Diego Raudez fue un lanzador bravo y siempre dispuesto a trabajar sin importar el recorrido.

Los récords que conservan la memoria de Diego Raudez

Raudez fue uno de los mejores lanzadores en los años ochenta en el beisbol nacional y siempre se caracterizó por su combatividad

Incansable, combativo y temperamental podrían ser tres adjetivos para describir a Diego Raudez, uno de los mejores lanzadores del beisbol nacional en los años ochenta. Siempre estaba dispuesto a trabajar. Era capaz de retar a los Yanquis y cuando se disgustaba ni el propio Heberto Portobanco lograba controlarlo.

El 4 de mayo de 1985, después de haber trabajado cuatro episodios el día anterior, Diego se lanzó un relevo de 14 innings ante los Dantos, a quienes derrotó 4-3 en el sexto juego de la Final, decidido por cañonazo de Luis Fierro. Aquel partido se fue a 19 episodios y Raudez con Róger López se trenzaron en un duelazo.

Raudez tenía un cierto magnetismo que le impedía pasar inadvertido y parecía disfrutarlo. Cuando se encontraba con los grandes artilleros cubanos de los años ochenta, los retaba y los amenazaba para el juego, aunque a menudo le iba mal con ellos. Una vez, Víctor Mesa dio saltos en el home. Entonces él saltó en el box.

Pero cuando se molestaba era difícil hacerlo entrar en razón. Se peleaba con quien fuera y eso le acarreó dificultades como la que vivió en 1983, cuando Noel Areas decidió retirarlo de la Selección Nacional en plenos Juegos Panamericanos en Caracas. Incluso, en varias ocasiones se fue a las manos con algunos cronistas.

Sin embargo, sobre el box era un general. Antes de aquel relevo magistral ante los Dantos, había tenido una batalla de 17 episodios contra Luis Cano en 1983, año en el que alcanzó el punto más alto de su carrera al concluir con 18-9 y 2.28 en 237 innings, en los que impuso el récord de 220 ponches que aún hoy día está vigente.

Pero no todo fue fácil para Diego, quien inició en 1977 con el Granada antes de trasladarse a Matagalpa en 1978. En ambas temporadas le fue mal, al extremo de sumar 0-5 y 5.65 en esos dos años. Pero en 1980 enseñó su material con 8-3 y 2.90, para saltar luego a planos estelares y convertirse en uno de los mejores tiradores.

En 1986 sucedió algo curioso. Diego terminó la temporada con 6-14 y 3.51 en 141 innings, pero cuando se viajó con la Selección Nacional a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Santiago, República Dominicana, ganó los únicos tres juegos de Nicaragua en el torneo. En 1987 registró 15-8 y 2.40 a nivel local con Granada.

Además de acumular el récord nacional de 220 ponches para una temporada en Primera División desde 1983, con el que Raudez dejó atrás los 203 “fusilados” de Andrés Torres en 1977, Diego también tiene la marca de más “aniquilados” en juego con 20. Lo hizo el 2 de diciembre de 1982 contra la Costa Atlántica.

Aunque se retiró en 1993 con el Bóer, Raudez tuvo su última buena temporada en 1992 con el Granada, al concluir con 6-2 y 3.95, más seis salvamentos. Sus cifras globales fueron de 120-119 y 3.07 en 1,829 episodios con 1,121 ponches. Así que es uno de los pocos tiradores de 100 triunfos y 1,000 ponches en su carrera.

Posiblemente las cifras, que son buenas, no le hacen justicia en su real dimensión a Raudez, pero quienes vivieron la pelota que se jugó en los años ochenta, saben que la historia de esa década no puede ser contada sin mencionar a Raudez, un tirador solo superado en esos días por Julio Moya y Adolfo Álvarez, entre muy pocos.

Diego, un experto en disparos submarinos, diestro manejando el slider y con un buen cambio de velocidad, falleció el 11 de agosto de 2005 cuando solo tenía 54 años de edad, pero las historias de sus duelos y los récords que logró imponer, continúan intactas.

Deportes Julio Raudez Tiburones de Granada archivo

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