En San Juan del Sur hay una estatua de dos famosos escritores platicando en una banca: Rubén Darío y Mark Twain. Este último fue uno de los autores más prominentes de Estados Unidos en el siglo XIX. Visitó a nuestro país en 1866 cruzando de San Francisco, California, a Nueva York. En ese entonces muchos otros que viajaban de las costas del Atlántico a la del Pacífico y viceversa atravesaban el istmo centroamericano, como Twain, en lugar de arriesgarse al viaje largo y peligroso cruzando el Oeste estadounidense con sus desiertos, montañas y amerindios hostiles.
Twain no solo fue un prolífico escritor de novelas. También se dedicó a viajar alrededor del mundo y a escribir libros detallando sus andanzas. Estos últimos fueron muy populares.
En uno de sus viajes, alrededor del mundo por cierto, Twain visitó a Mauritius, una minúscula isla en el Océano Índico. Describiendo la isla, Twain observó que “Mauritius fue hecho primero y después se hizo el cielo, y el cielo fue una copia de Mauritius”. Pude comprobar la veracidad de esta descripción en varias visitas de trabajo a la isla como funcionario del Banco Mundial.
Además de ser linda, Mauritius es un ejemplo económico a seguir. A pesar de ser pequeña en área y población —Mauritius cabría en el lago Cocibolca cuatro veces y su población es tan solo la quinta parte de la nuestra— su ingreso per cápita es US$9,135, casi cuatro veces mayor que el nuestro que anda por US$2,400. Y sus reservas internacionales de US$6.8 mil millones son igual a 11.5 meses de sus importaciones. Nuestras reservas de US$4.3 mil millones cubrirían a tan solo seis meses de las nuestras.
La prosperidad de Mauritius se debe a varios factores. Por un lado, ha gozado de estabilidad continua y sus gobiernos han promulgado políticas económicas de libre mercado y un Estado de derecho y democrático. Esta “fórmula” ha creado un clima de inversión favorable para el sector privado, tanto nacional como el extranjero. Además, los gobernantes de Mauritius han compartido un objetivo estratégico clarísimo: que la isla ingrese a la fila de los países desarrollados a mediano plazo. De seguir en la trayectoria que lleva, Mauritius alcanzará esta meta.
El contraste entre Mauritius y Nicaragua es enorme. Históricamente hemos pasado por convulsiones internas que han resultado en tasas de crecimiento económico que en algunos años han sido hasta negativas y que, en promedio, han sido muy por debajo que las de Mauritius.
El manejo macroeconómico actual de nuestro país es prudente. Pero no podemos ignorar que por nuestra “montaña rusa” política somos percibidos internacionalmente como un país errático y, por ende, poco atractivo. Esto se refleja en nuestro ingreso per cápita, el segundo más bajo de Latinoamérica —solo el de Haití es más bajo— y por nuestro pobre ranking en respetados índices crediticios mundiales. En La “Facilidad de Hacer Negocios” del Banco Mundial, por ejemplo, ocupamos el lugar 142 de 190 países. Mauritius ocupa la posición número 13. Y en el “Índice de Libertad Económico” del Mundo, Nicaragua aparece como número 126, en un listado de 176 naciones. Y Fitch, la connotada empresa norteamericana calificadora de países, nuestros bonos son considerados como “chatarra.”
Obviamente tenemos un problema de imagen. Este solo se podrá superar con políticas que respeten el Estado de derecho al igual que mercados comerciales y financieros abiertos de una manera permanente. Además necesitamos gobiernos eficientes que consistentemente cederán espacio al sector privado en cuanto a temas económicos y a la ciudadanía dentro de un marco político democrático.
Esta es la fórmula exitosa que ha seguido Mauritius para lograr la tranquilidad interna y el crecimiento económico y social rápido y sostenible que ha tenido, y que los nicaragüenses anhelamos.
El autor fue director del Banco Mundial y presidió la Comisión de Economía, Producción y Presupuesto en la Asamblea Nacional.