Siempre hay luz en medio de la oscuridad. José Saúl Orozco es prueba de ello. A pesar del mal momento de la Selección Nacional en San Salvador, el muchacho de Terrabona, Matagalpa, se está ganando un cupo para sostenerse y pelear titularidades en futuros torneos internacionales. En su debut es el que más imparables conecta (5), anota dos carreras y tiene un promedio de .455. En su primer partido se vio chiquito con el guante, dubitativo en roletazos de rutina, pero es normal, ese nervio inicial es lo que nos hace sentir vivo: ¿quién no se ha equivocado en una primera vez? Pero Orozco se ha erigido como una pieza clave, olvidándose rápidamente de ese pasado de pesadilla.
En una entrevista a la página de Facebook Beisbol de Nicaragua de 2021, el matagalpino relata que empezó a jugar con 17 años y fue rechazado del equipo de primera división, luego se fue a jugar Mayor A en donde más adelante le sirvió como trampolín a buscar una segunda oportunidad. Entró al equipo Sub-23 y luego su paso meteórico no se ha detenido. Lo que más me impresiona de Orozco, de complexión delgada, es su lucha por sobresalir a pesar de haber nacido en medio de la pobreza. Orozco tuvo que caminar 10 kilómetros de ida y otros 10 kilómetros de vuelta para ir a los entrenamientos de Matagalpa, le salieron ampollas en los pies, más tarde fueron callos y así se sacrificaba por dejar una huella.

Es aficionado a los Dodgers de Los Ángeles, al nacatamal con tortilla, a Daddy Yankee, admira a Ofilio Castro y acaba de cumplir con su primer ciclo de sueños. Cuando debutó se le preguntó cuales eran sus objetivos y los dijo alto y claro: jugar en primera división, la Liga Profesional y Selección Nacional. Juega con Matagalpa en el Pomares, con León en la Liga Profesional y ahora está en los Juegos Centroamericanos y del Caribe con la Selección Nacional. ¡Eureka! Pero eso no significaba que tras haber llegado a su cima es tiempo de flaquear, conociendo su actitud ante los retos, querrá comerse el mundo después de haber conocido nuevas fronteras.
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El descubrimiento del muchacho que caminaba 20 kilómetros para entrenar es el triunfo de Nicaragua en San Salvador.