De acuerdo a las estadísticas, Sandy Moreno ha sido el más grande robador de bases que ha producido el beisbol nacional. Tiene el récord de más estafas en una temporada (59) y el de más robos a través del tiempo (454), sin embargo, en una oportunidad por poco le roban a él y se tuvo que poner más acelerado para impedirlo.
“Me monté en una ruta en Carretera Norte y cuando iba por la zona de Enabas, un ladrón me arrebató una cadena y salió corriendo, pero como yo estaba joven, lo seguí y lo alcancé antes de que entrara al Mercado Oriental y se la quité. Recuerdo a la gente que le decía al ladrón: ‘te embarcaste, no sabías que era Sandy Moreno’.
Para esos días (inicios de los años noventa), era difícil ponerle un pie adelante a Sandy en materia de velocidad. Alteraba la concentración de los lanzadores, precipitaba las acciones de los cátcheres y causaba inestabilidad en el cuadro interior. Después de robar 23 bases en sus primeros dos Pomares, en 1990 saltó a 59 de un solo.
“Lo mío fue siempre el deseo de aportar algo a mi equipo y como sabía que no tenía poder, exploté mi arma que era la velocidad. Entonces siempre entrené, estudié los movimientos de los lanzadores, llegué a conocer bien a los receptores y aprovechaba cualquier chance para tomar base y robar”, explica el ahora mánager del Bóer.
Sandy hizo tan bien su oficio que durante diez años seguidos fue líder en robos. No hay un rubro ofensivo donde algún jugador nicaragüense haya sido tan dominante como lo fue en las estafas Moreno. Dominó de 1990 a 1999. En 2000 lo superó Edgard López (27-11), pero Sandy regresó y fue líder en 2001 y 2002 y luego en 2004.
Es decir, Moreno fue líder en bases robadas durante 13 campañas (diez al hilo) en un lapso de 15 años. En su carrera, tuvo 17 temporadas con al menos diez robos, 11 campeonatos de al menos 20 estafas y siete torneos en los que acumuló al menos 30 asaltos y tres veces su total superó las 40 estafas. Eso no lo ha logrado nadie en Nicaragua.
Y aun cuando Moreno parecía un tipo loco que corría sin mucho juicio, asegura que era un estudioso de los lanzadores rivales, de sus movimientos y tendencias, trataba de embasarse de cualquier forma, recibió muchas bases y golpes, además que fue un bateador de .305 en su carrera de 19 años en la que acumuló 1,315 hits.
Darwin Sevilla, de los Tiburones, quien trata de acercarse a los 300 robos este año, está en segundo lugar, pero las 454 estafas de Sandy, al igual que las 59 para una temporada, lucen fuera de peligro. Arnoldo Muñoz (247), Edgard López (245), Ramón Solano (238), Iván Marín (221) y Juan Cabrera (209) le siguen en el ranking.