidos del FSLN tener que salir huyendo, como lo habían hecho los somocistas en julio de 1979.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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