Primero fue el 4 de abril

El 18 de abril y 19 de abril próximos se conmemorarán las históricas protestas estudiantiles y el estallido de la rebelión nacional, que fue motivada por la represión innecesaria, injustificada y brutal de la fuerza policial y grupos de partidarios del régimen.

Mucho antes de esos acontecimientos que cambiaron el rumbo de la historia nacional actual, el 4 de abril de 1954 ocurrió un intento de alzamiento armado contra el dictador Anastasio Somoza García. La conjura fue sofocada sangrientamente por la Guardia Nacional, con el asesinato de los principales líderes rebeldes y una represión generalizada contra muchas personas de la oposición política, aunque no estuvieran involucradas en la conspiración.

Consideramos necesario recordar cada año los sucesos del 4 de abril de 1954, porque son hechos  históricos que nunca se deben olvidar, aunque lamentablemente solo los recuerden los historiadores y otras personas interesadas en conocer la historia nacional. Los políticos que toman las decisiones que afectan a toda la gente, rara vez estudian la historia, no se interesan en aprender de ella para no repetir los hechos nefastos del pasado.

 No se debe olvidar que la fallida conspiración armada del 4 de abril de 1954, y la sangrienta represión que la ahogó en sangre, ocurrieron porque el presidente Somoza García no respetó el pacto que había firmado con el general Emiliano Chamorro Vargas, líder del Partido Conservador, para facilitar la realización de elecciones libres, transparentes y con garantías supervisadas por la OEA.

Ante el incumplimiento de Somoza García, el general Chamorro Vargas, a pesar de que ya tenía 83 años de edad lideró la conspiración armada del 4 de abril de 1954, la cual fracasó porque uno de los conjurados delató a sus compañeros. La principal lección histórica de aquellos acontecimientos es que si se hubiera cumplido el pacto que fue llamado “de los generales”, el posterior rumbo político del país hubiera sido distinto. Se habría abierto el camino a la democracia, el mismo Somoza García no hubiera sido asesinado dos años después y ahora Nicaragua sería una robusta república democrática por lo menos igual que la de Costa Rica.

El doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien para entonces ya era director de LA PRENSA, fue invitado a participar en la sublevación armada contra la dictadura somocista. Sin embargo, cuando supo que el eje del plan era asesinar al general Somoza García, se retiró junto con su buen amigo Arturo Cruz Porras, pues por sus principios cristianos y su moral personal y política no podían participar en el asesinato de otra persona, aunque fuese un dictador.

 De todas maneras, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue encarcelado, enjuiciado y condenado a varios años de prisión, pero dos años después salió de la cárcel por orden del general Somoza García. “He estado dos años privado de libertad, uno en la cárcel y otro en mi casa –escribió el doctor Chamorro Cardenal en el primer editorial que escribió después de los sucesos de abril, publicado en LA PRENSA del 12 de mayo de 1956—. Pero he conservado siempre, la libertad que se me ha quitado, dentro de mi alma y mi corazón”. “Quiero dejar constancia —señaló el director de LA PRENSA—, de que pienso que la generalidad del pueblo nicaragüense, no podrá alegrarse en forma definitiva y completa, mientras quede en la cárcel, o en la casa por cárcel, un solo preso político”.

Como esos hechos se repiten una y otra vez en la historia de Nicaragua, porque no se quiere aprender las lecciones históricas, hoy, en abril de 2023, son repetibles las palabras del doctor Chamorro Cardenal escritas en LA PRENSA hace ya 77 años: que la generalidad de los nicaragüenses no puede alegrarse mientras quede en la cárcel un solo preso político. Y hay o quedan 37, hasta hoy.

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