La reunión había sido convocada para analizar el futuro de Nicaragua, pero mientras unos consideraban que será como el Ave Fénix que se levantó de sus cenizas, otros opinaban que seguiremos siendo fácil presa de la fatalidad, ya que nadie puede evitar los designios del destino. En otras palabras: unos eran optimistas y otros pesimistas. Yo me apunté con los primeros, pero para que nos entendamos mejor, les adelanto cómo se diferencian unos de otros en el argot político latinoamericano.
- El optimista ve las rosas, el pesimista las espinas.
- El optimista ve la oportunidad y el pesimista la dificultad.
- El optimista ve el vaso medio lleno, el pesimista lo ve medio vacío.
Establecida claramente esa diferencia y sin ánimo de ser repetitivo, algunas de las razones por las que yo veo “el vaso medio lleno” y a la dictadura de los Ortega-Murillo casi completamente debilitada, son las siguientes:
- Ha perdido todo respaldo popular. Esto quedó plenamente demostrado el pasado 1 de mayo, Día de los Trabajadores, cuando no pudieron hacer las concentraciones masivas de obreros y campesinos que hacían hasta hace pocos años, en nombre de la Revolución traicionada.
- La carestía de la vida es cada vez mayor. El costo de la canasta básica ha subido en forma exorbitante y miles de trabajadores de la Zona Franca y del sector empresarial han sido lanzados al desempleo. Insólito: se habla de que el fantasma del hambre ya está haciendo mella en muchos hogares nicaragüenses.
- El éxodo de nicaragüenses no se detiene. Producto de la desesperación y de la denodada lucha por la sobrevivencia miles de compatriotas siguen saliendo hacia el exterior.
- Inconformidad entre los empleados públicos. El último bastión —aunque forzados— que le quedaba a la dictadura para presumir de algún apoyo popular, está llegando a su fin.
- Problemas en el servicio exterior. Se asegura que los cambios súbitos que ha realizado el régimen en el servicio exterior se debe a que algunos embajadores (as) al ser confrontados por los gobiernos ante los cuales han sido acreditados en relación a las violaciones de los derechos humanos, no solo han admitido la veracidad de los mismos sino que han expresado su total desacuerdo con tales procederes.
De todo esto se deduce que la pérdida de apoyo popular del FSLN y los Ortega-Murillo es irrefrenable, por lo que solo les queda para sostenerse el respaldo de los altos mandos del Ejército y la Policía. Esto último, de acuerdo con los analistas consultados, será por corto tiempo ya que la corrupción que impera en las altas esferas de esas instituciones es verdaderamente escandalosa.
Otro gran problema que enfrenta la dictadura de los Ortega-Murillo es el conflicto que tienen con la Iglesia católica. En la historia de América Latina ninguna dictadura que ha perseguido a nuestra Iglesia ha logrado sobrevivir. Hay varios casos que podríamos mencionar, pero como dicen que para muestra basta un botón, voy a mostrarles uno: En la Argentina el presidente de la República, general Juan Domingo Perón (1895-1974), en un incendiario discurso que pronunció el 10 de noviembre de 1954 le declaró la guerra a la Iglesia católica acusando a algunos obispos, curas y católicos de estar conspirando para derrocarlo. Era la única institución importante que no había caído bajo su control.
El general Perón decía ser católico. El 15 de noviembre de 1953 se arrodilló en la Plaza de Mayo y le rezó muy devotamente a la Virgen de Luján. Entre las medidas que adoptó como gobernante están: El decreto que eliminó ciertas festividades religiosas, entre ellas, el 19 de marzo día de San José y el 29 de junio en que se conmemora a los santos Pedro y Pablo. Fue excomulgado. Dos años después, el 20 de septiembre de 1955, fue derrocado y marchó hacia el exilio a Paraguay bajo la protección del dictador de ese país general Alfredo Stroessner.
Antes de morir Perón se reconcilió con la Iglesia y declaró en una conferencia de prensa que “el peor error que había cometido en su carrera política había sido el de pelearse con la Iglesia católica”. Ojalá, que otros dictadores aprendan la lección.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).