La metamorfosis de la India

Cuando inicié mi carrera en el Grupo del Banco Mundial en 1969, la India era uno de los prestatarios más importante del Grupo. Por su profunda pobreza, sin embargo, estos préstamos eran créditos de la Asociación Internacional de Desarrollo, la ventanilla del Grupo para países de extrema pobreza que no podían repagar préstamos del Banco Mundial. Estos créditos tenían una tasa de interés de cero por ciento y un período de repago de 50 años.

En ese entonces el jefe de gobierno de la India era Nehru. Como muchos otros de la élite hindú, él renqueaba por políticas económicas pseudosocialistas que había aprendido en la Universidad de Cambridge en Gran Bretaña. Esta orientación política, sumada a otras peculiaridades de la India, hizo que hubiese una corriente de pensamiento en el Banco que pensaba que la India —un país de docenas de naciones y cientos de millones de habitantes— estaba condenada a ser eternamente pobre. Estas peculiaridades incluían un sistema rígido de castas que impedía que miembros de la casta más baja, los “intocables,” pudiesen aspirar a escaparse de la pobreza. Otra peculiaridad es que la India tenía cientos de idiomas, ninguno oficial, y dos grandes religiones, la hindú y el islam, cuyos seguidores vivían en continua y frecuentemente violenta pugna. Además, las diversas culturas de la India eran profundamente tradicionales, impermeables a la modernidad.

Era fácil ser pesimista en cuanto al futuro de la India. Pero el país tenía un activo importante a su favor. Gozaba de una democracia, herencia de Gran Bretaña a cuyo imperio pertenecía la India. Y eventos externos —el colapso de la Unión Soviética, y el despertar de la China— hicieron que los gobiernos indios abandonasen el pseudosocialismo y se abriesen a la economía de mercado.

Por ejemplo, a comienzos del actual milenio el gobierno indio redujo los aranceles para importaciones de 80 por ciento a 13 por ciento. Y se le dio más espacio al sector privado. Gracias a este viraje hacia medidas liberales, desde aproximadamente 1990 la India ha tenido un desempeño económico extraordinario. Su economía ha crecido a tasas que han oscilado entre 11 y 6 por ciento anualmente.

Hoy en día la India es un exportador importante de vehículos, equipos agrícolas y productos farmacéuticos. Estas exportaciones andan por US$450 mil millones anualmente. Y el gobierno ha acumulado reservas de más de US$540 mil millones, un amplio colchón igual a siete meses de importaciones. También tiene uno de los sectores cibernéticos más dinámicos del mundo hasta el punto que Bangalore, una ciudad en la India, es un contrincante del Valle de Silicón en Estados Unidos.

Además de darle espacio al sector privado, el gobierno y el gran capital indio han sido prudentes en no excederse en su endeudamiento externo. Este es igual a solo un 20 por ciento del producto interno bruto (PIB) de la India. En Estados Unidos, la deuda externa es igual a 100 por ciento del PIB.

A pesar del golpe del coronavirus y de importaciones anuales de US$100 mil millones para petróleo, el Fondo Monetario estima que el crecimiento de la India este año será de casi 7 por ciento y que la inflación andará por un manejable 5 por ciento.

Hoy en día la India juega en las “grandes ligas” de la economía global. Su producto interno bruto anda por US$3.4 billones de dólares. Y la India es la quinta economía más grande del planeta. ¡Su tamaño es igual al de todos los países de Latinoamérica y el Caribe juntos!

La población india es de 1,440 millones de personas y en el último año pasó a la de la China que antes era la más grande del mundo. Los datos demográficos muestran otro importante detalle. La población de China está envejeciéndose más rápidamente que la india. Esto como producto de la política demográfica equivocada china que por décadas limitó a uno el número de hijos que una mujer china podía tener en un esfuerzo cortoplacista de controlar su crecimiento poblacional. Como consecuencia, pronto la India aventajará la economía de China en tamaño a como en las últimas décadas sobrepasó en tamaño a las de Francia, Italia, el Reino Unido y Brasil.

Cierro con una última observación. Hace unos días se dio una reunión del Grupo de 7 naciones en Hiroshima, Japón. Al G7 pertenecen las democracias y economías más importantes del mundo. Pues bueno, este “club” selecto de países invitó a que Narendra Modi, el primer ministro indio, los acompañara en Hiroshima. ¿No será que los países del G7 están pensando invitar la India a que se incorpore a su exclusive club en un futuro próximo?

El autor fue director del Banco Mundial y presidente de la Comisión de Producción, Economía y Presupuesto de la Asamblea Nacional de Nicaragua.

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