El espíritu de abril sigue cabalgando

Puedo decir con propiedad, que la Semana Santa que acaba de pasar fue algo excepcional para nosotros los nicaragüenses, por dos razones:

La primera: porque a pesar de la persecución neroniana  que ha desatado el régimen de los Ortega-Murillo en contra de la Iglesia católica y sus feligreses, fue impresionante ver cómo todos los centros de oración y de recogimiento espiritual, a lo largo y ancho del país, estaban completamente abarrotados. De nada sirvieron las amenazas abiertas o solapadas de la dictadura, que sigue sin entender, que la gran mayoría de nuestro pueblo por tradición y convicción  es católica y que con Dios no se juega.

La segunda: porque aprovechando la coyuntura de los días santos tanto dentro como fuera del país, con las demostraciones de repudio a los usurpadores del poder público, se demostró que el espíritu de abril en su V aniversario sigue vivo y que cada día que pasa, es más fuerte en la mente y en el corazón de los nicaragüenses que aman a Dios y a la tierra que les vio nacer, por sobre todas las cosas.

Así vimos, que con unción patriótica, miles de nicaragüenses haciendo uso de sus derechos fundamentales, que arbitrariamente les niega la dictadura, desfilaron por distintas ciudades de las Américas y Europa, portando nuestra gloriosa bandera azul y blanco y clamando por el derecho inalienable que todos tenemos de vivir en democracia y libertad. Todo esto nos demuestra palmariamente, que el espíritu de abril sigue cabalgando con renovados bríos y que no descansará, hasta que pongan sobre su frente los laureles de la victoria, que tanto anhela la gran mayoría de los nicaragüenses.

En estas efemérides, ha sido imperativo recordar que 355 compatriotas sacrificaron sus vidas en el altar de la patria; alrededor de 2 mil resultaron heridos; varias decenas de desaparecidos; centenares de encarcelados y cruelmente torturados en las ergástulas de la tiranía. Esa sangre derramada, ese ensañamiento con víctimas inermes y ese dolor que produjeron, son de un valor inconmensurable que sigue clamando justicia, pues los autores materiales e intelectuales de tales crímenes, siguen  gozando de la impunidad que les garantizan, hasta hoy, las fuerzas armadas en su vergonzoso maridaje con la familia Ortega-Murillo.

En consecuencia, la pregunta es: ¿Vamos a permitir los nicaragüenses que esos crímenes horrendos queden impunes? Nuestros mártires no se sacrificaron por alcanzar algún beneficio personal, lo hicieron porque amaban a Nicaragua y porque aspiraban a una vida mejor para sus conciudadanos. El mejor homenaje que se le puede ofrecer a estos héroes, es proceder sin mayor demora, a la unidad del sector democrático nicaragüense. Este sería el primer paso en la dirección correcta, para ir vislumbrando la posibilidad de establecer un gobierno de transición hacia la democracia. De ahí que quienes compartimos esos ideales estamos en la obligación de continuar la lucha, no importa las consecuencias.

La percepción que se tiene de la oposición nicaragüense en el exterior actualmente es que está  acéfala. Hay un liderazgo compartido, entre los dirigentes que se pusieron al frente del movimiento de los autoconvocados en abril del 2018 y los ex presos políticos, pero ni ellos mismos se consideran como interlocutores válidos, a la hora de enfrentarse a las diferentes instancias, que en una u otra forma quieren solidarizarse con la causa libertaria del pueblo nicaragüense.

Todos sabemos que la divisa maquiavélica “divide y vencerás” ha sido la fuente de inspiración que ha permitido a muchos tiranos mantenerse en el poder indefinidamente. También sabemos que cuando los pueblos se unen no hay poder en este mundo capaz de impedir su voluntad de ser libres y dignos. No necesitamos caminar mucho para confirmar este aserto. A principios de la década de los 90 del siglo pasado el FSLN era un partido fuerte, con una base popular indiscutible y con relaciones internacionales poderosas (la Internacional Socialista (IS), los partidos comunistas, Rusia, etc.…). Sin embargo, lo derrotamos. ¿Por qué? Porque estábamos unidos: los partidos democráticos en la UNO, coordinando la lucha cívica dentro del país y la Resistencia Nicaragüense (RN) fuera. Hoy el FSLN es un partido enclenque, casi huérfano de relaciones internacionales y al borde del colapso. ¿Qué estamos esperando?

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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