Pinceladas estadounidenses

Desde el 9 de febrero de este año, día en que volé en un avión contratado por el gobierno estadounidense junto con 221 otros encarcelados en el Chipote y otras prisiones de Nicaragua, he estado en Washington gozando de la libertad, pero añorando a mi patria. También me he dedicado a analizar condiciones que han cambiado en este país en el último cuarto de siglo que lo pasé trabajando en Nicaragua. A continuación les resumo algunas conclusiones de mi análisis.

Primero, la mayoría de las condiciones del día a día siguen esencialmente igual. Pero algunos cambios son notorios y apuntan a la manera en que el pueblo norteamericano ha ido evolucionando.

Segundo, los Estados Unidos sigue siendo un país en donde la vasta mayoría de sus habitantes son dueños de sus propios carros. Muchos tienen hasta más que uno. Sin embargo, en ciudades como Washington que gozan de un buen sistema de transporte público, se llenan cada vez más los buses y trenes del “metro”. Los taxis, por otro lado, casi han desaparecido. Han sido remplazados por carros manejados por sus propios dueños como “socios” de dos grandes compañías que los alimentan de información cibernéticamente sobre donde se encuentran personas que necesitan una “carrera”, para dónde van y qué rutas deberían tomar para llegar a sus destinos más rápidamente. Estas compañías son Uber y LYFT.

 Tercero, cada vez hay más carros eléctricos (Ces) e híbridos. Estos últimos cuentan con motores tradicionales de combustión interna y gasolina combinados con motores eléctricos. A “ojo de buen cubero” estimo que en Washington aproximadamente un 5 por ciento de los vehículos ya son eléctricos o híbridos. Son notorios porque se notan estos carros recargándose “enchufados” a fuentes de energía eléctricas ya sea en casas particulares o estacionamientos públicos.

El creciente uso de los CE es impulsado por la noción de que estos carros son menos dañinos para el medioambiente. Pero lo curioso es que no se ha comprobado esta tesis. Por ejemplo, los que compran un carro convencional saben cuál es su rendimiento en kilómetros por litros de gasolina o diésel. Pero no es de conocimiento público que distancia te da un CE por kilowatt hora. Tampoco se sabe cómo se genera la electricidad que los CE consumen. Esto es importante porque una gran parte de la electricidad en EE. UU. es generada por plantas que queman carbón, por ejemplo. Y el carbón no es “limpio”.

Cuarto, un carro nuevo este año costará US$40,000. Esta es una cifra récord. Aclaro que no estoy hablando de vehículos de lujo como Jaguar, Cadillac o Mercedes. Es el precio promedio. ¡Autos de lujo pueden costar US$100,000 o más!

Quinto, otra nueva realidad norteamericana es el alto costo de la vida. El precio de una vivienda en Washington, como en todas partes, varía mucho dependiendo de su tamaño, construcción y barrio. Pero recuerdo que en la década de los noventa, cuando era el embajador de Nicaragua en Washington, se podía conseguir una buena casa en un buen barrio por US$500,000. Ahora, ojeando en el periódico la sección de bienes raíces, estas ahora andan por encima de un millón de dólares. Y, ojo, no estoy hablando de mansiones. Estas últimas cuestan de tres o cuatro millones para arriba.

Sexto, durante el tiempo en que la epidemia del covid azotaba a Norteamérica, mucha gente trabajaba desde su casa usando sus computadoras y celulares. Lo interesante es que ahora que el covid está superado, muchos trabajadores de “cuello blanco” siguen queriendo trabajar desde su hogar, especialmente los viernes y/o los lunes. Algunos empleadores están accediendo a esto. Este cambio, a su vez, ha creado un bajón en la demanda para grandes edificios de oficina en los centros (o “downtowns”) estadounidenses. Esto es notorio en Washington y en otras grandes ciudades norteamericanas.

Séptimo, el cambio más importante, al menos culturalmente, es el tremendo número de hispanos que hay en Washington y sus suburbios. Los encontrás trabajando como jardineros, en construcción, y en los restaurantes desde los elegantes a los de comida rápida. Pero también están en los hospitales, en oficinas de los gobiernos locales o manejando carros Uber o LYFT. Según las cifras que arrojó el más reciente censo estadounidense, en 2020 había 62 millones de hispanos en la Unión Americana. Esta cifra es igual a aproximadamente la quinta parte de la población norteamericana. Y el número de los hispanos está creciendo a un ritmo muy por encima del de los otros grupos étnicos. Específicamente, para hispanos el crecimiento durante el último decenio fue 23 por ciento. El de todos los demás fue solo 4 por ciento.

Estoy en contacto con latinos literalmente todos los días, y no sólo en Washington y sus suburbios. Tengo una finca en un condado distante de Washington en Virginia. Se llama Culpeper. Cuando compré esta propiedad hace 30 años había muy pocos hispanos en Culpeper. ¡Hoy abundan! Grupos de ellos se juntan en gasolineras o en lotes de estacionamiento cada mañana donde los pasan recogiendo norteamericanos para llevárselos a trabajar. Y sus números se reflejan en señas que aparecen en inglés y español en prácticamente todas las tiendas del pueblo y en los pasillos enteros dedicados a “comida latina” en el mega Walmart local.

La gran pregunta es ¿será ya los Estados Unidos un país bilingüe? Ya lo es en algunas partes como el Valle del Río Bravo en Texas, Nuevo México y en ciudades como Los Ángeles y Miami. Pero también es una realidad que los hijos de los inmigrantes hispanos suelen matricularse en colegios en donde se enseña en inglés. También están expuestos a la televisión y radios en donde la vasta mayoría de la programación es en inglés. Muchos de estos chavalos hablan solo español en su niñez, pero al exponerse a la cultura anglosajona pasan al “spanglish,” a como se le llama a una mezcla de ambos idiomas. Pero con el pasar del tiempo su idioma principal suele ser el inglés.

Veremos si esta enorme ola de inmigrantes hispanos logra conservar su español o si lo perderán a como ocurrió con las otros grandes olas de inmigrantes —como los italianos, rusos, chinos, alemanes y otros— que llegaron a EE. UU.

El autor es colaborador  frecuente a la página de opinión de LA PRENSA.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    El idioma inglés tiene que prevalecer. Toda la primera generación de mi familia nacidos en la Unión Americana (EE.UU.) sólo se comunica en inglés y algunos nunca aprendieron el español. El idioma ingles es mas pragmatico y la comunicación se desarrolla mas rapida.

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